Mario Bergara lanzó oficialmente su candidatura ayer en la mañana. Con 53 años, el ex presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) visualiza que la agenda frenteamplista “está quedando languideciente”, mientras que “el mundo está cambiando”. Por eso, entiende que es necesario iniciar un proceso de renovación en el oficialismo. Se propone enfatizar el “ideario seregnista”: retomar los valores, la ética y la épica, y “darle un poco de encanto a los desencantados”. Para eso, comenzará una recorrida para “buscar voto a voto, voluntad a voluntad” y contribuir a “fortalecer al Frente Amplio” (FA).

Comenzaste a militar políticamente en la Unión de la Juventud Comunista y luego te fuiste a estudiar a la Universidad de California en Berkeley. ¿Cómo incidieron esos dos mundos en tu formación política y personal?

Siempre los vi como mundos compatibles porque siempre concebí a mi profesión al servicio de las políticas públicas. Obviamente, atravesado por una orientación de izquierda. La universidad de Berkeley, dentro de los términos estadounidenses, pertenece a la izquierda americana. Varios de mis profesores fueron asesores en el gobierno de Bill Clinton y después estuvieron en el gobierno de Barack Obama. Pero, además, Berkeley es famosa por su historia política. Cuando llegás ahí te ponen un video que se llama Berkeley in the Sixties. En los sesenta, la universidad era famosa por su movimiento estudiantil, que se llamó Free Speech Movement, el movimiento de la libre expresión, que arrancó abordando temas universitarios, pero después se pronunció contra la guerra de Vietnam. Berkeley era una universidad académicamente estupenda, sin dudas en economía está dentro de las diez mejores, pero además tenía ese perfil de preocupación social y política y, si se quiere, en términos gringos, una orientación más progresista.

El candidato colorado, Ernesto Talvi, contó hace un tiempo al semanario Voces que mientras fue asesor del presidente del BCU, Ramón Díaz, consiguieron un fondo técnico para promover la formación académica de los bancarios. Según relató, estabas en el gremio del banco y te insistió para que estudiaras en la Universidad de Chicago, pero no aceptaste. Cuenta que te dijo: “Vas a ser el primer sindicalista en Chicago en la historia de la humanidad. No me vas a negar la originalidad”.

[Se ríe] Es cierta esa anécdota de Talvi, pero yo tenía bien clara mi orientación y hacia dónde quería ir. Desde el área de Investigaciones Económicas había una orientación para que estudiáramos afuera. La Universidad de Chicago, desde el punto de vista académico, es una universidad importantísima, pero claramente tenía una orientación más neoliberal que la que prefería.

Mario Bergara
Mario Bergara

Con la variedad de candidaturas frenteamplistas en la vuelta, ¿cuál va a ser la impronta de la tuya?

Me cuesta concebir este proceso sólo como el tema de elegir a un candidato. En los tiempos que corren, el FA necesita renovarse, y eso comienza con una renovación programática. El FA lleva tres gobiernos, en los cuales implementó una agenda basada en una visión del mundo de hace unos 15 años atrás. Como toda implementación de una agenda, no es perfecta y no es completa, pero creo que ha sido exitosa. Hoy esa agenda no sólo se está quedando languideciente, sino que además el mundo está cambiando drásticamente. La región, lejos de ser un factor amortiguador de esa incertidumbre y volatilidad, exacerba ese panorama. Uruguay, como un país pequeño necesariamente inserto en el mundo, tiene que estar alerta. Hay que ver al mundo tanto por estas cuestiones geopolíticas y financieras, como por otros procesos que atraviesan todos: la dinámica tecnológica. Las políticas públicas prensadas en la previa a esta dinámica tecnológica pueden estar muy bien intencionadas, pero hoy es necesario revisarlas. Ese es un punto de renovación en la visión del mundo y ahí tenemos una contribución programática para hacer. El proceso de cambio también pasa por la renovación de la estructura de liderazgos. En el período electoral, además de elegir un gobierno y a un candidato, se va a dar un proceso de legitimación de una nueva estructura de líderes. Hay que reconocer y agradecer por la estructura de líderes que tuvimos, pero están dando un paso al costado y es necesario repensar nuevas alternativas. Necesitamos una interna competitiva, porque no se trata sólo de elegir un candidato, sino, de alguna manera, empezar a barajar y dar de nuevo en materia de liderazgos. El FA, por suerte, tiene una generación de relevos. En todo caso creo que mi precandidatura puede contribuir en todas esas áreas: renovar la visión del mundo y la agenda de gobierno, participar en una contienda competitiva, que va a ayudar a legitimar liderazgos, y también a hablar con franqueza de lo que hemos hecho bien y de lo que está pendiente.

