Alejandra González Soca en el Museo Blanes. Foto: Manuela Aldabe

Estatuas veladas

No son las únicas pero son las que ya arrancaron: una exposición en el Blanes y una serie de proyecciones y recitales en la Sala Zitarrosa son los primeros destacados en este mes que se prepara para su 8M también desde el arte.

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Desde ayer, un velo de 40 metros cubre parte del acervo artístico del Museo Blanes. La artista Alejandra González Soca creó así un elegante territorio de asfixia en el que da vida a esculturas que han sido olvidadas y las ofrece como territorios corporales políticos. El _voile_ activa el juego de la mirada sobre las esculturas, cubiertas por la tela blanca intervenida por hilos de color rojo, t...
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Desde ayer, un velo de 40 metros cubre parte del acervo artístico del Museo Blanes. La artista Alejandra González Soca creó así un elegante territorio de asfixia en el que da vida a esculturas que han sido olvidadas y las ofrece como territorios corporales políticos. El voile activa el juego de la mirada sobre las esculturas, cubiertas por la tela blanca intervenida por hilos de color rojo, tajadas con delicadeza.

“La instalación es una alegoría del cuerpo, tanto físico como social, y de ciertos mecanismos de control. Hay muchas capas superpuestas, solapadas, escondidas y hasta a veces en conflicto con las que Alejandra trabaja para construir este espacio dialógico de intersecciones entre la autoría, la referencialidad, la recontextualización, los signos, los lenguajes, en un contexto cultural de consciencia sobre el destierro simbólico y político que se ha ejercido sobre todos aquellos que se han corrido de la norma del canon de su época”, dice Luisao Díaz, asistente curador.

El trabajo de la artista invitada por Cristina Bausero, la directora del museo, tuvo tres momentos. El primero fue bajar al sótano a seleccionar las piezas. Luego, envolverlas con un rollo de 40 metros de voile asistida por Jimmy Escarón. La tercera fue la intervención de la tela con el hilo rojo y las tijeras, con la participación de 45 personas convocadas por redes sociales.

En la sala se escucha el sonido de respiraciones casi ahogadas: es un trabajo que realizó la artista con cinco estudiantes de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático. Grabación cuerpo a cuerpo, brazos que asfixian, cuellos que se liberan, gargantas que toman aire: ya en Asfixia, la obra que presentó González Soca en el 48° Premio Montevideo 2017, en el Centro de Exposiciones Subte, se podía ver su línea de trabajo. “Tiene que ver con el sofocamiento, y con la necesidad de poder decir y salir desde lugares internos”, dice González Soca, que experimentó también con patrimonios y acervos como espacios de memoria en exposiciones colectivas e individuales en el Cabildo de Montevideo.

“Nuestra colección sirve también para que una artista se inspire y haga hoy una interpretación y una obra que dialoga con el pasado. Es un espacio dialógico entre la artista joven contemporánea y la obra escultórica, que tiene muchísimo tiempo; las obras que ella eligió, excepto la de Fernández Turi, tienen más de 100 años”, dice Bausero.

Una se siente cómoda ante esta obra tan contemporánea: hay materia, hay sonido, los códigos son descifrables, los símbolos, comprensibles. A la vez una se siente interpelada y quizás hasta presionada (las respiraciones ahogadas no dejan espacio). La curadora asistente Verónica Panella escribe en el texto del catálogo: “Identificar estas piezas como rastros materiales que aportan información sobre espacios del pasado de difícil acceso para la investigación puede resultar invaluable para la construcción del conocimiento histórico de colectivos y temas poco frecuentados, así como puede serlo la mirada particular que un artista aporta sobre zonas inquietantes de la realidad presente o pasada”.

Género y mujer

Territorio infiltrado habla más de género que de mujer. Plantea la convivencia entre el pasado y el presente desde la materia. “Creo que estamos en un momento de ebullición donde se siente y se vive un burbujeo pero que todavía no estalló. Estamos en el momento previo a que explote y tenemos que decidir hacia dónde vamos a tirar, qué modelos necesitan una revisión y una modificación, y es este burbujeo el velo que cubre cada pieza que está en la sala y sobre el que se ha estado bordando, cosiendo, rasgando, pensionando. Ese es el velo que nos cubre a todos, que nos limita, que nos sofoca a veces pero que también nos puede dar respiros, es ese velo que todos como sociedad deberíamos tener el ejercicio de revisar, cuestionar y reubicar constantemente”, dice Díaz.

