La noticia fue recogida con entusiasmo por los medios: científicos uruguayos de la sección Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias estudiaron una enzima de una bacteria recolectada en la Antártida que permite reparar el daño causado por la radiación ultravioleta. No contentos con eso, y como parte de la tesis de doctorado en Biotecnología de Juan Marizcurrena, bajo la tutoría de la bióloga Susana Castro, lograron producir estas enzimas, llamadas fotoliasas, al aislar los genes que las expresan en las bacterias e introducirlos en otros organismos más sencillos de manejar. El procedimiento, denominado “Producción recombinante”, combina el ADN de dos organismos, y la enzima recombinante producida por el organismo genéticamente modificado podría ser de gran utilidad para la industria cosmética, ya que si se añade a las cremas y filtros solares, podría ayudar a combatir el cáncer de piel y el envejecimiento celular causado por los rayos UV. (1) Dado el potencial comercial, se anunció que “se tramitará una patente de invención en cotitularidad entre el Ministerio de Defensa Nacional, el Instituto Antártico Uruguayo y la Universidad de la República”. (2) Sin embargo, en el anuncio había algo que no cerraba.

Una patente de invención es un registro que protege la propiedad intelectual de nuevos productos o procedimientos que posean actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial. Es obvio que los científicos que realizaron la investigación y la obtención de la fotoliasa recombinante deben participar en la patente. Dado que la investigación se realizó con recursos humanos y materiales de la Facultad de Ciencias, también suena lógica la participación de la Udelar. Ahora, ¿qué tiene que ver el MDN en este proceso intelectual para figurar como titular de la patente? La pregunta repicaba una y otra vez en mi cabeza. Me faltaba información.

Institucionalidad antártica

La Antártida es un lugar excepcional. A sus singularidades naturales se suma otra que lo hace único: es el único continente que no está dividido por países. Eso es posible gracias al Tratado Antártico, que entró en vigencia en 1961 y establece que la Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos, quedando expresamente prohibido el establecimiento de bases militares y el ensayo de cualquier tipo de armamento. El Tratado Antártico también establece que los suscriptores deberán realizar investigación científica cooperativa, conformando así un continente neutral, desmilitarizado y en el que aquellos que quieran establecerse deban llevar a cabo investigaciones científicas. El Tratado Antártico tiene vigencia hasta 2048, año en que se verá si se sigue con este espíritu o se procede a dar cabida a los reclamos territoriales, la explotación despiadada de los recursos naturales y a la lógica de las armas.

Uruguay creó el Instituto Antártico en 1975 y adhirió al Tratado Antártico en 1980. La Base Científica Antártica Artigas se estableció en la isla Rey Jorge en 1984 y al año siguiente Uruguay fue aceptado (tras una gran maniobra diplomática, que merece una nota en sí) como miembro consultivo del Tratado Antártico, y así pasó a formar parte del selecto club de 29 países que participan en la Reunión Consultiva, órgano legislativo que gobierna al continente blanco. Luego, en 1997, nuestro pequeño país consolidó su presencia en el continente al abrir la Estación Científica Antártica Ruperto Elichiribehety en la caleta Choza de la Península Antártica.

El Instituto Antártico Uruguayo (IAU) “es el organismo nacional responsable de la programación y desarrollo de diversas actividades científicas, tecnológicas y logísticas en el continente antártico”, (3) y depende del MDN. Su Consejo Directivo está integrado por seis consejeros del MDN (dos por cada arma), dos consejeros del Ministerio de Relaciones Exteriores y, desde marzo de 2016, dos consejeros del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), que entró al tiempo que el Ministerio de Educación y Cultura, por razones que lindan con lo vergonzoso, decidió alejarse. Pese a esta mayoría militar en el Consejo Directivo, el decreto de funcionamiento del IAU establece que la dirección científica recae sobre el representante del MVOTMA, aunque reserva la presidencia para el consejero militar de mayor antigüedad. Maldición: fui por ciencia y terminé metiéndome en cómo es que se organiza institucionalmente nuestra presencia antártica.

Lanzamiento de campaña

El 7 de noviembre comenzó la Campaña Antártica de Verano 2017-2018. Desde la base aérea ubicada junto al aeropuerto de Carrasco partió el Hércules C-130, llevando esta vez en sus entrañas metálicas una dotación de 14 personas que estarán 178 días en la Base Artigas, la estadía más larga de la última década. Pero además de despedir a los militares que van al frío para que cuando lleguen los científicos en enero la base esté operativa, también se rubricó el convenio de patente compartida entre la Udelar y el MDN. Estaba lleno de autoridades, a quienes pude trasladarles mis dudas.

