Foto: Sandro Pereyra

Volante de enganche

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“Mirá lo que es esto, en un periquete está pronto”, dice Lucía Topolansky, y señala la habitación en la que estamos, en su casa de Rincón del Cerro. En la cocina, José Mujica almuerza y en el dormitorio descansa la perra Manuela, que ya tiene 21 años y no sale como antes a recibir a los visitantes. “Somos Pepe, Manuela y yo, nada más. No cabe otro”, insiste Topolansky, ante la pregunta de si alguien la ayuda con la casa. “Yo trato de no perder el ritmo de mi casa, porque siempre lo mantuve”, explica la vicepresidenta, que este miércoles de tarde, en realidad, es presidenta, debido a la licencia que se tomó Tabaré Vázquez por su viaje a México.

Topolansky cuenta que quiere “convencer a Pepe” para poner “un pequeño montecito de robles” y un galpón de pollos para que la Fundación Purificación, creada por ambos para gestionar la infraestructura de la escuela agraria de UTU instalada frente a la chacra, tenga “finanzas permanentes”. Planean entregar el lugar en comodato al Codicen por 60 años, “con una única condición: que haya docencia”, porque les preocupa el “ritmo de ausencia” de los docentes.

La vida como vicepresidenta le cambió pocas cosas, y “Pepe se queja de mimoso, nomás”. Algo más de protocolo, un auto que la viene a buscar a la chacra, recibir a embajadores, concurrir a recepciones de embajadas –en orden de prioridad: Mercosur, América del Sur, América Latina–, vincularse con más funcionarios en el Palacio Legislativo. A los militares ayudantes de edecanes que siempre ocuparon un espacio contiguo al despacho de la vicepresidencia, Topolansky les pidió amablemente que se retiraran. “Yo no tenía ni espacio ni le veía sentido a esa tarea, entonces me fui a hablar con el jefe de la Casa Militar y le dije: mire, no es nada contra usted ni contra la Casa Militar, pero a mí no me resulta útil. Porque eso se creó como una especie de contacto entre el Poder Legislativo y las Fuerzas Armadas, y yo le expliqué que yo tenía el más fluido de los contactos, que los conocía bien al ministro, al subsecretario, y que yo le devolvía los efectivos. En ese lugar, que es bastante un sucucho, instalé toda la parte de apoyo jurídico”, cuenta.

En los últimos meses, sobre todo antes de la renuncia de Raúl Sendic, daba la sensación de que no quedaba claro quién era el referente del Ejecutivo en el Parlamento.

Ese es un rol importante. Hay que entender que a una persona a la que acorralan, y que los mismos que están sentados ahí dicen cualquier cosa por la prensa... es difícil. Ponete humanamente en los zapatos. Eso se vino aquietando. Y la relación no es solamente con el Consejo de Ministros. Yo le he copiado a Astori, que siempre fue el que nos trajo los mejores informes [a la bancada del Frente Amplio sobre los Consejos de Ministros, cuando Astori era vicepresidente], no sólo porque tiene esa condición docente sino porque venía con los papeles y había anotado todo, no se olvidaba de un detalle. Los otros, a veces sí y a veces no. Yo dije: voy a tratar de imitarlo, porque eso le servía a la bancada. Entonces voy y anoto todo. Las cosas que son de interés general, que me parece necesario que la oposición las conozca, las meto en la coordinación de partidos. Trato de trasladar información, porque yo creo que en el Poder Ejecutivo hay que hacer política, entre otras cosas. Y después, en el seguimiento de los temas en discusión, actúo de mosquito: pincho acá, pincho allá, llame y llame, y al final, por no bancarte... “no, que esta vieja llame de vuelta, no, vamos a solucionar esto”.

El caso Bascou y la vara ética“

Tengo como principio no meterme en rancho ajeno, porque no quiero que se metan en el mío. Del tema [Agustín Bascou] en sí prefiero no hablar, aunque tenga opinión. De todas maneras, creo, sí, que el hecho de que un vicepresidente haya renunciado por lo que renunció, con mucha dignidad y en el plenario de su partido, genera un antes y un después, para todos. Entonces, algunos que se dedicaban a tirarle leña al fuego, quizás no se dieron cuenta que existe una cosa que se llama boomerang”.

