Foto: Andrés Cuenca

La película de las respuestas pendientes

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“Un absurdo grande en un pueblo pequeño”, dice Julián Goyoaga, el director de _Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas_. La película –que documenta la detención y la muerte por tortura del médico Vladimir Roslik en 1984– acaba de estrenarse y por eso conversamos con sus dos protagonistas: Mary Zabalkin (MZ) y Valery Roslik (VR), sobrevivientes de una tragedia a la vez familiar y c...
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“Un absurdo grande en un pueblo pequeño”, dice Julián Goyoaga, el director de Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas. La película –que documenta la detención y la muerte por tortura del médico Vladimir Roslik en 1984– acaba de estrenarse y por eso conversamos con sus dos protagonistas: Mary Zabalkin (MZ) y Valery Roslik (VR), sobrevivientes de una tragedia a la vez familiar y colectiva de la que todavía no hay justicia.

¿Cómo ha sido esta experiencia de verse como protagonistas de una película?

MZ: Son un montón de cosas juntas. Tampoco es que ahora porque esté el documental uno vaya a cerrar tal o cual página. Se fueron dando circunstancias. Durante todos estos años hemos hecho muchas cosas: la Fundación [Vladimir Roslik], el trabajo social y la tarea de mantener a Vladimir en la memoria colectiva, pero nunca habíamos pensado en una película. Hasta que se dio esta oportunidad, hasta que los conocimos a ellos [los responsables de la productora Rain Dogs] y realmente estamos muy contentos con el resultado. Ellos trabajaron con mucha humanidad, porque es un tema sensible, delicado, que manejaron muy bien.

Hace unos días la proyectaron en San Javier, y pudieron verla junto a otros protagonistas.

MZ: Y estamos como en shock todavía. Realmente fue muy fuerte. A la gente que sufrió torturas junto a Vladimir y que sobrevivió a la dictadura, y que con gran esfuerzo brinda testimonios, le voy a estar agradecida toda la vida. Estar con ellos en la misma sala, compartiendo, fue algo muy fuerte para todos. Parecía el final de [la película] Los unos y los otros, que se juntan las diferentes generaciones y lloran todos abrazados. Lo único es que en este reencuentro estábamos nosotros, los familiares, los vecinos, los pacientes de Vladimir.

VR: A mí me quedó la impresión de que la gente quedó impactada en el buen sentido. Cuando terminó vino todo el mundo a saludarnos, abrazarnos, lloramos mucho. La hemos visto varias veces, y es medio imposible no derramar una lágrima en cierto momento.

Respecto de mantener la memoria colectiva, en la película se habla de una posta que le pasa una madre a un hijo.

VR: En realidad, ya hace años que la vengo acompañando a mamá. Ella se refiere a pasarme la posta a mí porque ya está con algún problema de salud, de la columna, y ya no tiene las mismas energías que antes. Y cae en mí un poco lo de seguir adelante con el tema de que se sepa la verdad.

MZ: Además de la verdad, nosotros todo lo que hacemos lo hacemos pensando también en la búsqueda de justicia, que es la gran ausente en estos 32 años. Si bien logramos instalar la figura de Vladimir en la memoria colectiva, no hemos logrado que se haga justicia.

¿Cuál es la situación de la causa judicial?

MZ: Está todo en el Observatorio Luz Ibarburu, que nos viene asesorando. Pero para resumirlo: no hay avances de ningún tipo, como que de cierta manera el caso está cerrado. Pero es un caso de lesa humanidad que se tendrá que seguir investigando, hasta que se sepa la verdad. Los gobiernos van pasando, no importa de qué color sea el partido, y no pasa nada. Con los colorados no se supo, con los blancos no se supo y con el Frente Amplio tampoco. La realidad es que estamos en la mitad del tercer gobierno y tampoco se mueve nada. Por eso lo de la mochila: si no soy yo la que logra avances en la justicia, de repente Valery o los hijos de Valery, pero algún día, en el transcurso de la historia, de repente se va a saber.

En este caso y en su presentación pública jugó un papel importante el periodismo de investigación.

MZ: Cuando pedí la segunda autopsia, que se hizo en Paysandú, empecé a pelear enseguida para que se conozcan esos resultados, que son los verdaderos. Y hubo todo un empujón del periodismo, que trabajó conmigo para destapar todo. Yo me apoyé en ellos y ellos se apoyaron en mí. [Juan Miguel] Petit, [Alejandro] Bluth y [Manuel] Flores Silva, las publicaciones en Jaque, Aquí, Convicción... Todo ayudó para que el caso tuviera trascendencia nacional e internacional.

Otro asunto importante es el rol de los médicos.

