Ramiro Alonso

Trabajos en proyectos de la UTU de Guichón permiten la investigación histórica y arqueológica en la zona

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La historia empieza en 2011 con la excusa de participar en uno de los concursos para instituciones educativas en el marco del llamado “Año del Bicentenario”, que fue el germen para que la experiencia fuera creciendo año a año. Varios grupos de estudiantes y los profesores de la escuela técnica de UTU en Guichón son los responsables de que una práctica, que en un principio parecía ajena a lo curricular, fuera integrándose cada vez con mayor naturalidad a los cursos de las distintas materias. Danny Silveira, director de la escuela técnica, explicó a la diaria que desde el centro educativo se busca desde hace varios años integrar las asignaturas y trabajar en proyectos, impulsados en parte por la lógica de trabajo de la UTU, que, por ejemplo, los estudiantes deben presentar para ser promovidos.

Álvaro Suanes, profesor de historia, recordó que en un principio comenzó siendo una iniciativa de su materia junto con los profesores de educación física y biología, pero que hoy participan todas las materias. El profesor recordó que en 2011 mantuvieron una entrevista con el escritor Carlos Maggi, quien les recomendó que para llevar adelante el proyecto investigaran algún suceso que tuviera que ver con el proceso del origen de Uruguay. En ese momento, definieron estudiar los ciclos históricos que tuvieron lugar en Montes de Queguay, y el más destacado es que ahí existió una casa en la que vivió José Gervasio Artigas.

Con ayuda de arqueólogos y de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República realizaron “un trabajo arqueológico serio”, que consistió en ir a excavar con jóvenes de entre 14 y 15 años, recordó Suanes. El trabajo del equipo permitió llegar a hallazgos que contradecían parte de lo poco que está escrito sobre la casa donde Artigas vivió con una de sus esposas. Por ejemplo, el docente explicó que mientras que los libros de historia decían que la casa tenía techo de paja y que era muy precaria, se encontraron con que no era así. Hallaron tejas, pisos de cerámica, ladrillos “muy finos”, además de un pedazo de vidrio con inscripciones, platos, tazas y maderas. También descubrieron varias partes de armas de fuego de la época, un freno de caballo y varias armas blancas.

El profesor contó que, más allá de que las paredes de piedra de la casa fueron desmanteladas en el correr del tiempo para formar alcantarillados y calzadas de la zona, gracias a la excavación pudieron dar con los cimientos de la construcción, y, con ayuda de especialistas, concluyeron que en vez de tres habitaciones, como se creía en un principio, la casa contaba con seis, más una séptima que oficiaba de recibidor. Todo queda registrado en las XO del Plan Ceibal.

Medalla y beso

Sobre el fin de 2011, el proyecto obtuvo un reconocimiento de Presidencia de la República, y al año siguiente la UNESCO lo nombró el mejor proyecto educativo de Iberoamérica. El docente recordó que ese año fueron a presentarlo a España, durante la conmemoración de los 200 años de la primera Constitución. Lejos de conformarse, los docentes replicaron la modalidad de trabajo, por lo que siguieron realizando hallazgos en la zona, incluso algunos que les han servido para reformular descubrimientos previos. Por ejemplo, Suanes señaló que en las últimas visitas al lugar descubrieron más sables y varias armas, además de vajilla y un grillete de esclavos en la casa de Artigas.

Todos los años participan en el proyecto nuevos jóvenes, y van a Montes de Queguay cinco veces durante el año, donde montan un campamento. Justamente, para el profesor de historia “lo más importante es ir al lugar con los jóvenes”, porque eso da la oportunidad de generar otro tipo de vínculo con ellos. En concreto, es una buena oportunidad para que estudiantes y profesores cocinen juntos y hablen de noche. “Ahí se habla de muchísimos temas, es una edad en la que los jóvenes se cuestionan muchas cosas”, agregó.

Suanes recordó que los jóvenes que participaron por primera vez en el proyecto hoy tienen 20 años y cada vez que lo ven le recuerdan la experiencia. Para el profesor, es una muestra de que “uno se acerca mucho más al alumno”. Además, destacó la posibilidad que significa para los docentes ir al mismo lugar todos los años, lo que permite “darle una mirada diferente” cada vez y que los estudiantes puedan trabajar contenidos propios de las asignaturas. Por ejemplo, explicó que la profesora de biología enseña flora autóctona, ya que se trata del área protegida más grande del país. El próximo campamento será el 23 de mayo, y la semana pasada se reunieron con el resto de los profesores para planificar la actividad y decidir qué hacen de nuevo. El profesor resaltó la importancia de la participación de la escuela técnica en la Red Global de Aprendizajes, por intermedio del Plan Ceibal, donde virtualmente intercambian con centros educativos de varias partes del mundo. Esto les sirve para compartir su trabajo, pero también para tomar ideas de lo que hacen otros docentes y estudiantes de los siete países que son parte de la red.

En contexto

Según Silveira, el de Suanes es uno de los tantos proyectos que surgen en la UTU que dirige. Si bien dijo que se venía trabajando bajo la modalidad de integrar el trabajo de los profesores más allá de sus asignaturas, en 2015 la experiencia empezó a institucionalizarse. Esto se hizo mediante un taller en el que participan los profesores según áreas de conocimiento, integradamente con los profesores de tecnología del centro educativo.

El director también destacó la importancia de las actividades en conjunto con el Plan Ceibal, aunque recordó que cuando en 2013 el Consejo de UTU le propuso que el centro se integrara a la Red Global de Aprendizajes, la primera reacción fue resistirse, ya que pensó que implicaría una carga de trabajo adicional demasiado grande. Sin embargo, señaló que el trabajo con la red pudo integrarse de buena manera con los distintos proyectos. Por ejemplo, dijo que en la red se trabaja sobre el vínculo de los niños y jóvenes con la tecnología, y que allí reflexionó que es contradictorio pedirle que deje de usar el celular a alguien que lo usa en todo momento del día. “Perdés la batalla de antemano”, indicó. Por el contrario, debe pensarse qué se les propone hacer a los jóvenes con la tecnología y cómo se negocia con ellos al respecto.

Adicionalmente, en la UTU de Guichón la matrícula se incrementó el doble en los últimos tres años. Esa situación lleva a que se deba trabajar con una heterogeneidad social muy importante, lo que representa un desafío más para los profesores, destacó el director.

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