“El acuerdo establece que le corresponde a la Udelar al menos 75% de la eventual utilización de la patente, y al MDN un 25%”, dice el ministro de Defensa, Jorge Menéndez, quien además aclara que si algún día la patente significa un ingreso “irá para el Instituto Antártico, para revitalizar y dignificar nuestra tarea en la Antártida: no tiene otro destino”. “Es una alegría estar firmando este convenio”, dijo el rector de la Udelar, Roberto Markarian, quien luego, mano a mano, reconoció que la participación del MDN en la patente no tiene que ver con sus aportes intelectuales al proceso patentado. “Si bien en el descubrimiento mismo es posible decir que no hay participación directa, creo que corresponde, en términos de los intereses nacionales, realizar el patentamiento conjuntamente con la institución que ha posibilitado el desarrollo de estas actividades”, dice Markarian, quien además agrega que “los investigadores, la responsable Susana Castro y el estudiante Juan Marizcurrena, estuvieron de acuerdo”. Castro, que estudia desde hace años a las bacterias antárticas, confirma: “Sí, es un reconocimiento: nada de esto sería posible si no tuviéramos la logística que hay detrás, si el MDN no nos llevara, trajera, alimentara y cuidara”. Pero pese a que trabaja con microorganismos, Castro no ha perdido el instinto para observar lo macro, y dice que “probablemente también haya otras consideraciones que se me escapan, políticas, institucionales”. El rector confiesa: “A nosotros, como autoridad, nos pareció correcto el convenio de patente en este incremento de buenas relaciones con el IAU”. Las palabras de Markarian quedan retumbando y sería un tonto si las dejara pasar: algo está cambiando en la relación con el IAU.

Cambios

“Nosotros somos los socios más recientes del instituto”, dice Jorge Rucks, subsecretario del MVOTMA. “Agradecemos el espacio que se nos ha dado y estamos trabajando en la coordinación institucional”, agrega, al tiempo que cuenta que “se logró la incorporación de una línea presupuestal para la Dirección Nacional de Medio Ambiente para la promoción de la investigación y del desarrollo científico tecnológico, que permitirá cubrir las actividades del ministerio en la Antártida”. Las consecuencias de esto son evidentes: “A partir del año próximo vamos a tener fondos para colaborar con la investigación antártica; no sólo habrá un apoyo ministerial, sino también financiamiento”, agrega Rucks con satisfacción, al tiempo que con la cabeza me señala a Álvaro Soutullo, biólogo doctorado en Biodiversidad, docente e investigador del Centro Universitario Regional del Este y, desde hace apenas un año, director de Coordinación Científica del IAU.

“Estamos tratando de incorporar el IAU al Sistema de Ciencia y Tecnología del país”, dice, con entusiasmo, Soutullo sobre los cambios que se avecinan. “Arriba del Consejo Directivo del Instituto Antártico se va a crear un Gabinete Interministerial, integrado por los tres ministerios actuales, a los que se suma el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM). Ese gabinete es el que define la política y la estrategia, mientras que el Consejo Directivo del IAU pasa a ser el órgano que ejecuta”, adelanta. Esperanzado, dice que “la versión del decreto nuevo que modifica el funcionamiento del IAU e incorpora al MIEM ya está, y por lo tanto en breve también participaría la ministra Carolina Cosse y se sumaría un consejero más de esa cartera al Consejo Directivo del IAU”. Consciente de que el espacio siempre es tirano, Soutullo resume: “El cambio sustancial del decreto es que el Consejo Directivo queda supeditado al lineamiento político de los cuatro ministros; que se reúnan cada tres meses a definir para dónde vamos”.

Pero el decreto establece más cosas: “Se crea un Consejo Asesor Científico en el que estarán la Udelar, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación [ANII], la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, y será el ámbito en el que discutamos las cuestiones de ciencia”, señala. Ante las limitaciones económicas y logísticas para dar un salto, Soutullo dice que “al involucrar a los ministros se empiezan a movilizar los recursos. Por dos o tres años no vamos a ver grandes cambios, pero estamos arreglando los cimientos y armando una ruta. Hay un plan estratégico, empieza a haber un discurso homogéneo que todo el mundo entiende”. Señala que esta apertura, este cambio, “como todo en el mundo, depende de con quién te cruces y en qué ámbito, y en ese sentido Daniel Núñez ha sido clave”.

El contralmirante Núñez preside el Instituto Antártico. Me recibe en su escritorio y se nota que le gusta hablar de esto que llama “aventura antártica”. Al respecto de los cambios, dice que “son muy pocos, pero no son de maquillaje”. Para Núñez es importante “saber la orientación, saber sobre qué queremos ser buenos en ciencia. Porque somos un país chico, con posibilidades reducidas; entonces, a mi juicio –que no soy científico–, no se puede ser bueno en los 360º. Pero sí podemos definir un sector en el que queramos ser excelentes”. El contralmirante centra sus expectativas en el Consejo Asesor Científico. También es consciente de lo singular de la tarea: “Acá hay una simbiosis que a veces es difícil de comprender. Nuestra mayor obligación en la Antártida es hacer ciencia de calidad, pero no podemos hacer eso sin mantener cierta infraestructura y capacidades que permitan que los científicos realicen su trabajo. Es como el huevo y la gallina, ¿qué está primero? Si no hay una cosa no puede existir la otra, y al revés”.