Una cuestión de ética

Varios sectores del oficialismo entienden que el Plenario del FA se debe pronunciar con urgencia sobre el dictamen emitido por el Tribunal de Conducta Político (TCP) por el caso del ex vicepresidente Raúl Sendic. Banderas de Liber , agrupación que impulsa la candidatura de Bergara, fue más allá y planteó que se lo expulse de la fuerza política.

Bergara dijo que no iba a opinar sobre ningún caso concreto, pero considera que “hay que ser implacable” con respecto a las faltas éticas y los actos de corrupción. “El TCP es la herramienta que aborda los temas de la ética, por lo tanto, me parece de rigor que el FA tome una decisión sobre los informes de este organismo. En su opinión, “esto que voy a decir rige para todos, incluso para mí, no lo digo con nombre y apellido: son absolutamente legítimas las aspiraciones personales, pero el FA es una herramienta de construcción colectiva y cuando uno siente que más que contribuir con esa herramienta, la está dañando; las aspiraciones personales tienen que quedar de lado”.

¿Podés poner algún ejemplo de políticas públicas que son necesarias?

La nueva dinámica tecnológica implica un desafío. Es necesario pensar cómo podemos distribuir, cobrar impuestos y sostener un sistema de seguridad social en este contexto. La dinámica tecnológica está afectando el empleo, y no solamente los empleos no calificados. Las tendencias tecnológicas son inexorables y, hasta que la tecnología no conlleve a más productividad y bienestar, hay una transición que las políticas públicas tienen que atender. Hay trabajadores que van a poder adaptarse a esta economía y otros que no. Este proceso de cambio tecnológico tiene un ingrediente de presión hacia la inequidad, entonces la izquierda, que naturalmente se tiene que preocupar por garantizar que exista la equidad, tiene que prestar particular atención a que nadie se quede por el camino. Ahí hay políticas claras para redefinir. La dinámica tecnológica hace que cada vez más el mercado se organice en base a plataformas electrónicas: los Uber de todo. Son plataformas electrónicas que coordinan el mercado, pero no tienen activos y no descentralizan todo. Toda esta dinámica tecnológica genera unos desafíos enormes en materia de fiscalización y control. ¿A quién le cobrás impuestos? ¿Cómo los fiscalizás? Voy un paso más allá: estamos orgullosos de la reforma laboral, que permitió que el crecimiento de la economía también fuera apropiado por los trabajadores, a partir de la negociación colectiva y la sindicalización. En este contexto, lo colectivo se está diluyendo. Por lo tanto, si queremos seguir teniendo elementos de negociación y relaciones laborales equitativas hay que revisar la políticas públicas en esa materia. Otro ejemplo es el cambio educativo. Los muchachos tienen que tener herramientas para adaptarse al cambio, así como capacidades emocionales para la adaptación; el enfoque educativo tiene que ir más hacia eso. Creo que hay que pensar en nuevas formas de aprender y educar, con lógicas interdisciplinarias y colaborativas, basándonos en la resolución de problemas en función de proyectos. Todavía falta, pero creo que el germen ya está instalado en Uruguay. Por ejemplo, con el Plan Ceibal, las tecnicaturas y la descentralización: hay liceales en Caraguatá, en Tala y en Casavalle que están haciendo robots, pero para eso tuvieron que estudiar robótica, física, química, matemática. Se han hecho muchas cosas, pero siendo críticos, existe una necesidad de realizar una reforma más estructural del sistema educativo, si es que queremos tener una educación al mundo cambiante y desafiante.

