Daniel Gallo. Foto: s/d de autor

Una aproximación a la obra de Daniel Gallo, ganador del XXII Premio Figari

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Un niño observa la torre más alta del reloj más alto, el de la iglesia. Al lado del campanario el reloj está detenido. El tictac es otro en su cabeza. En el centro de los engranajes el niño repara mecanismos de relojería y se vuelven el centro de su mirada. Desde allí percibe el mundo asombrado, mientras las ruedas giran y se encastran para hacer que el aparato funcione. Atravesado por el parad...
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Un niño observa la torre más alta del reloj más alto, el de la iglesia. Al lado del campanario el reloj está detenido. El tictac es otro en su cabeza. En el centro de los engranajes el niño repara mecanismos de relojería y se vuelven el centro de su mirada. Desde allí percibe el mundo asombrado, mientras las ruedas giran y se encastran para hacer que el aparato funcione. Atravesado por el paradigma newtoniano de la perfección, adopta las formas geométricas, también perfectas Los objetos del mundo orbitan fuera de los engranajes. Con cierta ingenuidad y fascinación, estira su mano, toma uno a su antojo y lo lleva al centro de su reloj. No sabe qué es, o sí, pero en su mecanismo será otra cosa. Toma un lápiz, un pincel, un palillo, muchos pa lillos y arma su mundo perfecto. Luego toma un palote de amasar, un compás un rodillo, toma colores y juega. El relo de la iglesia sigue detenido mientras é repara, detiene y pone en marcha. Juega con el tiempo, con las maquinarias, con el mundo. Y lo hace perfecto.

Designificación

El pedrense Daniel Gallo (1948 fue galardonado por su trayectoria recibiendo el reconocimiento más im portante del país a las artes plásticas el Premio Figari 2017. Con la presencia de autoridades del Ministerio de Edu cación y Cultura y del Banco Centra del Uruguay, el 5 de diciembre tuvo lugar la ceremonia de premiación en e Museo Figari, donde se inauguró una exposición de su obra bajo la curaduría de Gustavo Tabares.

Gallo residió toda su vida en Las Piedras. Heredó la joyería que su abuelo fundó en 1894 y, mucho más que eso, he redó un taller que lo conduciría inexora blemente por los caminos de la creación Desde niño trabajó reparando relojes en el negocio de su familia instalado frente a la plaza, en el extremo opuesto a la iglesia de la ciudad. Fue entonces que conoció el uso de las herramientas, e minucioso contacto con los materiales de su labor y un resultado que no podía aspirar más que a la exactitud. También siendo muy pequeño, incursionó en la pintura con Andrés Moskovich y luego se formó, entre otros, con Julio César Trobo en fotografía y con Nelson Ramos en artes plásticas, a quienes reconoce como sus principales maestros.

Desde 1962 ha trabajado sin cesar en fotografía, serigrafía, pintura, escultura y en diversas instalaciones. El nivel de detalle y precisión inaugurados con el desarmado y armado de relojes fueron transferidos a su arte, desarrollando un estilo propio. Los críticos hablan del discurso conceptual sobre el objeto que tiene su obra, en especial de la designificación. En el catálogo de la retrospectiva 1977-2011 que se llevó a cabo en el Subte, Santiago Tavella explica este concepto en relación al uso que Gallo hace de herramientas y materiales diversos, diciendo que “al sacar un objeto de su entorno habitual, le quita su significado original y lo deja limpio de significado”.

Hablan del nonsense y del absurdo que propone una poética tras la pureza de sus líneas, la matemática abstracción y la desnudez de los objetos funcionales. Entre otras influencias, marcan en Gallo la del arte Madí, del pop art, de la publicidad y del ready made de Marcel Duchamp, en tanto utiliza objetos cotidianos elevándolos a la categoría de arte, y destacan la constante incitación a la reflexión sobre el objeto y la imagen, el signo y los nuevos posibles significados atribuidos por el público, dado los diferentes contextos en que el autor los sitúa.

Dos tiempos

El camino del artista sabe de determinación, disciplina y constancia. Sabe que el éxito no está representado en el premio como meta, sino que este es apenas un estímulo para seguir creando. Así, el anuncio de este reconocimiento, que lleva el nombre de uno de los más notables pintores nacionales, encontró a Gallo realizando una de las obras expuestas ahora. El proyecto estaba ya avanzado, así que lo terminó para que participara en la muestra. “Había ido a algunos encuentros en la represa de Palmar, donde se conservan habitaciones de los ingenieros que trabajaron hace ya tiempo, convertidas en una especie de hotel, con un comedor y espacios para los encuentros de escultores. Hay también un pequeño centro comercial y un mercadito donde me encontré con unos de mangos de serrucho que terminé comprando. Ese fue el inicio de las obras Mangos de Palmar, y Mangos de Palmar 2 y 3”, cuenta el artista.

Su proceso creativo actualmente parte de elementos que consigue en alguna feria, muchas veces objetos antiguos. “En una ocasión compré un palote de amasar ravioles, le até una tanza fina en los extremos y lo colgué en un clavo del taller. Pasó por varios de los talleres que he tenido, dependiendo del lugar donde vivía, hasta que un día me vino la idea de hacer una obra con él”.

Finalizar una obra no le ha llevado menos de 15 días y, en ocasiones, hasta tres meses. Surge la idea, esboza el proyecto y a veces no la resuelve en dos años, pero en relación al tiempo distingue entre uno cronológico, inexorable, que marcan los relojes, y el psicológico, con el que se puede disfrutar en un instante o sufrir también. “Cuando uno sufre”, dice, “parece que no se termina nunca y, cuando se es feliz, parece que dura muy poco. El tiempo de creación es un tiempo placentero, cuando planifico o estoy en el taller dibujando, y se vuelve tirano cuando preparo una muestra, con plazos para terminar obras, hacer montajes, resolver cosas de un catálogo”.

Durante el evento Museos en la Noche, el artista realizó una guía sobre su trabajo en la exposición del Museo Figari, que estará abierta hasta el 10 de marzo. Su familia está siempre presente, así como quizás su obra más importante, el gran cuadro titulado La P de Paula, en el que la corta vida de su hija ha trascendido.

Los trabajos de Daniel Gallo forman parte de colecciones de arte públicas y privadas. Ha sido laureado en diversas ocasiones en el ámbito local, nacional y regional, y ha expuesto en salas de gran prestigio en todo el país. Original y cautivadora, acceder a su obra es adentrarse en un nuevo orden de las cosas, un espacio de pulcritud, un tablero en el que el espectador juega un juego de formas, líneas y colores perfectos, ajeno al caos del mundo, con otro tictac.

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