Núñez me mira a los ojos, sin embargo, su mirada me atraviesa: está pensando en el futuro. “Tenemos un plan estratégico al que llamamos Plan 45, porque en 2048 se va a rever el Tratado Antártico. Entonces 2045 es ideal para llegar a 2048 corriendo con un buen pingo. Faltan más de 25 años y es posible que uno no esté vivo. Pero alguien va a estar y se va a preguntar si hicimos lo que teníamos que hacer para prepararnos. Como ha dicho el ministro Menéndez, es una política de Estado”, argumenta, y se nota que quiere que el país tenga el mejor pingo posible. Le pregunto si esta etapa de cambios es una apertura. Mastica cada palabra antes de hablar: “No sé si hablaría de apertura. Los militares somos muy buenos para planificar, porque nos preparan para eso durante toda la vida. Y también para el trabajo en equipo, más allá de la lógica del yo mando/tú obedeces. Esos dos componentes, planificar y trabajar en equipo, son muy importantes en el IAU. Creo que se conjuntaron ciertos actores muy importantes. Si yo no sé nada de ciencia, me tengo que apoyar en alguien que sepa. Y no sólo eso, tenemos que comenzar a formar una cultura común de cómo trabajar, de construir visiones en común”. Si alguien pensara que Núñez siente aprehensión por dejar que la política antártica se decida en otra parte, se equivocaría: él tiene muy claro su rol. “Acá hay cuatro ministerios que cortan la torta y tienen que decir ‘somos el Poder Ejecutivo, nuestra mirada es esta y vamos hacia allá’”.

El ingreso del MOTVMA, que acercó a Soutullo a la Antártida, y la presidencia de Núñez del IAU es un alineación de astros que podría no volver a repetirse. Como Soutullo sabe que las personas pasan, reflexiona: “Por eso la importancia de la institucionalidad que estamos creando, metiendo a los ministros arriba y un gabinete del que dependa la estrategia del país en la Antártida. La política depende de los ministros, y el presidente del IAU y el Consejo Directivo se encargan de la operativa. Hay un ámbito político que define lo estratégico y hay un ámbito operativo que lo ejecuta. Por otro lado, a medida que vos vas creando una institucionalidad, como con este Consejo Asesor Científico, a medida que hacés convenios con la Udelar, con la ANII, vas generando una cultura distinta”. Núñez concuerda: “Los ministros ya tienen un borrador que les presentamos, que podría aprobarse para los primeros días de diciembre. Es un proyecto de Política Nacional Antártica. No es muy extenso, pero nos permite un marco para tener políticas sectoriales; por ejemplo, la Política Nacional Científica Antártica. Creo que todos vamos a tener un marco de actuación en el que, venga quien venga, cambie lo que cambie, vamos a estar tranquilos sobre hacia dónde vamos”. Y en cuanto a la posible tensión militares/civiles, Soutullo me dice que hoy el ámbito para cooperar está. Y que la culpa tal vez venga más de los suyos: “Entrá a la página web del IAU y fiajte en la foto del Día de la Antártida. Son todos milicos. ¿La culpa de quién es, de los milicos o de todos los que no estuvieron y que debieron haber estado diluyendo las gorras con camperitas de polar y camisas de explorador? La academia tiene que empezar a apropiarse de ese espacio”.

2,5 _ horas de vuelo separan la Base Artigas en la isla Rey Jorge de la Estación Elichiribehety en el Continente Antártico

13_ proyectos de investigación científica que se llevarán a cabo en esta campaña antártica 2017- 2018

34_ metros cuadrados dedicados a laboratorios en la Base Artigas que se ampliarán a más de 100 en esta temporada

29_ países que son miembros consultivos del Tratado Antártico; Uruguay es uno de ellos

35_ millones de pesos anuales que percibe por presupuesto el IAU por año

53_ países que suscribieron el Tratado Antártico

178_ días que durará la primera parte de la campaña antártica 2017-2018.

Cambios que se vienen

* Nuevo decreto: cambia el funcionamiento del IAU. Se integra al MIEM, se establece un Gabinete Interministerial que establece la política antártica y un Consejo Asesor Científico que define las cuestiones científicas. * A consideración: los ministros tienen a disposición un borrador de Política Nacional Antártica, que podría aprobarse en diciembre. * Cambios en la Base Artigas: se amplía la capacidad de recibir más gente y el metraje de los laboratorios. * Cambios con el ingreso del MIEM: se comenzará a trabajar en el uso de energías verdes en la Base Artigas. * Entre orientales: se firmará un memorándum de entendimiento con China sobre el Tratado Antártico que permitirá que Uruguay acceda a formación y recursos con los que hoy no cuenta.

(1). Ver nota de la propia Susana Castro en el ciclo de columnas de Facultad de Ciencias publicado en la diaria: ladiaria.com.uy/articulo/2015/6/antartida-terrenofertil-para-el-desarrollo-de-labiotecnologia/

(2). Comunicado de la Udelar.

(3). Decreto presidencial del 14 de marzo de 2016 que modifica el decreto 555-994.