¿Quién decide adquirir una obra de arte? ¿Qué camino sigue? ¿Qué tipo de pieza puede atraerlo? “Todo lo que usted quería saber sobre coleccionar en pareja y no se animaba a preguntar” es una de las charlas más curiosas que engrosará este año la programación de Este Arte, la feria de “galerías internacionales con raíces locales” que se desarrolla a partir de este fin de semana en Punta del Este. Apoyado por el Ministerio de Educación y Cultura y la Intendencia de Maldonado, desde la esfera pública, y con Château Group como principal socio privado, el encuentro que dirige la uruguaya Laura Bardier apunta a generar una trama de vínculos a largo plazo. Galerías que se arriesgan a traer obras importantes, léase de artistas de prestigio y, entiéndase, costosas, con seguros onerosos. La posibilidad de que el coleccionista establezca una relación de confianza con el galerista, el trato uno a uno. Y la eventualidad de que alguien que simplemente aprecia el arte devenga en coleccionista.

Bardier anticipa que esta cuarta edición de la feria implica varios saltos, desde el número de galerías participantes, que ahora suman 29, de Argentina a Dubai, hasta el programa cultural que acompaña las exhibiciones. El comité de selección busca un equilibrio entre las firmas reconocidas y las que tienen potencial de crecimiento. “Ese es el trabajo más desafiante, buscar cosas que capaz que aún no son importantes, pero que lo van a ser en cinco o diez años. Y esa es también la manera en que podemos competir con otras ferias en el mundo. Que sean únicas, que tengan especificidades, que haya un diálogo”. Se trata, dice Bardier, de equilibrar “una propuesta que abarque lo que es el público de Punta del Este, que es muy variado, porque de la Mansa a José Ignacio cambia radicalmente, en gustos, en estilos de vida. Entonces, ir tratando de mantener una línea que no lo deje aislado”.

Remarcás que la feria apunta a generar tendencias. ¿Cuáles?

Hay coleccionistas que siempre van a ir al nombre reconocido, obras de Picasso, de Léger, de Matisse, este año traemos Botero, grandes maestros. Luego hay otro tipo de comprador, que es más arriesgado, capaz que no siempre por un tema económico, también es la actitud, ser curiosos con lo que se viene, en descubrir lo que puede ser un Picasso dentro de 50 años. Tratamos de tener esas dos puntas de propuestas, y combinarlas. Hay todo un tema de contenidos. En ese sentido, sobre los artistas que no son aún conocidos, pero que creemos que van a serlo, queremos contribuir para que se vuelvan relevantes. Por otro lado, se da toda una cuestión en el sector de las artes visuales en Uruguay, donde se están viendo los resultados. Es un cambio social y cultural desde que existe la feria. La actitud que la gente tiene respecto de la venta de obras, del mercado en general. Hay una mirada más abierta y más informada, tanto de los artistas como de los compradores. Por ejemplo, tenemos una galería formada por artistas, que nació con motivo de la feria, que es La Pecera. Es lo que se llama artist run gallery, hay otras así en el mundo. Pero es un tipo de galería que salió más natural en Uruguay: Marte fue eso, Kiosco, hay varias de esas experiencias. Y esto demuestra que Uruguay tiene esa tendencia, que al no haber figuras de galerías uruguayas fuertes, los artistas se agrupan y crean un espacio donde pueden mostrar y vender sus obras y vivir de lo que trabajan. Este año La Pecera además participó de otra feria en Miami. Obviamente se trata de la evolución que han hecho ellos profesionalmente. Como directora esta es una de las cosas que me interesan particularmente, contribuir al desarrollo de sistemas del mundo del arte aquí.

¿En qué otros aspectos ves la influencia de la feria?

