Beatriz Guigou, en el liceo 71. Foto: Mariana Greif

Dejar huella

Con la participación de dos estudiantes sirias, jóvenes realizaron una intervención en el Liceo 71 para lograr un edificio más integrador.

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En la escalera principal del Liceo 71 del Paso Molino se pueden leer números en español, en inglés, en romano y en árabe, acompañados por varios mandalas de colores. Del uno al 50, los escalones van a “educar e integrar”, según señaló a _la diaria_ la directora de la institución, Beatriz Guigou. La idea surgió como parte de Arquitectura en Clave Educativa, un proyecto que impulsa Secundaria med...
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En la escalera principal del Liceo 71 del Paso Molino se pueden leer números en español, en inglés, en romano y en árabe, acompañados por varios mandalas de colores. Del uno al 50, los escalones van a “educar e integrar”, según señaló a la diaria la directora de la institución, Beatriz Guigou. La idea surgió como parte de Arquitectura en Clave Educativa, un proyecto que impulsa Secundaria mediante el que estudiantes, docentes y la comunidad piensan formas de reacondicionar el edificio para que además de ser más cómodo genere un aporte educativo. En ese sentido, la profesora de Historia insistió en los números romanos para enseñar los siglos y la docente de Inglés pidió que estuvieran escritos en esa lengua extranjera. Pero además, en la clase de cuarto se propuso el árabe pensando en Safa, una estudiante siria que junto a su familia llegó en 2014 a Uruguay como refugiada; ella y su hermana Mawa pasaron por el liceo y a la directora le pareció oportuno que dejaran su huella.

La historia de Safa, de 16 años, y de Mawa, de 18, comenzó unas cuadras más lejos, en el Liceo 54 del Prado. La familia llegó en octubre de 2014 y ellas dos se incorporaron en marzo del año siguiente: “Fue difícil colocarlas en algún nivel sin poder saber mucho de ellas”, comentó Guigou, que en ese entonces se desempeñaba como subdirectora del 54. Basados en la edad de las jóvenes, decidieron que Safa empezara segundo año y Mawa tercero.

“Debimos trabajar una verdadera adecuación curricular. Nos enfrentamos a chicas que no tienen dificultades en razonamiento, su problema era el idioma. Al principio nos comunicábamos sin poder conjugar los verbos, con muchas dificultades, sumadas a los nervios del nuevo lugar. Lo más difícil en el Liceo 54 fue la adaptación al idioma; había que escribirles las palabras fundamentales en tarjetas para poder entenderlas, se basaron en las ceibalitas para traducir y comunicarse con los docentes”, señaló la ahora directora.

Además, “costó mucho la integración social; que el adolescente se haga amigos, sin que sea por la novelería, es difícil”, subrayó Guigou. Según su percepción, cuando las jóvenes recién habían entrado al liceo, “los compañeros estaban entusiasmados, pero después se aburrieron de no entenderles, de la dificultad para comunicarse en ese lenguaje complejo; estuvieron arriba de ellas los dos primeros meses, después las fueron dejando de lado y éramos los adultos quienes las conteníamos”. Esa realidad cambió cuando llegaron al Liceo 71, cuando ya tenían más de un año en Uruguay, dominaban el español y las costumbres del país: “La integración fue mucho más fácil” entonces, destacó la directora. También tuvieron que adaptarse a las costumbres uruguayas, así como las autoridades se acoplaron a sus tradiciones, como salir antes del turno durante el mes de Ramadán.

Mawa cursó en 2017 la orientación biológica en el quinto año de secundaria del Liceo 6 del Prado, y lo mismo hará Safa este año pero en el liceo 3 de La Blanqueada, ya que las jóvenes, junto a sus nueve hermanos, el padre y la madre, se deben de mudar de la casa que les proporcionaba el Estado y pasarán a vivir en un apartamento en Unión. Para las estudiantes, la meta es llegar a la Facultad de Medicina y poder ejercer como médicas, algo altamente valorado en Siria.

Guigou opinó que la adecuación curricular aún es necesaria, “aunque menor que al principio”. Según apuntó la directora, “en materias como Literatura, por ejemplo, la profesora trabajaba con la Biblia y el Corán, y al corregir, obviamente, si bien son muy prolijas tienen errores, y eso se tiene en cuenta. Increíblemente, el punto más flojo son las ciencias: Matemática y Física, pero porque tienen una muy mala base”. Tomando en cuenta las dificultades que pueden enfrentar otros adolescentes, la directora es muy optimista de que van a llegar preparadas a la facultad.

En palabras de la directora, lo más importante de esta intervención es lograr que su pasaje por el liceo no quede desapercibido, sobre todo por la importancia que ellas le dan a la educación: “Agradecen el saber, eso es algo que les sorprendía de este país; para ellas, los profesores están entregando saberes, y no pueden creer que los uruguayos no lo valoren. Acá encontraron la paz, no hay bombas ni ruinas, y tienen la educación a su alcance. Eso tiene mucho valor”.

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