La cuestión de los cincuentones luce muy distinta según el punto de vista elegido por el observador. Exige, por lo tanto, considerar diferentes perspectivas y elegir qué importancia se le da a cada una para tomar una decisión. En otras palabras, pone a prueba la capacidad de gobernar y la definición de un rumbo.

El panorama se vuelve más complejo si consideramos posibles motivaciones de los actores políticos. ¿Cuánto está jugando la sensibilidad social y cuánto el afán de posicionarse, con miras a las próximas elecciones o al índice de aprobación final de este gobierno? ¿Cuánto la responsabilidad y cuánto la defensa de lo establecido? ¿Cuánto los intereses de los cincuentones y cuánto la voluntad de aniquilar a las AFAP? ¿Cuánto la seriedad técnica y cuánto el beneplácito de los organismos financieros internacionales y las calificadoras de riesgo? ¿Cuánto la puja entre sectores oficialistas?

No hay respuestas simples ni habrá soluciones indoloras, pero tenemos la oportunidad de aprender algo, colectivamente, sobre la difícil evaluación de eso que se suele llamar el interés general.