Cae Temer, pero no la coalición que lo sustentó

Columna de opinión.

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**1.** El miércoles 17 de mayo se desfondó la coalición golpista que había sacado al PT del gobierno de Brasil. El detonante fue la divulgación por parte de la cadena Globo de las grabaciones en las que Michel Temer aparecía reclamando coimas para él y pidiendo una coima de 163.000 dólares semanales a pagar durante 20 años para el antiguo mentor del sistema corrupto de Brasil —Eduardo Cunha—...
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1.

El miércoles 17 de mayo se desfondó la coalición golpista que había sacado al PT del gobierno de Brasil. El detonante fue la divulgación por parte de la cadena Globo de las grabaciones en las que Michel Temer aparecía reclamando coimas para él y pidiendo una coima de 163.000 dólares semanales a pagar durante 20 años para el antiguo mentor del sistema corrupto de Brasil —Eduardo Cunha— y la divulgación de otra grabación de Aecio Neves, líder del centroderechista Partido de la Social Democracia Brasileña, a la que siguieron allanamientos de la policía federal de todas sus innumerables propiedades.

2.

En mi modesta opinión, y habiendo vivido en Brasil (lo que no me confiere autoridad especial pero sí familiaridad con algunos procesos), la divulgación de grabaciones explosivas por la todopoderosa cadena Globo obedece a una decisión de reemplazar a Temer, cuyo rechazo había llegado al 95%, así como a la elite política de su coalición de centroderecha y derecha. La causa es la traducción en costo electoral del costo social de sus medidas de reforma, para las que nadie le otorgó mandato alguno y que acentuaron la ilegitimidad de su régimen.

Se busca su reemplazo por una figura presentable en términos morales, sea un tecnócrata o sea un juez. Presentable para completar la ejecución del programa de reformas de mercado, pero también de ajuste brutal que lleva adelante el gobierno de Temer (y hablamos de un ajuste estructural radical).

3.

La popularidad de Lula está por las nubes, porque se convirtió en el símbolo de un Brasil exitoso en desarrollo, que incluía a los pobres, en el reverso de las reformas de Temer, sin perder de vista ni la estabilidad económica y social ni el crecimiento ni la distribución.

Pero el PT ingresó en el sistema brasileño de corrupción estructural que nació con el Imperio o antes, con el traslado a Brasil, en 1808, de la Corona de Portugal, cuando el emperador huyó de Napoleón. Aunque no se ven pruebas de enriquecimiento personal de Lula, aparecieron, en cambio, delaciones premiadas de figuras muy cercanas a él —nada menos que João Santana, estratega de campañas, y Antonio Palocci, ex ministro de Economía de su primer gobierno y antes alcalde petista— que lo acusan de conocer la existencia de una “Caja 2” (que en Brasil quedó claro que tienen todos los partidos y todos los candidatos, incluso para ediles) paralela a la “Caja 1” aceptada por una ley que nadie cumplía.

4.

Por tanto, para derribar al rey Lula es preciso privarse de un rey de papel como Temer que sólo suma rechazos y amenaza la propia viabilidad de las reformas.

5.

Respeto el proceso de la justicia brasileña. El fortalecimiento de las fiscalías y la justicia fue resultado, en la propia Constituyente de 1987, de una alianza entre el PT y sectores progresistas encabezados por Mario Covas. Las reformas anticorrupción continuaron fortaleciendo, durante los gobiernos de Lula, la autonomía y el poder material de la justicia.

Pero “respeto” no es idéntico a “ausencia de dudas y problemas con relación a la justicia y a su ideología”. La primera duda es el desplazamiento de la carga de la prueba desde la fiscalía hacia los acusados, que ahora deben probar su inocencia. Eso postula, en particular, la doctrina del juez Moro desde su tesis de doctorado para Harvard inspirada en algunas lecciones del proceso italiano de Mano Pulite, que exculpó a Berlusconi y a su propia cadena de medios de toda acusación y que le permitió tomar el gobierno.

Los fiscales y jueces resuelven ahora por “convicción”, mientras que la prueba pasa a un segundo plano. Es un principio de todo el edificio liberal de la modernidad lo que está siendo derribado.