El líder del Frente Liber Seregni, Danilo Astori, decidió darle el visto bueno a la candidatura de Daniel Martínez. ¿En qué sentís que te puede beneficiar y perjudicar no contar con su apoyo?

En los procesos políticos siempre es mejor tener apoyos explícitos que no tenerlos. Pero, por otro lado, yo había manifestado que el lanzamiento de mi precandidatura estaba condicionada a que Danilo fuera precandidato, cosa que no es; por eso me siento con las ganas y la libertad de seguir adelante. Obviamente que los apoyos sectoriales son importantes, eso no se puede soslayar, pero yo apunto, sobre todo, a construir esta renovación con los frenteamplistas. Creo que hay que enfatizar el ideario seregnista, en el sentido de los valores, la ética y el coraje. Creo que parte de los descontentos que hay en el FA es de gente que está reclamando por volver a tener una acción política basada en esos valores. ¿A quién me dirijo? Justamente a los frenteamplistas, a aquellos que reclaman un FA con prácticas de mayor diálogo, tolerancia y ética. También queremos contribuir a darle un poco de encanto a los desencantados que, de alguna manera, están pidiendo un espacio que hoy no encuentran.

¿Tenés otros apoyos además del de Banderas de Líber?

Dejé de ser presidente del BCU el jueves. Hay agrupaciones, incluso en el interior, que de a poco están empezando a manifestar explícitamente sus apoyos. Aspiramos a que eso continúe. También hay sectores que no han definido su apoyo.

Tengo muy buen diálogo con todos los grupos, incluidas las barras del MPP y Mujica. Y sí, hay muchos compañeros del MPP que ven con buenos ojos esta posibilidad de candidatura. Con la excepción de la figura de Mujica, está bastante claro que en el MPP no hay ninguna apoyo unánime a ninguna figura que está sobre la mesa. Habrá que ver cómo evoluciona la discusión con el MPP, pero soy optimista de que algunos de los grupos del MPP puedan, sin duda, apoyarme, así como podrán otros podrán apoyar a otros candidatos.

Trascender tu rol como presidente del BCU y lograr una proyección en el ámbito nacional parece ser una tarea desafiante.

Desde mi juventud tuve accionar político, es una arena donde me siento cómodo y donde quiero trabajar por salir a buscar voto a voto, voluntad a voluntad. Me siento con muchas ganas de contribuir en este proceso. Creo en la idea de que si mi candidatura u opción se fortalece significa que se va a fortalecer el FA.

Mario Bergara
Mario Bergara

En el FA, a la figura independiente, que no tiene un aparato detrás, muchas veces le cuesta despegar. Un ejemplo de esto fue la candidatura de Murro. ¿Tenés esa preocupación?

Tengo como tarea inmediata comenzar a darle forma organizativa al trabajo de la candidatura. Vengo de una escuela donde la organización, la propaganda y las finanzas eran el trípode del accionar político, y creo que tengo la capacidad de gestionarlo. Hay que apelar a los frenteamplistas, incluso a la gente que hoy está en las estructuras del FA, que pueden tener una visión positiva hacia mi propuesta. No estoy tan seguro de que se me presente como un candidato independiente, porque soy un candidato frenteamplista. Si bien es cierto que participé en el núcleo de dirección del FLS [Frente Liber Seregni] en la interna de 2009, hoy no integro ninguno de los grupos. Me defino como frenteamplista, con una historia que me obliga a tener un perfil seregnista. Los aparatos importan, pero el FA es mucho más que los aparatos. Yo pienso en compañeros, en militantes, en personas que tienen la preocupación de sostener y profundizar el frenteamplismo.

Óscar Andrade plantea que existe una suerte de divorcio entre el FA y su base social. ¿Qué opinás de las ideas que viene promoviendo?

