Quienes hayan pasado por estos días por la esquina de Rivera y Julio César, en el viejo barrio La Mondiola, pueden haber advertido que la garita policial ubicada en la intersección fue remodelada y pintada. La acción fue una iniciativa de miembros de la Comisión de Cultura del Concejo Vecinal 5, junto con las familias y alumnos del jardín 305 ‒ubicado frente a la garita‒, quienes fueron los que pintaron la construcción.

Las garitas ubicadas en muchos barrios de Montevideo son más de 40, y hace muchos años que están en desuso, pero hay distintos planes para ellas. El del Ministerio del Interior (MI) ‒propietario de los inmuebles‒ es transformar algunas de ellas en Puestos de Atención Ciudadana (PAC).

También se platean darles una nueva función a los usuarios de la plataforma Montevideo Decide (decide.montevideo.gub.uy), un espacio en el que los ciudadanos realizan propuestas que deben llegar a un determinado número de apoyos para luego pasar a un estudio de viabilidad por parte de la comuna.

Fernando Gil, director de la Unidad de Comunicación del MI, asegura que si bien todavía faltan algunos detalles para confirmarlo, está previsto que el 18 de octubre se inaugure y se ponga en funcionamiento el PAC en la garita de Rivera y Julio César.

Según Gil, “la idea es que en esos lugares se puedan realizar trámites municipales, cosas que actualmente gestionan los alcaldías, como la entrega de las copias de las partidas de nacimiento, y en lo que tiene que ver con el MI, se podrá sacar hora para las cédulas de identidad, los permisos de menor o alguna constancia de domicilio. También estos centros pueden tener algún tipo de información turística o de dónde obtener números de teléfono de interés general. La idea es que estos PAC vayan sumando servicios”.

Para el vocero del MI estas garitas, además, “tienen un valor arquitectónico importante que nosotros queremos recuperar. Por eso fue emblemático que la pintada de la garita ubicada en Rivera y Julio César fuera realizada precisamente el Día del Patrimonio, porque nos interesa recuperar edificaciones que estaban abandonadas, y esto va en el sentido de que la ciudadanía se empodere de los edificios públicos. Nos parece importante que se realicen aquellas intervenciones que fueron propuestas por los propios vecinos”.

El MI busca recuperar y refaccionar las garitas como forma de dar ocupación a personas privadas de libertad y liberadas. “En este caso el trabajo de refacción lo hicieron liberados. Nosotros lo que tenemos que darles a las garitas que van a ser intervenidas es una base estructural y dejar un fondo blanco, y después que la intervención la defina el colectivo que sea designado para hacerla. Ya tenemos algunas otras iniciativas que están sumándose y nuestra idea fue que esta primera experiencia funcione como un disparador, una especie de piloto, y que empiece a funcionar”, dice Gil.

En todo caso, las garitas no volverán a ser puestos policiales. “No es la idea”, aclara el funcionario, y agrega: “Lo que queremos es que este espacio sea de la ciudadanía. El propio día a día nos va a ir dando la pauta de la potencialidad que pueden tener estos lugares, que sin dudas las tienen y son muchas”.

Inicialmente estos puestos serán atendidos por funcionarios del MI, pero la idea es que sean remplazados más adelante por funcionarios de los municipios en los que se encuentren las garitas. Estos funcionarios serán capacitados por la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC), que va a proveer el mobiliario y la conectividad.

Gil agrega que “en la rambla de Montevideo hay varias garitas, y nosotros luego de este impulso inicial vamos a comenzar el contacto interinstitucional, como, por ejemplo, con el Ministerio de Turismo y Deporte, porque capaz que estas garitas en particular puedan ser centros de información turística”.

Herrera y Reissig esquina Giribaldi
Herrera y Reissig esquina Giribaldi

Otra visión

Las garitas fueron construidas en la década del 30, cuenta la arquitecta e historiadora Laura Alemán, que se desempeña en el Instituto de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República. Fueron un encargo de la oficina técnica del MI y su diseño corrió por cuenta del arquitecto Juan Carlos Costa Lemes.

“Son unas piezas bastante peculiares, que aunque hoy estén bastante deterioradas y aparezcan un poco perdidas en la ciudad, sería muy bueno poder recuperarlas y darles un uso. Porque además, y esto es muy subjetivo, en general tienen un diseño muy lindo, muy armonioso y representan, que creo que es lo más importante, un típico modo de la arquitectura de aquella época, de los años 30”, agrega Alemán.