Una de las prioridades legislativas es la reforma de la Caja Militar.

Y está muy avanzada, creo que [a la comisión parlamentaria] le falta una sola entrevista más. Está atrasado el Ministerio de Defensa Nacional [MDN] en mandarnos la ley orgánica. Estamos convencidos de que si vos no reconstruís la pirámide, el efecto real de la reforma del Servicio de Retiros no se va a ver.

¿Eso significa que la aprobación de la ley orgánica debería ser previa a la reforma de la Caja?

No, es como ir en dos patines paralelos. Lo que pasa es que si el ministerio no me manda la ley orgánica, me la complica. Yo tengo la esperanza de que tenga media sanción antes de fin de año.

¿Cuál va a ser la reacción castrense?

Creo que a los que son militares de profesión, les preocupa más la carta orgánica que el servicio de retiros. Va a haber que pensar en si todos los asimilados que hay en el Hospital Militar y todos los civiles del MDN deben seguir teniendo la misma norma o hay que pensar una norma específica. El que está en una oficina climatizada no tiene ningún estrés, entonces que se jubile con todo el tiempo necesario, que todavía es corto en Uruguay.

¿Se pueden trasladar los criterios utilizados para la reforma de la Caja Policial a la reforma de la Caja Militar?

La Policía mejoró los salarios, pero a su vez se ampliaron los efectivos; entonces, vos tenés más efectivos que cobran mejor, y por lo tanto aportan más. El déficit se achicó, y en las Fuerzas Armadas es al contrario. Son completamente distintas.

Algunos sectores plantearon que si no se hacía como la Policial, podían no votarla.

Si hay alguien que tiene ese pensamiento... ojalá no sea así, porque es alguien muy desubicado. Si en la militar voy a hacer la misma reforma que en una fuerza como la policial, donde los efectivos crecen y el salario crece, entonces voy en el sentido contrario a lo que quiero, que es parar una hemorragia económica, porque tengo que subir los salarios al nivel de la Policía –empezá a sacar números– y después aumentar los efectivos. Nadie lo puede pensar, o es muy primitivo.

Un delegado del Ir hizo un planteo de este tipo en la Mesa Política.

Esos compañeros del Ir tienen que ir a trabajar con los compañeros nuestros, cuando se reúnen tienen que estar y hacer los aportes ahí, porque cuando pase a la otra cámara, tienen que cumplir lo que prometieron. No es “yo discuto cuando tengo tiempo, porque yo tenía la agenda de mi sector que empezaba con cambio climático, seguía con los perritos y los chips y terminaba...”. No, no, hay una agenda de gobierno, porque somos gobierno, y eso hay que tomarlo con toda la seriedad.

¿El MPP ya tiene una postura sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile?

No, no tenemos una postura ex profeso. Así tengo siempre al diario El País con tema, porque especula con esto y con lo otro. El tema es así: los TLC o cualquier tratado, para que esté vigente, tiene que ser aprobado por los dos países. En el Parlamento de Chile ni siquiera ingresó a la discusión, y estamos a un mes de las elecciones. Entonces, nosotros, ¿qué apuro tenemos en aprobar algo sin tratar de convencer a todos y llegar a una posición unitaria, cuando igual no va a servir para nada, porque se precisa la contraparte? Entonces, propusimos dejarlo en stand by y sí aprobar el tratado de patentes, por el cual Uruguay está perdiendo plata. Ese es muy conveniente y hay 167 países del mundo que lo aprobaron, incluidos países muy distintos como Israel y Cuba. Yo creo que ahí no tiene que haber ni polémica. Y sobre este vamos a desasnarnos un poco. Porque en la vida comercial tenés que hacer tratados para entrar con ciertas prebendas. Y tú parás en un plenario a los militantes del Frente y les preguntás: “¿Qué es un TLC?” y encontrás 50 definiciones. “TLC” es como una mala palabra. Nosotros estamos tratando de dar charlas e incluso estamos trabajando en un documento para repartir en el Frente que desasne, para poder discutir en igualdad de condiciones sobre todos los tratados, para que el compañero vaya con todas las armas y no con la consigna “TLC no, TIFA más o menos”, porque eso es de una arbitrariedad absoluta, de falta de profesionalismo, y el militante tiene que ser un profesional de la política.

