En 1605, en España, de la pluma de Miguel de Cervantes Saavedra surgió un personaje entrañable ―una dupla, más bien: no hay caballero sin escudero, ni Don Quijote sin Sancho Panza― que emprendió aventuras de caballero andante, habiendo perdido la razón de tanto leer libros de caballería. Símbolo de la locura idealista, Don Quijote se ha convertido en uno de los personajes emblemáticos de la literatura universal y en síntesis lexicalizada del desvelo y la lucha por lo imposible: lo quijotesco nombra aquello que requiere mucho esfuerzo y cuyo logro implica vencer enormes dificultades. “Los clásicos son parte nuestra durante toda la vida, incluso sin haberlos leído. Este hombre loco, sabio, invencible, vulnerable, ridículo y profundo encierra en sí mismo el universo humano. Los niños entienden mucho de eso, por eso pensamos que el Quijote sería un excelente interlocutor”, sostiene la compañía de titiriteros Cachiporra.

Este personaje, que cumplió 412 años, mantiene su vigencia y sigue dando pie a nuevas lecturas y puestas en escena basadas en las aventuras que protagonizó en la novela cervantina, considerada la primera novela moderna. De este modo, la señera compañía Cachiporra propicia que el eterno caballero andante salga nuevamente a los caminos y estrena hoy en el teatro El Galpón Don Quijote de la Mancha, una obra de títeres que emplea diversas técnicas: “Los títeres ofrecen un abanico amplio de recursos técnicos. Cuando elegimos qué tipo de títeres usar pensamos cuál nos ofrece el mejor recurso expresivo para ese momento. En el espectáculo hay títeres de mesa, de guante, teatro de sombras y teatro negro”, cuentan los Cachiporra.

Con esta puesta, la compañía de titiriteros es la vía por la que Don Quijote sale otra vez a los caminos, donde “para hacer del mundo un lugar mejor pondrá todo de cabeza, luchando contra molinos de viento, gigantes, caballeros altivos, magos malignos y todo lo que intente detenerlo en su camino hacia la justicia”. Para ello seleccionaron cuidadosamente algunos episodios de la novela, en atención, sobre todo, al público infantil al que se dirigen: “El objetivo es llegar a la esencia. Con ese criterio se seleccionaron los pasajes de la novela que nos parecieron adecuados. La adaptación respeta la escritura original y sólo en aquellos casos en los que consideramos que el léxico no era suficientemente claro hicimos algunas modificaciones”, explican.

El espectáculo está recomendado para niños a partir de seis años. El universo quijotesco puede considerarse cercano al infantil por la poesía, por el ansia de aventuras, incluso por la facilidad en asumir, armadura e imaginación mediante, la transformación de humilde hidalgo en caballero andante. “Sin lugar a dudas, el punto de mayor coincidencia del mundo infantil con el Quijote es la sinceridad. Decir la verdad por más dura que sea, sin temer a las consecuencias, es común a los niños y a este hombre aparentemente tan frágil pero a la vez tan fuerte al que 400 años de vida no le han hecho mella”, sostienen al respecto los titiriteros.

El grupo Cachiporra surgió hace 43 años, en plena dictadura, y emprendió una carrera de la que sus integrantes destacan dos faros: la imaginación y el compromiso. En su extensa trayectoria han recorrido más de 100 festivales a lo largo del mundo, y pusieron en escena numerosos textos. Con este estreno en El Galpón invitan a acompañar al Quijote en su aventura. “Todos tenemos algo de Quijote. Sólo nos faltan una vieja armadura y una pizca de locura”, afirman.