Suele decirse que estas garitas son del estilo art déco, pero la arquitecta lo matiza: “Yo no diría que son art déco estrictamente. Algunas tienen un diseño más art déco y otras tienen un diseño que podría enmarcarse dentro de la corriente náutica del art déco, con curvas, que tienen ojo de buey. Porque este estilo tiene una corriente más poliédrica, más geométrica y otra más vinculada a la corriente náutica, que es más curvilínea, más suave. No son ejemplos típicos de art decó. Lo que sí podemos asegurar es que es una típica arquitectura de la década del 30, bien montevideana, que, además de tener calidad de diseño, tienen una muy buena calidad constructiva, y ese es un tema importante por lo que está sucediendo ahora, por la iniciativa de pintarlas”, afirma.

Generalmente, estas construcciones están hechas con una terminación que se utilizaba en la época, el revoque imitación, que ya no sea hace o al menos es muy difícil de hacer, porque incluía otros materiales como la mica, explica Alemán. “En esa época había artesanos que tenían mucho oficio en hacer ese tipo de revoque y hoy hay un problema, porque las piezas de esa época que se empiezan a fisurar son muy difíciles de reparar, dado que no hay gente que sepa hacer y tenga los materiales y las proporciones exactas que se usaban en ese momento”.

“El revoque imitación no está hecho para ser pintado”, recalca Alemán. En una visión opuesta a la de Gil, la arquitecta dice que “la fachada de un edificio cualquiera no es un lienzo, no es una hoja en blanco para ser pintada. Entonces, que estas garitas sean intervenidas me parece un error mayúsculo y no solamente por un tema conceptual. Cuando un arquitecto proyecta un edificio ‒no importa la escala que tenga, desde estas garitas hasta una casa o un edificio‒, lo proyecta y le da cierta materialidad, que es la terminación del edificio; no está esperando la pintura, salvo que el propio arquitecto lo proponga como parte de su proyecto. Entonces me parece un error conceptual pensar que los muros de cualquier obra están para ser intervenidos. Mi opinión es que eso es una falta de respeto al arquitecto que hizo esa obra”.

Por otro lado, Alemán considera un aspecto más prosaico para discrepar con el proyecto de intervención de las garitas: el mantenimiento. “La pintura, y eso se vio claramente en algunas de las típicas veredas de nueve panes que fueron pintadas en Montevideo, con unas cuantas lluvias quedan totalmente devaluadas, porque los factores climáticos degradan eso rápidamente. Entonces esta iniciativa de las garitas, que para alguna gente puede quedar, entre comillas, muy lindo, no va a durar absolutamente nada, y más cuando se está pintando sobre piezas que fueron terminadas con un muy buen revoque”.

Si bien muchas de estas garitas fueron violentadas a lo largo de los años y la mayoría de ellas están grafiteadas, eso se podría solucionar, afirma Alemán, con hidrolavado, una técnica muy utilizada para limpiar el revoque.

“Me parece muy buena la idea de recuperar estas construcciones, pero creo que se tomó el camino equivocado. En estos casos hay que tener mucho cuidado, porque además se invoca el tema del color, que es algo que es bueno en sí mismo porque es alegre; lo que me parece es que en el fondo hay una falta de educación, una falta de cultura arquitectónica”, agrega la historiadora.

“A veces no hay más remedio que apelar a la pintura, hay obras que están fisuradas y la gente no sabe qué hacer y las pinta o les sella las fisuras para disimular un poco, pero me parece que en este caso la intención es superponer una obra artística, una intervención cromática. A mí me parece un error y me da pena decirlo porque hay escuelas involucradas, hay niños participando en estas actividades, entonces sé que mi opinión puede ser muy antipática, políticamente incorrecta. Es un tema de materialidad sobre todo, porque todos los edificios, aun estas garitas que son piezas muy pequeñas, tienen determinada composición, un diseño, proporciones, y si eso lo dibujás, se altera totalmente la composición del objeto”, sentencia Alemán.

“En estas cosas, de repente actuando con la mejor intención, te podés equivocar feo, por lo que hay que asesorarse antes de hacer este tipo de acciones. Me cuesta decirlo porque al final parece que estás en contra de todo, pero es mi opinión. Yo creo que lo que habría que hacer es recuperar estas garitas, rescatarlas, pero tratando de no violentar su diseño”, concluye.