En el TLC con Chile, ¿te parece que la parte de servicios es parecida a algunas disposiciones del TISA?

No, no hay nada en telecomunicaciones. En realidad son detallecitos. Yo creo, personalmente, que es absolutamente inocuo, pero no estamos apurados porque queremos mirar lo que pasa en Chile. Cuando se dice “TLC no” y preguntás cuál es la razón, cuando lo acorralás al compañero, no te hila dos frases seguidas.

Esto que decís de los militantes en el fondo es un problema de la fuerza política.

Sí, es un problema de la formación política. Y yo creo que esta tarea de formación en temas internacionales la tiene que tomar la Carifa [Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio]: ir haciendo seminarios, ponencias.

Paridad “inviable”

Un Plenario del MPP aprobó el fin de semana pasado la paridad en las listas del sector para las próximas elecciones. Lucía Topolansky, que no pudo ir a esa instancia porque estaba enferma, recuerda que la paridad se aprobó por dos votos y asegura que el asunto se revisará el 28 de noviembre. “La medida me parece que no es viable. ¿Cómo hacés el acuerdo? ¿Perdés el acuerdo? Te podés quedar sin el pan y sin la torta. Ponés una mujer por poner una mujer y en realidad la que tenías no está tan firme y aparece un problema”, dice. Considera que este tipo de medidas “te ata de manos para la política en general”, y hace notar que el Movimiento de Participación Popular es, junto al Partido Comunista, el único sector del Frente Amplio que tuvo intendentas mujeres [Patricia Ayala en Artigas y Ana Olivera en Montevideo], y que tuvo mujeres como presidentas de cámara [ella en el Senado e Ivonne Passada en Diputados]. “A mí me molesta un poco que las únicas dos presidentas de Cámara fueron de la 609. Todos los demás sectores, que hacen loas al feminismo, tuvieron presidencias pero no pusieron mujeres. El último fue Asamblea Uruguay. ¿Por qué puso a [José Carlos] Mahía y no a Bertha [Sanseverino]? Voluntad política”, manifestó. “Todos los demás que lloran y que lagrimean, y que cupo sí, y que están pensando en una élite de mujeres, porque no piensan en la lucha de clases, no tienen esto claro. Y lo vamos a discutir”, aseguró.

¿Qué balance hacés de la conducción de Javier Miranda?

Yo soy una vieja militante, y como creo en los partidos, creo que todos los compañeros hacen un esfuerzo gigantesco para que esto se mantenga en ese milagro de 47 años de unidad. Ese valor hay que cuidarlo. Creo que [Miranda tuvo problemas porque formó la comisión de programa y después renunció Constanza [Moreira], y eso se atrasó un poco. Él ha formado equipos; ahora, no basta con eso. Hay que ver cómo se difunde el material. Yo sé que Javier está preocupado por la formación; no sé si ha podido ya conformar un equipo de formación.

Los intendentes Daniel Martínez y Yamandú Orsi han convocado a algunas reuniones para promover el recambio en el FA. ¿Qué opina de esos espacios?

Me parece bárbaro. Considero que la política es como un juego de posta, porque si no tenés nadie que venga atrás la causa se te cae. Si seguimos reiterando con los compañeros viejos, por mejores que sean, no vamos ni a la esquina. Porque un día se te mueren. Mirá lo que nos pasó con Viglietti. Sin decir agua va, no avisan. Entonces si será importante el recambio. Tenés que darle oportunidad, porque la mayor formación es en el ruedo. Esto no quiere decir que los jóvenes sean mejores que los viejos ni viceversa; en los dos lados hay de todo. Pero hay que arriesgar.

Usted se ha pronunciado contra una posible candidatura de Mujica.

