Gustavo Gadea y Bárbara Ferrario, del proyecto Reutilizarte. Foto: Pablo Vignali

De acá para allá

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Primero se ve tocar con diferentes elementos reciclados y se escucha la música, después cada niño puede elegir si prefiere unirse al cuerpo de baile o tocar los instrumentos caseros, y al final vuelven a ver bailar a los artistas de la compañía Mu-Danza , esta vez una coreografía entera. Los niños de las escuelas reaccionan con alegría y rápidamente quieren subirse al escenario, según cuentan en diálogo con la diaria Bárbara Ferrario y Gustavo Gadea, que durante la segunda mitad del año pasado llevaron a tres escuelas públicas, dos colegios y una casa hogar del Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay (INAU) el proyecto artístico-educativo Reutilizarte, ganador del Fondo de Estímulo a la Formación y la Creación Artística del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). La idea del espectáculo implica llevar una obra de danza con música en vivo, que suma artes plásticas y concientización sobre la importancia de la reducción, reutilización y el reciclaje de los elementos de desecho.

Gadea fue el gestor del proyecto. Durante 2015 trabajó como profesor de danza en primaria y allí notó que “los chicos tenían pocas opciones para expresase en varios formatos”. Pensando en eso quiso crear un solo espectáculo “integral” que ofreciera danza, teatro y artes plásticas. La idea del reciclaje fue posterior: “Surgió como uno de los disparadores que podíamos usar en la propuesta; queríamos buscar un cruce entre las artes y la educación y el reciclaje resultó un buen hilo conductor entre las distintas artes. Además traía algo de su cotidianidad, porque los niños se dan cuenta de que el arte puede estar en eso que es parte de su día a día”, comentó. A su vez, durante todo el espectáculo se toma como otro eje la utilización de los sentidos: para eso se sumó la música, el tacto de la danza, la visual del vestuario y el aroma de varios aerosoles.

El reciclaje y la consciencia sobre el desperdicio es algo que los niños ya tenían incorporado, al menos en las escuelas que visitaron; sin embargo, para Ferrario “tener la información no siempre alcanza; lo bueno de esta propuesta es que ellos salen con ideas como para construir sus propios instrumentos o distintos elementos para divertirse”. El grupo llegaba con coladores, ramas pintadas como sonajas, frascos con tapitas como panderetas, todos siguiendo la idea de que pudieran hacerlo ellos mismos. En esta línea, Gadea agregó: “Generamos curiosidad para que ellos pudieran seguir explorando. Por ejemplo, nuestro vestuario estaba hecho con ropas antiguas, con cosas que estaban en desuso, todas eran prendas reutilizadas”.

De toda la experiencia, lo que más interesaba a los niños era cuando podían ser parte: “Después de vernos los invitábamos a participar. Algunos, sin que les dijéramos nada, empezaban a transformar en su cuerpo eso que habían visto. Les íbamos dando pequeñas consignas, como moverse imaginándose líneas curvas o rectas, y siguiendo los sonidos. Después utilizamos pequeños elementos, como unas trenzas hechas con bolsas de nailon, con la idea de que trabajaran sobre todo con las sensaciones. Con las bolsas improvisaron movimientos en base a la sensación de volar y flotar”, detalló el docente de danza.

Según Ferrario, la propuesta fue un éxito: “Vimos que funcionaba con todas las edades: tanto al niño de siete como al de 12 años les gustaba moverse y saltar a la cuerda. Pensamos que capaz que la propuesta debería ser diferente para las distintas edades, pero nos sorprendió cómo todos tienen esa necesidad de expresarse físicamente; no hubo ni un lugar donde no quisieran participar, incluso, grupos que no habían logrado la conexión entre ellos lo hicieron por medio del baile”.

La propuesta también tenía su costado teórico, ya que buscaba resaltar algunos conceptos artísticos: “Les mostrábamos los instrumentos pintados con colores primarios, o trabajamos la idea de textura, y podían verlo en las artes plásticas reflejada en los instrumentos, pero también en música, en danza, iban relacionado los conceptos artísticos y demostrábamos que está todo relacionado, como decía el teórico [Edgar ] Morin: está todo unido, el todo en las partes y las partes en el todo”, explicó Gadea. Para Ferrario, los niños “tenían bastante claros los conceptos, pero los concebían de forma separada. Les cambiaba la cara cuando entendían que el ritmo estaba en la música, pero también en la danza y en las artes plásticas”.

Este año la financiación del MEC ya no está disponible, pero el grupo quiere seguir llevando esta experiencia a las escuelas y extenderla; por ejemplo, algo que no pudieron hacer en 2017 es una evaluación de la experiencia. “Sólo en una escuela la maestra les pidió a los niños que dibujaran lo que habían vivido, como una continuación de la propuesta, y está bueno ver qué fue lo que más les gustó y cómo, a través del taller, se pueden seguir trabajando diferentes conceptos”, comentó la docente.

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