MZ: Sí, fue fundamental. Siempre recuerdo al doctor Gregorio Martirena, ex presidente de FEMI, que fue el primero en impulsar la Comisión de Ética Médica y que nos ayudó muchísimo. Porque a partir de ese momento se empezó a saber que en otros cuarteles también pasaba, que no había sido sólo en Fray Bentos. Siempre pienso que, en realidad, sin la segunda autopsia hubiera quedado todo quieto.

En una primera instancia, los militares hablaron de un paro cardíaco. ¿Cómo surgió la idea de la segunda autopsia?

MZ: Es que era una mentira demasiado grosera, era imposible de creer. ¿Cómo una persona sana iba a morir así? Teníamos, además, los antecedentes de lo que había sufrido antes en las sesiones de torturas.

En la película contrasta mucho esa tranquilidad del pueblo y de las aguas del Río Uruguay con las características trágicas del caso.

MZ: Fue todo muy irracional. No te olvides que ellos hablaban de submarinos, avionetas, armamentos... Todo cosas que no tenían nada que ver con la realidad que vivíamos en un pueblo como San Javier, en el que todos nos conocíamos. Allá ibas al baile y hasta te dabas cuenta si la camisa que tenía Fulano era la misma que tenía en el baile anterior. Sabíamos hasta con qué ropa andábamos, cuando eran los cumpleaños de casi todos, era una comunidad muy chica. O sea, cualquier cosa rara la hubiéramos visto. ¿Dónde ibas a ocultar un submarino? Era absurdo.

¿Y por qué pensás que decían esas cosas, a esa altura del partido?

MZ: Era una manera de perpetuarse un tiempo más en el poder. Estaba todo tranquilo, ya se venía la democracia, y a ellos no les servía. Nunca mostraron las armas, nunca mostraron el submarino, nunca mostraron la avioneta. Nada.

VR: Yo era muy chiquito, apenas tenía un mes. Pero después te hacés la cabeza con los cuentos, después vas armando, conociendo, vas viendo cómo era, mirando documentos, lo que sea. Pero es cierto, no te cierra; cómo puede ser que en un pueblo como San Javier, tan tranquilo, haya pasado algo tan terrible como lo que pasó.

¿Qué esperan que pueda pasar con la película?

VR: Uno no planifica mucho. Yo por lo menos nunca pienso “el año que viene voy a estar acá en el juzgado tratando de ver qué pasa con el caso”. Capaz se da, capaz que no. Y además creo que va mucho más allá de eso. Pienso que los libros que han salido, tanto el de Luis Udaquiola como el de Virginia Martínez, sirvieron para el documental, y que sería bueno que el documental, al mismo tiempo, despierte interés y se generen nuevas cosas, como una especie de bola de nieve.

MZ: Y ojalá que esa bola de nieve sea para bien. A mí me gustaría que vaya mucha gente joven a ver la película, que se genere algo, que haya algún movimiento y que finalmente la justicia pueda responder las preguntas que todavía están pendientes. Sería lo ideal.

Metal ruso | Valery es ingeniero en sistemas de información y trabaja como programador para una empresa de software financiero. Pero en la película aparece en otra de sus facetas: como guitarrista de Vademecum, una banda de metal de Paysandú. “Desde los 17 años que ando en la vuelta de la música, siempre en el ambiente del metal. Hay una fuerte movida de metal en Paysandú”, asegura. Antes de Vademecum, tocó en Ritual de Nacimiento, Ariman y Pariah. ¿Y de metal ruso conocés algo? Arkona, que me gusta mucho. Es una mezcla de metal con cantos típicos rusos.

Animaciones

Julián Goyoaga, director de los cortos El hombre muerto (2009) y Matrioshka (2008), estuvo a cargo de la película Roslik y el pueblo de las caras sospechosamente rusas. Fue un proyecto de largo aliento: empezaron a trabajar con Mary y Valery en 2010, a instancias de una idea que tuvo una sobrina de Vladimir Roslik, obtuvieron los primeros fondos en 2011 y arrancaron con el rodaje en 2013. La historia personal de Valery deteminó el uso de animaciones como recurso estético para contar la historia. “Para él, de niño, era como una especie de cuento que le hacían, las cosas que le contaban sobre su padre, sobre la historia del caso. Y él de alguna manera iba armando ese cuento, en el que él era también un personaje. Ese fue un poco el disparador para usar la herramienta del dibujo animado”. La película se estrenó el jueves. En Montevideo, es posible verla en Movie Montevideo Shopping, Life 21, Torre de los Profesionales y sala B del Auditorio Nelly Goitiño del SODRE; también se proyecta en cines de Paysandú, Fray Bentos, Minas y Daymán.
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