Es cierto que la justicia y el ministerio público no son una unidad y pueden convertirse en una fuerza efectiva de modernización. Los estilos, métodos probatorios y análisis de pruebas no son idénticos ni obedecen a una única doctrina compartida. El 1o de febrero de este año, definido por sorteo entre cinco jueces con una foja de servicios impecable, el juez Edson Fachin fue designado relator de toda la operación de Lavajato por el Supremo Tribunal Federal en sustitución de Teori Zavascki, muerto el 19 de enero al estrellarse el avión en el que viajaba.

A diferencia de Moro, que fijó siempre su mirada en Lula como objetivo excluyente y afrontó un duelo formidable en Curitiba con el líder popular, Fachin amplió la mirada hacia todo el sistema y ello le condujo directamente hacia Aecio Neves y Temer. Sin embargo, es parte de la doctrina de Moro el involucramiento de los medios masivos y la definición política de la acción de las fiscalías más que la dimensión de autonomía y el procedimiento probatorio. Lavajato es un banco de pruebas mundial.

La segunda duda es sobre el valor probatorio de las “delaciones premiadas”. Porque una vez que se introduce un incentivo de tal naturaleza, la tendencia humana es a la denuncia de quien está al lado o arriba, sin que haya alguna otra prueba que su propio testimonio lógicamente orientado por el premio de liberarse de la justicia o reducir sus propias penas denunciando a otros.

6.

El fondo de la corrupción estructural de Brasil no distingue partidos o ideologías. Ese fondo es común también con el mundo árabe, Rusia, China, varios países asiáticos o africanos, España, Italia o Francia y es el hecho de que el modelo de desarrollo que Max Weber denominó “capitalismo patrimonialista” no es un desvío, sino un patrón permanente de desarrollo de las instituciones de muchos países.

En Brasil fue el gran ensayista Raymundo Faoro quien lo analizó con brillo (discrepando con el modelo original de Max Weber sobre capitalismo patrimonialista): “Este tipo de capitalismo adopta del moderno capitalismo la técnica, las máquinas, las empresas, sin aceptar, sin embargo, el 'alma'-la racionalidad impersonal y legal-universal. Un arreglo tradicional, pero maleable frente a la modernidad capitalista, la cual acepta selectivamente, pero con un alma vieja de racionalidad personalista y casuística. El capitalismo no brota espontáneamente en la sociedad...”.

Lo que Faoro no mostró con la misma claridad que Max Weber fue que el patrimonialismo no sólo es compatible con un Estado débil incapaz de regular con eficacia y establecer reglas de juego consensuales sino con la descentralización —en Brasil posiblemente es mayor la corrupción estructural a nivel de cualquier municipio, por pequeño que sea, o de las provincias o Estados que a nivel del propio Estado federal— y la formación del poder empresarial desde su misma génesis.

Basta pensar que la constructora Odebrecht tiene una contabilidad de financiación ilegal de partidos a través de la Caja 2 desde la primera elección plural libre de Brasil de 1946.

7.

En el capitalismo anglosajón la corrupción es también muy grande pero con menos intermediación o presencia del Estado, porque está asociada a la economía casino de la globalización financiera. Es especulación delirante contra todas las regulaciones destinadas a proteger a la gente y son también coimas.

8.

Puede que Temer y sus socios del viejo régimen, que, a su vez, asociados a los grandes poderes fácticos de Brasil, habían derribado al PT, intenten resistir. Una salida electoral inmediata o rápida respetando la Constitución no resulta posible si no reúne una amplia mayoría parlamentaria.

Para los poderes económicos y fácticos el problema central es pasar este período tormentoso asegurando la ejecución de las reformas estructurales de mercado y la flexibilización laboral. Luego pueden abrir o bien un escenario que evite el retorno de Lula al gobierno o bien otro de pacto de aceptación de un regreso, a cambio de no tocar la mayor parte de los cambios realizados, pero en un ambiente de mayor calidad institucional.

Si Temer tiene éxito, la inestabilidad en Brasil alcanzaría niveles casi nunca vistos, porque la crisis político institucional se convertiría en crisis del orden social. A mi juicio, este no es el escenario más probable.

Hay una larga historia del poder de las elites sin ciudadanía ni pueblo en Brasil. Las mismas fuerzas poderosas que lo usaron para acabar con el gobierno legítimo y legal de Rousseff han resuelto que se convirtió en un obstáculo.

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