Voy a opinar sobre ideas en general, no sobre lo que diga Óscar, Carolina [Cosse] o Daniel [Martínez]. Creo que hay grados de desconexión con bases militantes, pero no lo plantearía de manera tan tajante, porque el Frente sigue manteniendo su soporte social. A veces, la gente puede tener ciertas expectativas, que no son factibles de sostener, porque los procesos tienen sus dinámicas, gradualidades y restricciones. Otras veces esto pasa porque no hemos hecho bien las cosas desde el punto de vista político. Las actividades de gobierno muchas veces absorben necesariamente los tiempos y energía: puede haber cosas desatendidas. Sin plantearlo como una cuestión absolutamente drástica, sí creo que hay que tomar nota de desajustes en las relaciones con la base social del FA, los desencantos, los descontentos y creo que podemos contribuir a devolverle un poco de encanto a los desencantados.

¿Considerás que la fórmula tiene que ser paritaria?

Sí. Es un tema que está absolutamente instalado desde el punto de vista político, pero que se corresponde con un proceso de nuestra sociedad. Hoy, decía en la conferencia de prensa que el feminismo es el cambio cultural más fuerte que está viviendo nuestra generación y que, de alguna manera, por lo menos en mi generación, somos todos varones y mujeres en situación de reforma. Fuimos educados y tenemos internalizadas un montón de actitudes, conductas y prácticas de visiones que afortunadamente están siendo revisadas desde un enfoque feminista. En atención de lo que ha sido la historia y la cultura instalada, necesitamos prácticas de discriminación positiva. Por ejemplo, soy partidario de la cuota política. Hay una realidad que rompe los ojos y que para corregirla tenemos que impulsar prácticas de discriminación positiva. Reitero, creo que el tema de la equidad de género es uno de los cambios culturales que más nos están marcando y que más impacto están teniendo en nuestras conductas, me parece que son las mejores cosas que nos están pasando.

¿Y la integración del gabinete?

Creo que tiene que ser lo más equitativo posible. No tengo duda que como lógica y criterio tiene que apuntar a una lógica de equidad.

Lejos de la oficina

Mario Bergara creció entre canchas de fútbol y redacciones de diario. Su padre, bancario y periodista deportivo, lo llevaba a ver “por lo menos” un partido de fútbol y dos de básquetbol entre semana. “Trabajó en La Mañana, El Diario y Mundocolor”. Siempre le gustó el fútbol, y jugó un poco en el equipo del BCU, “era defensa, por supuesto”, pero “sin descollar”.

Con la adolescencia, vino la militancia política. “En el liceo ya iba a actos de militancia. Después en la facultad, en el 83, ingresé en la UJC”. Se fue en el momento de “eclosión del partido”, en 1991. “Siempre vi con mucho respeto la acción que tomó el partido en la dictadura. Los comunistas jugaron un rol en la clandestinidad y en el sostenimiento de las estructuras de resistencia . No fueron los únicos, pero tuvieron un rol muy importante. Lo que aprendí sobre rol de la planificación y la gestión me ha servido para la gestión pública”.

Es fanático de la serie The West Wing y asegura que no tiene punto de comparación con House of Cards. “Es una serie que refiere al ala oeste de la Casa Blanca y que básicamente procesaba temas políticos que debía resolver el presidente en clave de comunicación. No siempre era un mundo de Frutillita. Esa serie es una escuela de política y comunicación”. Para él, House of Cards trata sobre la “disputa por el poder, que puede ser en la Casa Blanca o en un club de bochas, en una lógica maquiavelica e irreal”.

Estudió guitarra y le gusta cantar. Integra el coro del BCU y piensa seguir yendo a ensayar. “Soy de esos que cuando aparecen tres acordes dice: 'Es tal canción”. Sus gustos son “eclécticos”: “Diría que con excepción del jazz puro y la opera me gusta todo. Soy un fanático de Queen; creo que Freddy Mercury era un cantante excepcional pero Brian May era un guitarrista imponente.” Desde Zitarrosa a Paul Simon, también le gusta la tropical. “Soy fan de la Borinquen”, agrega.

Lee la novela negra de autores como Michael Connelly y Raymond Chandler. “Me gusta porque no tiene nada que ver con lo que uno hace. Son de despeje y con contenido”.

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