Foto: Alessandro Maradei

Yo quiero a mi bandera

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El futbolista de Albion que escribe libros. El poeta de barrio que vistió sus mejores pilchas en Miramar Misiones y dejó huellas en otros clubes. El que ya no grita los goles de Nacional, el cuadro de su infancia, porque tiene otro plan: la resistencia. Del Más Unidos Que Nunca, del periodismo, de Obdulio Varela, de poesía, de Santiago Maldonado y más, Agustín Lucas habló con _la diaria_. **...
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El futbolista de Albion que escribe libros. El poeta de barrio que vistió sus mejores pilchas en Miramar Misiones y dejó huellas en otros clubes. El que ya no grita los goles de Nacional, el cuadro de su infancia, porque tiene otro plan: la resistencia. Del Más Unidos Que Nunca, del periodismo, de Obdulio Varela, de poesía, de Santiago Maldonado y más, Agustín Lucas habló con la diaria.

¿Cómo te sentís?

Hay una tensión general que me afecta, es parte de mí. A la tensión de los partidos de los domingos le agregué la tensión de las reuniones de los lunes, en las que tratamos de decidir cosas. Ese es el nivel de intensidad. Por un lado hay cosas que me entristecen muchísimo, pero hay algo de lo que no se habla mucho, no se cuestiona, y es por qué la gente que se junta a hacer la marcha, que no son 80 ni 200, lo toma como un punto de encuentro, de alegría. Te encontrás con gurises que no ves nunca o que no ves desde hace mucho; es un ambiente ameno, de alegría y discusión. Eso hay que celebrarlo.

Ese punto de encuentro nació para discutir sobre sus derechos laborales y nucleó a muchos jóvenes que uno puede pensar que “están para otra”. ¿Cómo lograron que esa tensión se transforme en alegría?

Todos estamos para otra. Yo no estaba para esta, tampoco. Cuando volví de Buenos Aires fue que vine un poco más empapado de cuestiones gremiales. Yo también estaba en otra, en mi caso en el mundo de la poesía y esos rollos. Lo más interesante es que la discusión se dé en los vestuarios, porque ahí aparecen ese tipo de voces, las de los gurises de 17 y 18 años. Además, tendrá que ver con la edad de la adultez, no sé, alguien puso que la adultez es a los 18, pero socialmente es como un momento de renovación, un momento de cambio. Y toda esta movida es una movida joven, una movida social de la juventud. La juventud también tiene que pensarlo de esa manera, porque no parece que seamos jóvenes: nosotros a veces no solo estamos por fuera de nuestros propios ámbitos, sino que a veces estamos por fuera de nuestra propia generación, como que vamos desfasados en el estudio, en las fiestas, en la joda.

Y con la edad, porque se habla de un jugador veterano a los 30 años.

Está salado que te digan veterano a los 30. A esa edad ya somos los maduros del fútbol, los que nos queda poco de carrera. Hay un desfasaje con “la juventud”, y hay un montón de encuentros que hay que dar entre jóvenes en los que nosotros también participemos para ver en qué andan, qué es lo que se hace socialmente y como colectivo.

En Argentina se me hace que hay una militancia desde lo social y los derechos humanos un poco más arraigada en el deporte y en el fútbol, específicamente. Uruguay ha venido cambiando en ese aspecto, ¿cómo se fue dando ese proceso?

Kurt Lutman (ex futbolista, escritor), que ahora anda por acá, se pregunta: “¿Es futbolista sólo el que juega profesionalmente?” No. Nosotros, que estamos en la C, también somos futbolistas. Hay un cuestionamiento que va más allá. En Rosario, específicamente, está Kurt, está Sebastián Domínguez, Mariano Soso, el Patón Guzmán, etcétera. Hay algo generado ahí, hay un movimiento de deportistas y artistas. Coincido, me parece que hay otro bagaje quizá en la manifestación, o a entrar en discusión desde la política.

¿Qué pensás que les diría Obdulio si estuviera vivo?