Es que soy humana. Una persona que va a tener 85 años no puede resistir una campaña electoral. Yo sé lo que es una campaña. O la hace a medias, o la queda. Tampoco me parece bien empezar por el final del cuento: sigo pensando que lo último de todo es el candidato.

Danilo Astori, en una entrevista en El Espectador, confirmó que Mujica le había transmitido su apoyo para 2019, una versión que había publicado Búsqueda.

Yo no me meto en los dichos de Pepe, porque no sé ni en qué contexto lo dijo ni qué pensó cuando lo dijo. Primero quiero ver qué le vamos a proponer a la gente, qué propuesta programática [tendremos], para ver después qué candidato preciso. Y no lo digo como un eslogan, es porque lo creo. Danilo podrá ser un candidato, es un tipo inteligente y podría llevar adelante un programa, pero no es el único. Yo soy partidaria de que vayan muchos a competir en la interna: cuando el FA rompió aquella especie de trauma de la candidatura única, le fue muy bien. Estoy con la teoría de Pacha [Alejandro Sánchez]: hay que subir cuatro o cinco al tablado y vamos que vamos, con programa único. Vamos al ruedo, discutimos y que la gente mida cuál es el compañero o la compañera que tiene más temple para llevar la propuesta adelante. Si ese compañero se llama Astori, lo votarán a él, si es que se presenta.

En el caso de Astori no te complica que sea de la vieja generación.

A mí no me complica, porque yo no soy en blanco y negro. Veo con buenos ojos que haya recambios, pero bueno, puede haber excepciones. No soy extremista en ninguna de estas cosas; ni para la composición de las listas, ni el género, ni la edad ni la etnia. Creo que hay buscar.

Y de esas figuras que se vienen juntando, ¿cuál te entusiasma más?

En ese grupo hay muchas figuras interesantes, entre los que se juntan a comer pizza [se ríe]. A mí no me han invitado, se ve que ni pico. Hay muchas figuras interesantes. El que tiene más visibilidad es Daniel Martínez, pero también están [Mario] Bergara, Alvarito García, Yamandú Orsi, Cristina Lustemberg. Son varios, lo cual indica que no tenemos que achicarnos: el FA tiene cantera. No son fáciles las transiciones, es verdad, porque no hay confianzas transferidas. Alguien con peso, como Pepe, puede decirle a la gente “este compañero es confiable”, pero el tipo se tiene que ganar la confianza y el cariño de la gente por sí mismo. Eso es el liderazgo. Si el tipo tiene la confianza de un líder con Pepe, pero no se gana el cariño de la gente, no lo van a votar. Y si no te votan, no ganás.

En cualquier escenario, lo que está claro es que va a ser una elección muy reñida.

Y me parece que sirve. A nosotros nos va a pasar como a los blancos, porque todo el mundo, con tal de empujar para su pollo, va a empujar y empujar, y eso termina sumando. Porque si tenemos un solo candidato, y si justo a algún sector no le gusta ese candidato, seguro que va a ir a media máquina. Entonces nos va a servir, puede ser algo hasta decisivo para ganar la elección.

¿El escenario regional, con Mauricio Macri y Michel Temer, también puede ayudar?

Que nuestra suerte se apoye en la desgracia ajena no me gusta, porque desearía que a Argentina y a Brasil no les pasara nada de eso. Ojalá les volara la bata. Pero obviamente que incide, porque somos demasiado pequeños, lo que pase el año que viene en Brasil, lo que pasa con la desregulación laboral en Argentina y qué tipo de movilización generan.

Honor a Licandro

Las nuevas generaciones de militantes frenteamplistas, según Topolansky, conocen más la vida de Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica que la de otras personalidades, como el general Liber Seregni. “Me interesa que esas nuevas generaciones no se queden sólo con la etapa más reciente. Por eso voy a proponer que el próximo congreso del FA se llame Víctor Licandro, entre otras cosas porque él en 2018 cumpliría 100 años. Creo que fue una de las figuras más importantes que tuvo el FA y tenemos que hacerle algún honor”, comentó.

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