Cristina Bausero la invitó tras ver su obra en el 48° Premio Montevideo, edición en la cual los tres premios con adquisición fueron para hombres. Bausero, que estaba en el jurado, quedó desconforme por el fallo consensuado. Su criterio, como directora del Blanes, es dar espacio a mujeres artistas, siguiendo la política cultural de la Intendencia de Montevideo. “Son muchísimas las salas y los museos que están alineados en ese sentido, y hoy por hoy las artistas mujeres son muchas y muy buenas”, declara.

Verónica Panella, que fue jurado en el último Salón Nacional de Artes Visuales, considera que hoy las artistas uruguayas están un poco más presentes en los salones pero no cree que el arte se escape de la condición general: “Las mujeres seguimos estando unos pasos por detrás de los accesos de los varones”.

Panella cree que “Marzo: mes de las mujeres” es un buen espacio de exposición y nos recuerda que en 1800, cuando abrió la Academia de Artes en Francia, se les daba a las mujeres un lugar aparte, que si bien era para delimitar, también fue un territorio ganado. “Marzo es un espacio que está bien, pero que debe servir para proyectar durante todo el año”, afirma.

A su vez Panella, que ha estudiado los temas elegidos por las artistas uruguayas, dice que no puede definir si hay una separación de temáticas. Sí encuentra puntos en común con una inclinación histórica de la autorrepresentación, o con el área textil. “La labor de aguja ha sido vinculada a los espacios femeninos, pero justamente también ha sido usada para abrir brechas y romper”, declara.

González Soca también relaciona su obra y la aguja: “En algunos casos quiero señalar y anudo, en otros puedo conectar con una línea,con una cadena, porque es algo que me enseñó mi abuela, por ejemplo, y esa cadena me representa a mí en mi vida, los modelos que fui, que quiero ser. Y eso pasa con todas las personas que intervienen, por ejemplo cortan y allí se empieza a establecer un vínculo entre la escultura y el afuera. También hay aberturas diferentes, aberturas desprovistas de contorno y aberturas que fueron enmarcadas, hay pesos que cuelgan, desórdenes que empiezan a fluir, empiezan a aparecer fluidos más sensuales, más heavy metal, de marca dura, cada uno con una huella diferente”.

“El paso, dentro de lo que es el sofocamiento, es buscar estrategias para que se empiecen a generar movimientos en la obra –la obra quieta es mucho menos perturbadora–. Pero también está la necesidad de que esto se mueva, de que genere en algún caso rechazo, de la posibilidad de que se muevan cosas que vayan más allá de las formas y de la estética, que es un área que si bien me conflictúa, me interesa”.

¿Existe un arte femenino en Uruguay? Bausero cree que en algunas artistas sí, pero no en todas. El arte de María Freire, dice, podría ser un arte masculino también. También ve muchas similitudes conceptuales entre la exposición de Alejandra González y la de Lacy Duarte que acaba de bajar en el Museo Nacional de Artes Visuales: las dos trabajan con aquello histórico; Alejandra con las esculturas, Lacy con la ropa y con los conceptos históricos del campo donde ella nació. Las dos con los textiles, las dos el concepto de velo, y las dos trabajan el bordado y el tejido, la intervención sobre la intervención, el palimpsesto de una cosa sobre la otra, ese espesor que va construyendo la mujer. “Por supuesto, con resultados formales totalmente diferentes, pero baja una y sube la otra, y sube lo mismo conceptualmente. Todavía las mujeres en el siglo XXI tenemos una relación con lo textil, una relación con nuestro pasado muy fuerte, una relación con esos territorios infiltrados, con las veladoras que todavía seguimos teniendo incluso mujeres como nosotras, que hemos podido acceder a otras. La obra que Alejandra presentó al Salón Municipal en 2017 y por la que yo quise tenerla acá en el museo, que se llamaba Asfixia, es eso; nosotras, en muchísimos planos de la vida, estamos asfixiadas. No somos hombres, somos mujeres, tengamos la opción sexual que tengamos pero como género somos mujeres, y como tales fuimos y somos educadas, y eso es importante a la hora que la artista expresa su mundo (y digo esto mientras miro a Petrona Viera) en la ronda, aquellas rondas en que jugábamos las mujeres y no los varones; creo que como mujeres tenemos mucho para decir desde el género”.

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