Ilustración: Lucía Peinado

Derribando mitos: Género (2) (I)

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La cuestión de la violencia es ciertamente compleja e implica una serie de conceptos que puede resultar difícil de abarcar. Sin embargo, la idea de que hombres y mujeres son igual de violentos está extendida a lo largo de la sociedad. Como frecuentemente se repite que el ser humano es biopsicosocial, quizás se encuentre una respuesta analizando estas tres bases que están ligadas a la esencia de...
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La cuestión de la violencia es ciertamente compleja e implica una serie de conceptos que puede resultar difícil de abarcar. Sin embargo, la idea de que hombres y mujeres son igual de violentos está extendida a lo largo de la sociedad. Como frecuentemente se repite que el ser humano es biopsicosocial, quizás se encuentre una respuesta analizando estas tres bases que están ligadas a la esencia de mujeres y hombres.

El plano biológico

Desde un punto de vista estrictamente biológico existen algunas regiones del cerebro y algunas hormonas vinculadas con conductas violentas. Si bien ninguna explica por sí sola los comportamientos violentos, varios estudios sostienen que altas segregaciones de testosterona (hormona que prima en los varones) están presentes al momento de exhibir conductas violentas o de bajo autocontrol, como indica el artículo “Cerebro y violencia. Un acercamiento desde la neuropsicología”. En dicho artículo se explica que en la adolescencia el nivel de testosterona se eleva considerablemente en los hombres, lo que explica parcialmente las conductas violentas que muchos de ellos exhiben en este período.

Si bien este no es el único indicador neuropsicológico involucrado en el comportamiento violento (hay una influencia importante del cortisol, la sustancia gris, la corteza prefrontal, el sistema límbico y el dopaminérgico, por nombrar algunos), el estudio “Gender Differences in Physical Aggression: A Prospective Population-Based Survey of Children Before and After 2 Years of Age” (Diferencias de género en agresiones físicas: un estudio de prospectiva basado en poblaciones de niños de antes y después de los dos años de edad) sugiere que estas diferencias se manifiestan incluso antes de los dos años de edad, cuando por cada niña físicamente agresiva había cinco niños que presentaban este tipo de conductas.

El hecho de que así “funcionen” los cerebros masculinos pareciera indicar que para que la violencia se manifieste hace falta algo más. El doctor en psicología William Pollack comentó en una entrevista de 2012 que “hay una propensión a la agresión en los hombres que es biológica, pero hace falta un disparador social para desencadenarla”. En conclusión, si bien no hay marcados factores biológicos que justifiquen las conductas violentas, a los hombres se les permite ser más violentos y a las mujeres no.

El plano psicosocial

Ya dijo Freud hace casi 100 años que “toda psicología individual es simultáneamente psicología social”, por lo que abordarlas por separado sería, como mínimo, cometer una ingenuidad. Erik Erikson postuló en 1968 que la identidad surgía como conjugación de los procesos biológico, psicológico y social. Es así que las nociones del mundo que cada persona construye son tan importantes como la forma en que el mundo le es presentado por otros. En este sentido, el artículo “Desarrollo de la identidad de género desde una perspectiva psico-socio-cultural: un recorrido conceptual” comenta que varias de las teorías psicosociales comparten una visión: las percepciones que otros tienen del mundo refuerzan la forma en que nosotros lo vemos. Esto no aplica únicamente para la niñez y adolescencia, sino que es una constante que se da a lo largo de toda la vida.

La violencia, las violencias

Hemos visto que existen fundamentos biológicos y psicosociales que respaldan la idea de que los varones tienden a ser más violentos que las mujeres. También que ninguno por sí solo explica el desencadenamiento de estas conductas. Sin embargo, para lograr una discusión realmente abarcativa también haría falta incluir otros tipos de violencia que no pueden ser aprehendidos por herramientas de recolección de datos.

Es difícil establecer si los hombres son más violentos que las mujeres o viceversa mediante datos, ya que las situaciones violentas no siempre ocurren en contextos o de maneras aprehensibles por herramientas de recolección de datos.

*Estos artículos se trabajaron en un taller abierto organizado por Cívico y Cotidiano Mujer, llevado a cabo en la Facultad de Ciencias Sociales el 13 de julio en el marco de las IV Jornadas de Debate Feminista.

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