Parodia nacional

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Hay tres empleados de Netflix que realmente se ganan el sueldo: el que decide las categorías delirantes en las que serán ofrecidas las películas y series (“Dramas europeos con extraterrestres ambientados en la Segunda Guerra Mundial”), el que hace funcionar el algoritmo de recomendaciones (“si te gustó _E.T._ te encantará _Alien_”) y el que edita los tráilers de sus producciones originales. No ...
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Hay tres empleados de Netflix que realmente se ganan el sueldo: el que decide las categorías delirantes en las que serán ofrecidas las películas y series (“Dramas europeos con extraterrestres ambientados en la Segunda Guerra Mundial”), el que hace funcionar el algoritmo de recomendaciones (“si te gustó E.T. te encantará Alien”) y el que edita los tráilers de sus producciones originales. No importa qué tan poco prometedora sea la historia, hay un tipo muy bien entrenado que se encarga de vendértela en un par de minutos. Hagan el intento de ver los adelantos... o no lo hagan, si lo que quieren es tener el resto de la mañana/tarde/noche libre.

Uno de los últimos estrenos de la compañía vino acompañado (naturalmente) de un buen tráiler, aunque su sola temática le resultaba atractiva a este humilde chico trabajador: el filme A Futile and Stupid Gesture cuenta la vida de Doug Kenney, uno de los fundadores de National Lampoon. ¿Qué? Pues una publicación satírica, más irrespetuosa y “adulta” que la revista Mad, cuya popularidad engendró libros, programas de radio, obras de teatro y comedias cinematográficas que influenciaron al humor estadounidense tal y como lo conocemos. Del producto original se conoce poco por estos lares, lo que hace atractiva a la película, que sigue las peripecias de Kenney (Will Forte) desde antes de poner el primer número de la revista en la calle.

El director David Wain (Wet Hot American Summer) y los guionistas Michael Colton y John Aboud (Los Pingüinos de Madagascar... sí, Los Pingüinos de Madagascar) le dan a la historia un tono irreverente, muy acorde al sujeto de estudio. Desde los primeros minutos no solamente se rompe la cuarta pared, sino que se toma el pelo a aquellos jóvenes que están frente al televisor y no tienen idea de quién era el protagonista. El remate del chiste recién llegará en las últimas escenas.

No esperen una crónica fiel a la realidad. Los sobreimpresos se encargarán de explicarles una cantidad de hechos que fueron modificados para mayor efecto dramático, y el mismísimo Kenney adulto (or is it?) explicará que tuvieron que concentrarse en un número pequeño de integrantes de la revista.

En A Futile and Stupid Gesture encontrarán los elementos típicos de las biopics, al menos de aquellas basadas en personajes que adquirieron fama y fortuna: problemas maritales, abuso de sustancias y problemas maritales por el abuso de sustancias. Nuestro simpático protagonista sufrirá las consecuencias de sus pésimas decisiones, aunque el guion se preocupe más por los juegos de palabras y la hilaridad del consumo excesivo de cocaína antes que de dar un paseo por las zonas más oscuras del joven y talentoso Doug.

Lo que queda claro es el rol que cumplió en el desarrollo de una “nueva” (en su momento) comedia en Estados Unidos, como queda de manifiesto con la aparición de varias figuras talentosas (Chevy Chase, Bill Murray, John Belushi, Harold Ramis), la mayoría de las cuales fueran cooptadas por la televisión cuando nació el popular programa de sketches Saturday Night Live. Y con tantos minutos dedicados a los comediantes que surgieron desde los circuitos del stand up, está bueno que por una vez el foco esté puesto en el humor escrito... aunque la narrativa parezca decirnos que el objetivo final era llegar a Hollywood y tener fiestas en la casa con piscina y una provisión casi infinita de polvo blanco que meterse por la nariz.

Tal vez no sea tan buena como lo prometía el tráiler, pero se disfruta, se aprende, y uno se queda con unas ganas enormes de ver Animal House, sin importar cuántas veces la haya visto antes.

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