Finisterre

Fuera de la movida

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Un emprendimiento familiar en Marindia revivió sin estridencias, con un nivel de sonido e iluminación armónicos con el entorno boscoso en una casa que había sido boliche. Desde mediados de diciembre ese sitio prácticamente montado alrededor de la piscina, en lo alto de un terreno, ofrece diferentes espacios para comer desde el almuerzo hasta la cena, y la posibilidad de darse una remojada, cómo...
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Un emprendimiento familiar en Marindia revivió sin estridencias, con un nivel de sonido e iluminación armónicos con el entorno boscoso en una casa que había sido boliche. Desde mediados de diciembre ese sitio prácticamente montado alrededor de la piscina, en lo alto de un terreno, ofrece diferentes espacios para comer desde el almuerzo hasta la cena, y la posibilidad de darse una remojada, cómo no, en las horas de sol, así que los que vayan con niños que lleven traje de baño.

Buena parte de la carta reformula lo más clásico del fast food local con ingredientes intensos. Así, las hamburguesas artesanales y las milanesas (de carne premium –detalla–, pollo o garbanzo) se visten con bondiola, con hongos, con queso azul, con cebollas caramelizadas, con rúcula, con alcaparras. Además, el detalle crocante: aquí el escalope se empana con semillas, y hay opciones suficientes como para que cueste decidir.

“Pensamos el menú para todo poder adquisitivo y tener lo que el uruguayo está habituado a comer”, cuenta Adela Schroeder, una de las dueñas. “Las milanesas pero con un toque gourmet, con distintos acompañamientos, y son porciones muy bien servidas. Después platos más de chef, que también he visto que a mucha gente joven le gusta probar”.

Pero la carta no será fija sino que cambiará con la temporada, incorporando, a medida que asomen los fríos, las cazuelas y comidas calientes. El ambiente es distendido aunque no ruidoso, y entre las mesas no es extraño escuchar otros idiomas. Ya cultivaron clientes que van seguido, lo que los obliga a tener una sugerencia del día para que puedan variar. Hasta hace unos meses, como subraya Schroeder, kilómetros a la redonda lo que predominaban eran las pizzerías.

El emprendimiento nació de la voluntad de un matrimonio de “rumbear para un balneario para encontrarse con los hijos” y entre todos, incluso alguna que va y viene del exterior, se ocuparon de reformar y decorar. Como no pertenecen al rubro gastronómico ni siquiera amagaron con improvisar: llamaron a un cocinero experiente, Pablo Crosignani, y fue él quien armó los platos, que no son pocos y tienen una mirada detectable en un ceviche de camarones, una ensalada tibia de quinoa o una vinagreta de maracuyá. También hay tragos que son creación del chef, como el de la casa, con mango, vodka, melón y naranja, u otro, por ejemplo, que lleva licor de menta, licor de cacao y crema de leche.

Adentro caben 80 personas, afuera pueden servir unos 40 cubiertos, y como hay distintas áreas, sectores más informales cerca de la piscina y más íntimos dentro del salón, es un local que se presta para reuniones. La intención es moverlo con shows a mitad de semana –los músicos actúan en un pequeño deck, si el clima acompaña– y con noches temáticas.

¿Qué está saliendo más? “En general todos tienen éxito, pero piden mucho la entraña grillada, el salmón, la pesca del día, la fondue, que es muy original, servida en un pan de campo, y las hamburguesas y milanesas las pide todo el mundo”. Punto extra para los que viven desde el peaje hasta Atlántida y Pinamar: tienen delivery y se puede pedir cualquier plato de la carta.

El restaurante homenajea a una mujer de origen gallego que fue un gran sostén de la familia. Cuando fueron a visitar su pueblo conocieron muy cerca de allí Cabo Finisterre, “un lugar precioso, donde termina el Camino de Santiago”. Como recuerda Schroeder, “Finisterre quiere decir ‘fin del mundo’ porque los antiguos navegantes, en esa punta de España, pensaban que terminaba y que de ahí caían los barcos de la Tierra plana. El nombre tiene que ver con el cariño de una mujer gallega allegada a la familia que nos hizo mucho bien, que nos hizo disfrutar del canto y de la comida. Me parecía también muy simbólico el comienzo y el fin de algo, y el faro como guía de que todo camino es complicado pero que termina en un lugar que es una maravilla”. Por eso dice Schroeder que, entre los espectáculos que preparan para amenizar, “ya vendrán los gallegos con sus gaitas alguna noche”.

Cabo Finisterre (Delta del Nácar esquina Avenida de la Costa, Marindia, Canelones) abre todos los días de las 12.00 hasta la medianoche, salvo lunes y martes, cuando cierra al mediodía. Con consumiciones de $ 550 en adelante se puede usar la piscina hasta las 19.30. Algunos miércoles hay show y cobran un cubierto artístico, generalmente de $ 100. Tiene delivery por la zona y está en los planes incorporar un sushi bar.

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