Otro ejemplo es Juan Manuel Rodríguez, un artista uruguayo premiado, que está representado hoy en día por una galería en Zurich que lo va a presentar en otras ferias, como Basel. Otro artista que vino a través de una galería el año pasado consiguió una residencia en el exterior, otro más consiguió que una galería lo represente en Nueva York. Son experiencias que van abriendo el camino. Creo que esto es un proceso lento. Hay gente que no era coleccionista, que ni siquiera consideraba ser comprador de arte, pero ahora, teniendo la posibilidad, porque existe la plataforma que es la feria, lo es. Desde el año pasado, que la hicimos en el Centro de Convenciones, la feria cambió mucho en su estructura. El solo hecho de que exista la feria despierta el interés de acercarse y hay gente que ha empezado a comprar.

¿Cómo es el sistema de compras? ¿Ustedes qué papel cumplen?

Como todas las ferias que son profesionales –desde mi punto de vista–, simplemente organizamos la estructura, y proveemos los muros, las luces, la base física donde exponer de la mejor manera posible cada obra, organizamos la exposición con una lógica para colocar una galería al lado de otra. Y trabajamos la comunicación, de prensa, y el contacto “a medida” con coleccionistas que tenemos en una base de datos, que empieza con mi network profesional, porque yo trabajé muchos años con coleccionistas. Después, desde el segundo año creamos el comité de amigos de la feria, y se va agrandando: durante todo el año hacemos una serie de contactos para que vengan o para que sepan de la feria, y si no vienen este año, vienen el próximo, porque es un trabajo de hormiga. Nos comprometemos a traer coleccionistas, aunque no podemos asegurar que las galerías vayan a vender.

Pero la consolidación del encuentro se mide en ventas.

Lógicamente. Tenemos una relación muy cercana con las galerías, es una conversación, y siempre hay cosas que se pueden ajustar; estamos sólo en el cuarto año, en realidad. Igual, aunque hay galerías que no han vendido, apostamos a que se construyan con el tiempo. Una gran parte del público está acostumbrada a comprar de cierta manera, a Torres García, a María Freire, a Costigliolo, y no están acostumbrados a descubrir nuevos artistas. Hay que tener paciencia con eso. Creo que va a llegar un momento en que se animen a comprar más diversificado.

¿Qué hitos podrías nombrar?

Se ha vendido Calder, se vendieron dibujos de Picasso dos veces: el año pasado y el anterior, entre 300 y 400 mil dólares. 90% de las galerías participantes venden, algunas recuperan los gastos, porque es una inversión importante en viajes, seguros, sobre todo las extranjeras. También se vendieron obras de artistas uruguayos, de Rita Fischer, de Martín Pelenur, de Rimer Cardillo, de Marco Maggi. También de artistas internacionales pero contemporáneos, como Mark Dion, Antony Gormley, Carlos Garaicoa. Pero que 90 % venda es un promedio alto; internacionalmente es un 30%. Esto se debe a que mantenemos una escala de medio a chica comparado con otras ferias.

¿Cuáles son los nombres más fuertes que se verán esta vez?

Tenemos un Chagall y un Botero, que al público gusta mucho, es cómico y creo que tiene algo de caricaturesco. Una buena obra de arte tiene varios niveles de lectura, puede ser apreciada y en cierta manera entendida por una persona que no sabe nada de historia del arte. En realidad cree que no entiende, porque el arte contemporáneo es parte de la cultura, lo vemos en las publicidades, lo vemos en la moda, en el diseño, se relaciona con una cantidad de aspectos contemporáneos. Las ferias en general tienen un componente muy democrático. Los museos son necesarios, pero cuando una obra se pone adentro tiene el “efecto museo”, se crea una distancia entre esa pieza y el público, y la gente no se siente en el derecho de criticarla, de opinar. En cambio en la feria no hay eso, no tiene la sensación de estar por abajo de algo.

Este arte

Punta del Este Convention & Exhibition Center (Av. Pedragosa Sierra esq. Aparicio Saravia). Los eventos iniciales previstos para hoy son por invitación, pero el 7, 8 y 9 la feria funciona para el público en general de 17.30 a 22.30. Las entradas están en venta en RedUts a US$ 20, también hay accesos para todos los días a US$ 50 y hay un pase rebajado a US$ 17 por día para quienes lo adquieran en la franja horaria más temprana.