Está buenísimo que se esté hablando de Obdulio, que podamos resignificarlo y ponerlo en el lugar en el que tiene que estar, más allá de que lo tiene: hay un estadio con su nombre, hay tribunas, está su nombre en el mito cotidiano mundial sobre Uruguay. No reconocer la magia y lo real en cuanto a Obdulio Varela, a José Nasazzi, a Alcides Ghiggia es no darse cuenta de las cosas. Pero sí que Obdulio es la marca de agua en todo esto del fútbol y los que amamos este deporte. Y los que son de afuera lo saben, hay algo acá. No me imagino una reunión del Más Unidos Que Nunca sin Obdulio poniendo su voz ahí como la ponemos todos. Tendría una voz que sería discutida y criticada, como la de todos.

¿Cuál es el espíritu de esta huelga?

“Los diarios sólo tienen dos cosas verdaderas: el precio y la fecha”, decía Obdulio. Tiene mucho que ver con lo que está sucediendo. Con todo lo que se habla lo único que se hace es confundir, hay que simplificar la cuestión. La cosa no es hablar por hablar, querer sacarse la foto y aparecer ahí. Acá hay un conflicto que es bien claro y es gremial. Es bien simple lo que sucede: los trabajadores asociados y no asociados momentáneamente están en conflicto con su propia dirigencia del gremio porque no representa a sus intereses, sino a los intereses de un tercero. Punto final. Todo lo que puedan llegar a decir no me preocupa.

¿Pensás que el periodismo ha incidido negativamente en esta lucha?

El periodismo es parte de todo. Al periodismo lo hace la gente, en realidad; la cuestión no es el periodismo, o los jugadores de fútbol, o los dirigentes; es la necesidad de actualizar, del instantáneo, de la primicia, o la necesidad de generar una discusión para poner a bailar los egos sobre la realidad de los problemas. Por arriba bailan los egos y por abajo baila el quilombo, que es lo que hay que solucionar, lo que hay que discutir. Todo el resto no importa, no importan los nombres, importan las voces.

¿Han tomado real dimensión de lo que generaron?

Para mí, gráficamente se puede analizar viendo el encuentro el día de la marcha. El verdadero espíritu es la alegría, festejar que se hizo la marcha, el “vamo’ arriba”, el choque de manos, el “vamo arriba los jugadores”. Eso tiene una riqueza y un potencial que es difícil de frenar. Ya vieron que es difícil de frenar. Es la revolución de la alegría, se puede reír al fin y al cabo, te podés ir contento a tu casa. Vayamos a buscarlo: la marcha de hace unos días fue un triunfo de todos, y el paro también. Ahora hay que transitar, siempre estamos en tránsito y aprendiendo.

¿Esta movida generó algún lazo de mayor respeto a la hora de jugar en contra adentro de la cancha?

Tengo dos respuestas. Por un lado te digo que los lunes siguen siendo iguales pase lo que pase el fin de semana, y participan todos los jugadores de todos los equipos. Por otro lado, me parece que si yo me agarro a piñas, ponele, celebraría tener la oportunidad de decir: “¿Qué me pasa?” Durante toda la vida hemos sido compañeros en los clubes, ahora hay otro significado para “compañero”. Eso es bien interesante, cómo han cambiado el concepto y el discurso.

¿Cómo se dio ese cambio de paradigma cultural del que hablás dentro del vestuario, en la cancha, en el día a día?

Somos parte de un cambio de paradigma cultural general. Realmente estamos en el general de la sociedad. Hay una coyuntura en la que la gente se está cuestionando cosas que conciernen a los derechos personales y de todos en todos los ámbitos. Si el Más Unidos Que Nunca existe es porque existe esa coyuntura, no nace de la nada; si no, seguiríamos estando adentro de la burbuja. Darse la oportunidad de criticarse, criticar al otro y discutir, y que eso no tenga que ser en un córner, amaina un poco la rabia y la furia de jugar un partido. Tenemos la oportunidad de discutir quién nos representa, y eso está bueno.

