En el paisaje de las cada vez más nutridas bateas de vinilos de las disquerías uruguayas es común toparse con infinitas reediciones de álbumes clásicos anglosajones (Revolver, The_ Dark Side of the Moon_, Kind of Blue y un largo y redondo etcétera) pero también de gigantes de la vecina orilla como Parte de la religión (1987), de Charly García, que fue reeditado en 180 gramos por Sony Music hace dos años. Sin embargo, la paleta de música nacional no contiene tantos clásicos y sí una mayoría de lanzamientos relativamente recientes, como El éxodo (2014), de Eté & Los Problems, o los dos o tres últimos de No Te Va Gustar, La Vela Puerca y El Cuarteto de Nos (lo más “viejo” que podemos encontrar de la banda de Roberto Musso es Bipolar, de 2009, que fue reeditado en vinilo este año por Warner Music Argentina y a cualquiera le daría calor llamarlo “clásico”).

Pero, de a poco, ese breve espacio dedicado al vinilo vernáculo va cambiando. Hoy, si usted se dispone a trillar las bateas, se topará con una mirada seria y conocida. No, no se trata del vendedor que lo apura por toquetear los discos y no comprar ninguno, sino de una mirada seria en una portada. La foto –mítica y en blanco y negro– fue sacada por Jaime Niski. Se ve la mitad de una cara, el pelo perfectamente peinado. No es otro que Alfredo Zitarrosa en la portada de su disco debut, Canta Zitarrosa, editado originalmente en 1966 por el sello Tonal. Ese álbum –pieza clave del puzle de la música uruguaya– sólo se podía encontrar en vinilo en alguna polvorienta edición –ya sea la de 1966 o la reedición de Orfeo de 1984– buceando por las profundidades de la feria Tristán Narvaja. Pero el sello Bizarro –que tiene el catálogo del extinto Orfeo– encaró y lo reeditó en ese noble y renacido formato.

Es difícil describir las bondades del sonido del vinilo sin caer en terrenos esotéricos en los que al final no se sabe si se hace referencia a frecuencias, un viaje de ácido, un milagro o el avistamiento de un ovni en la estancia La Aurora. Pero acá no hay droga, ni magia ni platos voladores. Si comparamos cómo suena la nueva edición de Canta Zitarrosa con aquella primera de Tonal –dejando de lado la lógica “fritura” que genera el desgaste que sufrió un disco viejo–, la nueva gana por goleada y está al nivel de cualquier reedición anglosajona. “Y tu recuerdo, / permanecido, / me está diciendo, me está diciendo / que no hay olvido”. Apenas arranca “De no olvidar” –por elegir una de las tantas clásicas del disco– se nota la presencia de la voz de Zitarrosa, con esa calidez mediosa –sí, de las frecuencias medias– que no es tan fácil percibir en un CD y que da como resultado que parezca que don Alfredo está ahí, como el ovni.

El arte del álbum fue respetado tal cual y en la contratapa incluye el texto original de Zitarrosa –además, en la funda del disco están impresas todas las letras–, en el que describía brevemente algunos aspectos de las canciones (por ejemplo, que la zamba, aunque se estilaba decir que era “extranjera” en la Banda Oriental, le pertenece, y que a las canciones que compuso con ese ritmo las puede llamar “orientales” en tanto las hizo y cantó en su tierra, para su gente), y se refería a sí mismo con desmesurada humildad:“El sello Tonal me encargó la redacción de este texto. Obviamente, por tratarse de mí, no voy a hacer la presentación que se estila en estos casos, y si bien puedo decir que conozco al cantor, al autor de algunos de estos temas, al sujeto que resultó ser, en cambio no voy a poder asegurar que canta ni que compone como se debe. Ni siquiera lo hace como quiere, debo señalar, más bien, y en resumen agregaría que compuso y cantó como pudo, los temas de este disco, que lo representan bastante bien”.

Agónicos

Otro álbum que cambia el paisaje de vinilos uruguayos también es un debut: Montevideo agoniza (1986), de Traidores, uno de los hitos del rock posdictadura, con su tapa de tristes paredes grises, caras serias y aires de Sandinista! (1980), de The Clash. Fue reeditado como salió originalmente, por lo tanto, tiene seis canciones de cada lado y no incluye los temas censurados que vieron la luz en la reedición en CD que Bizarro sacó en 2007: “Viviendo en Uruguay”, “Montevideo agoniza”, “Buenos días, presidente”, “Barrio rico” y “Las noticias nacionales”.

Andrés Sanabria, director de Bizarro, explica que decidieron reeditar estos dos discos porque son muy representativos de ambos artistas y además ya contaban con un trabajo importante terminado que había consistido en buscar los materiales originales –ya sea los masters del audio y las imágenes– gracias a que fueron reeditados en CD en los últimos años. La masterización especial para los vinilos se hizo en un estudio de Chile, que era el mejor que podían elegir “dentro de las posibilidades económicas de Bizarro”, y se fabricaron en España. Se hizo un tiraje de 500 ejemplares de cada álbum. La fabricación industrial del vinilo cuesta entre tres y cuatro veces más que la de un CD, por eso el sello no puede sacar diez vinilos por mes. “No somos Sony”, acota Sanabria.

De todos modos, ya está pensando en qué otros discos lanzar en vinilo. Hace tiempo que en Bizarro quieren hacer debutar a Buenos Muchachos en ese formato. Es probable que el nuevo disco de los comandados por Pedro Dalton –que saldrá en CD a fin de año– tenga su hermano mayor redondo y negro en 2018. Y ya tienen adelantado el trabajo vinilero de Amanecer búho (2004). Además, Sanabria tiene en mente reeditar en vinilo algún disco de Los Olimareños y de Jaime Roos, y sigue pensando en los que nunca salieron en ese formato, como La Trampa y Trotsky Vengarán. Mientras se cultivan las nuevas reediciones, Canta Zitarrosa y Montevideo agoniza siguen girando.