Dios nos libre

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En Uruguay solemos pensar que la laicidad es uno de los rasgos básicos e inconmovibles de nuestra identidad social, y que en el terreno de la política, muy especialmente, no hay espacio relevante para las propuestas apoyadas en creencias religiosas. Sin embargo, en los últimos tiempos sobran indicios de que las ideologías confesionales quieren volver por sus fueros. Un ejemplo fueron las opi...
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En Uruguay solemos pensar que la laicidad es uno de los rasgos básicos e inconmovibles de nuestra identidad social, y que en el terreno de la política, muy especialmente, no hay espacio relevante para las propuestas apoyadas en creencias religiosas. Sin embargo, en los últimos tiempos sobran indicios de que las ideologías confesionales quieren volver por sus fueros.

Un ejemplo fueron las opiniones acerca del feminismo, la homosexualidad y el aborto expresadas ayer, en una entrevista publicada por el semanario Brecha, por el doctor Álvaro Vázquez, integrante del Partido Demócrata Cristiano. Pero esas declaraciones, cuyo impacto se multiplicó porque provinieron de un hijo del presidente de la República, no han sido la única ni la más relevante señal de que estamos ante un fenómeno nuevo, ajeno a la imagen que nos agrada ver en el espejo.

La semana pasada, en una entrevista publicada por el semanario Búsqueda, el diputado blanco Álvaro Dastugue expuso, invocando “principios y valores cristianos” de los que se siente representante, una serie de aspiraciones retrógradas en relación con la “agenda de derechos”. Dastugue, pastor de la Iglesia Misión Vida para las Naciones, liderada por Jorge Márquez, fue parte del grupo de 16 cristianos evangélicos militantes (diputados, ediles, funcionarios de intendencias y de otros organismos públicos) que se comprometieron formalmente, en 2015, a respetar la Constitución y las leyes “siempre y cuando no contradigan la palabra de Dios”. Un orden de prioridades que reiteró el año pasado, honrando aquel compromiso antes de asumir la presidencia de la Cámara de Representantes, el diputado blanco Gerardo Amarilla.

Poco después, el 18 de mayo de 2016, el cardenal católico Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, celebró una misa en la iglesia Matriz a pedido de un grupo de militares que quiso “celebrar desde la fe” la fecha que el Ejército Nacional reivindica como su aniversario. Estuvieron presentes, de uniforme y en primera fila, los comandantes en jefe del Ejército y de la Fuerza Aérea, y asistieron decenas de otros oficiales. La convocatoria a la interna del Ejército se hizo por canales oficiales, y asistieron funcionarios del Departamento de Comunicación Social de la fuerza para tomar fotografías.

En diciembre del año pasado, en el marco de una campaña de la iglesia católica, la puerta de la residencia del presidente Tabaré Vázquez fue adornada con una de las balconeras que llevaban la leyenda “Navidad con Jesús”.

Hace mucho tiempo que el batllismo, matriz histórica del modo en que se ha entendido la laicidad en nuestro país, anda de capa caída en el Partido Colorado.

A los uruguayos también nos gusta pensar que somos muy singulares, pero vivimos en el mismo mundo en el que crecen el poder de la “bancada evangélica” brasileña, la influencia de la derecha religiosa estadounidense y la violencia en nombre del fundamentalismo islámico. “Están cambiando los tiempos / para bien o para mal”, decía un texto de Mario Benedetti musicalizado por Daniel Viglietti, que lo grabó en 1971 para su disco Canciones chuecas. El mismo en el que cantaba: “Miren como nos hablan del Paraíso / cuando nos llueven penas como granizo”.

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