La C fijó la fecha y decidió no parar, ¿vos vas a jugar mañana en Albion?

No. Lo hablé con el técnico y con los compañeros. La realidad es que a nadie le importa si yo juego o no, pero de repente, para poder hablar algo, ahí se fijan si jugué o no. No voy a jugar porque me adhiero al paro y estoy seguro de quién soy, para dónde voy y con quiénes estoy yendo, ese es el paso que yo tengo que dar. Hace unos días hubo una reunión de jugadores de la C, y lo más interesante de conocer a la población de jugadores de la C es pensar realmente en lo vulnerable que somos como trabajadores, los precarios vínculos que tenemos con nuestras instituciones y sobre todo con nuestro gremio, del que no formamos parte. Yo también estoy en esa encrucijada, estoy en el Más Unidos Que Nunca. Me critican porque técnica y supuestamente no soy socio [de la Mutual] pero la carta que me tienen que mandar para darme de baja no me la mandaron. De todas formas, eso no me importa, soy jugador de fútbol desde que tengo cuatro años, y desde que tengo 18 soy profesional. Con la reunión de jugadores de la C me fui muy enriquecido de conocer otras historias y cómo la vive el otro. Este paro y esta situación de que hay otros jugadores que sí juegan está bueno para poner en tela de juicio cuáles son las condiciones que tenemos, y cuál es el peso o la voz en los papeles.

Si se diera esa mediación por parte del gobierno, ¿cómo la tomarías? Teniendo en cuenta la cercanía de algunas autoridades con Enrique Saravia (presidente de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales) y Tenfield.

Está bueno pensarlo. A mí me gusta territorializar para entender el mundo, entonces me pregunto por esa distancia en las preguntas que nos hacemos, si es en Argentina, si es acá, si somos socios o no somos socios del gremio. No sé, hemos escuchado a todo el mundo. ¿Mediar? Nosotros no estamos pidiendo nada del otro mundo, estamos pidiendo lo que nos corresponde: una asamblea general con el orden del día que planteamos. Para eso no se necesita mediación, sí se necesita escuchar voces y opiniones y discutir. Estaría bueno darle a determinada gente, sea a José Mujica o a quien sea, la información de lo que sentimos y lo que nos pasa. Hay que mirarse a los ojos y tratar de solucionar esto, y si mirás a los ojos a los gurises del Más Unidos Que Nunca, seguramente les vas a creer. Las mediaciones son para ceder algo: ¿hace cuánto que estamos cediendo nosotros? Hemos cedido vidas enteras. Yo, por ahora, me quedo con el diálogo y la discusión.

¿El fútbol es poesía?

Sí, yo digo que sí. Los que me gritan cosas de que soy poeta y eso en las canchas lo saben. Es muy divertido, y por más que lo quieran transformar en un insulto, yo se los agradezco. A veces te puede doler un poco más o un poco menos, pero es un reconocimiento a que la poesía está ahí. Considero que la poesía está en el fútbol, por eso escribo de eso, porque yo vivo ahí.

Sobre Santiago Maldonado

“Es increíble pensar que podría ser cualquiera de nosotros. Es muy loco plantearse cómo a veces somos indiferentes porque lo que está pasando pasa en Argentina, que está en frente, pero claro, después Messi es de todos. Santiago está en la narrativa, en la discursiva, en la poesía, la gente se preguntó dónde estaba de todas las maneras: con pintura, con grafitis, con malabares, se lo preguntó el periodista, se lo preguntaron los jugadores de fútbol, se lo preguntaron del otro lado del mundo. Tenés acceso a mucho material y pensás que esto nunca lo ibas a vivir. A nosotros, que ni siquiera nos lo enseñan en el liceo, que nos hablan de la revolución de no sé dónde y de la guerra de no sé quién y no nos dicen que acá desaparecieron gurises. Esto está pasando ahora y hay que preguntárselo”.
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