Foto: Juan Manuel Ramos

La otra escuela pública

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Ensayos de hasta diez horas diarias, clases prácticas y teóricas, giras por el país y la región: todo por amor al arte. Niños y jóvenes uruguayos hacen audiciones cada año por la oportunidad de pertenecer a uno de los cuerpos estables o por un lugar en las escuelas de formación artística del SODRE, que les ofrecen un nivel profesional de educación en las artes a cambio de vocación y dedicación. El Coro Nacional de Niños, la Orquesta Juvenil y las Escuelas Nacionales de Arte Lírico, Ballet,Folclore y Danza Contemporánea conforman la oferta educativa del SODRE. Esta semana comenzaron con las audiciones para definir los ingresos de 2018, que no son tantos en comparación con la cantidad de jóvenes que desean formar parte. la diaria conversó con los directores de los cuerpos estables sobre el trabajo cotidiano de formación y las proyecciones de mejoras para el próximo período, que incluyen, entre otras cosas, el reconocimiento académico del paso por la institución y la idea de un nuevo edificio que permitirá unir el sistema formal de educación con las propuestas artísticas.

En las audiciones de estas semanas todos los directores buscan lo mismo: encontrar a los jóvenes que puedan formarse con un alto nivel de exigencia artística, para obtener de ellos el máximo nivel profesional. Ariel Britos, director de la Orquesta Juvenil del SODRE, explicó a la diaria: “En las audiciones lo que se busca es elevar cada vez más el nivel, que esta etapa preprofesional sea lo más parecido posible a lo que es una orquesta profesional y un entrenamiento intensivo para el futuro”. Agregó que en la orquesta, en particular, “todos los años se pone [el plantel] a cero y hay nuevas pruebas. Los jóvenes vuelven a audicionar y muchos permanecen por su buen nivel”. El cupo máximo de la orquesta es de 120 integrantes; la limitación principal para aumentar los lugares es económica, porque los jóvenes reciben una beca, “sobre todo por lo que cuestan los instrumentos y su mantenimiento”.

En el Coro de Niños, el más reciente de los cuerpos estables juveniles, no es necesaria la formación previa; en las audiciones sólo se busca “ver su capacidad de afinación y el manejo escénico”, comentó en diálogo con la diaria su director, Víctor Medeiros. Este cuerpo también está compuesto por 120 integrantes; a diferencia de la orquesta, año a año sólo se renuevan los puestos de quienes no pueden continuar, y se abren unos 20 lugares por año.

Por otra parte, las escuelas de formación artística tienen audiciones con características particulares en cada división, aunque en general ingresan unos 20 estudiantes en cada una. Sobre las pruebas, el director de las escuelas, Martín Inthamoussu, detalló: “Son todas distintas. Por ejemplo, para entrar a preballet, cuando tienen seis años, medimos sus potencialidades. En las otras audiciones recorremos distintos estilos, porque entendemos que, aunque el estudiante se esté presentando para una carrera particular, es necesario que la audición investigue su cuerpo en distintas situaciones. En danza [Ballet, Folclore y Danza Contemporánea] también se les pide tener un mínimo de dos años de clases relacionadas con el cuerpo; no necesitamos que tengan estudios previos, pero sí que ya estén relacionados, porque en cuatro años, si se parte de cero, no se puede alcanzar el nivel profesional que buscamos”.

Un papel importante

La formación que reciben los jóvenes que pasan por el SODRE es de alto nivel profesional: en todos los cuerpos hay casos de estudiantes que han audicionado y ganado becas o pasantías en prestigiosos elencos internacionales. Sin embargo, en Uruguay el SODRE no está homologado como instituto educativo, por lo que el diploma que reciben los egresados funciona como un reconocimiento por su paso en la institución, pero no como un título de grado: en el caso de la Orquesta Juvenil y del Coro de Niños se les entrega un certificado, mientras que en las escuelas se les da un título de formación, pero no de grado.

Las autoridades, tanto del SODRE como de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), están en negociaciones para generar el título que los jóvenes demandan. “Todos los estudiantes del SODRE ya cuentan con el reconocimiento a nivel artístico y de toda la sociedad, pero queremos que quienes quieran seguir cursando una trayectoria académica puedan tener su reconocimiento de grado. Integramos una comisión que trabaja junto con actores de la Universidad de la República, del sistema educativo y del MEC para llegar a ese reconocimiento, que es muy esperado por los egresados”, enfatizó Inthamoussu.

Por su parte, Britos explicó que sus estudiantes terminan su paso por la orquesta con un excelente nivel en cuanto al manejo del instrumento y la performance orquestal, pero además han pasado por años de formación en pedagogía, lo que los convierte en “excelentes docentes, que han mamado la profesión desde el principio y han adquirido un nivel muy alto”. Ese título les daría tanto el reconocimiento artístico como el académico, lo que les permitiría desempeñarse con más seguridad como docentes. Asimismo, el director de la orquesta destacó que la titulación “asegura la formación de un músico integral, que habrá estudiado armonía y contrapunto, pero también historia del arte y de la música”. Agregó que el título sería entendido como estudios de nivel terciario: cuando los jóvenes terminan el liceo se les homologaría el título.

Nueva casa, menos vueltas

El compromiso de los jóvenes es fundamental para tener un pasaje exitoso por el SODRE: los ensayos de muchas horas, los traslados, las diferentes clases y sus evaluaciones demandan una gran participación de los integrantes de los cuerpos, pero cuando se trata de jóvenes ese compromiso no se limita a ellos, sino que se extiende a sus familias. Padres y madres terminan moldeando su agenda a la rutina del SODRE, de sus ensayos y actuaciones, lo que se suma a las actividades académicas del sistema formal, que también son parte de la formación de sus hijos.

El director de la Orquesta Juvenil aclaró: “Los horarios están diseñados para molestar lo menos posible. Tratamos de que ellos prioricen su etapa curricular y monitoreamos eso, pero no es un gran problema porque nuestros muchachos entienden la importancia que tiene la educación”. A su vez, destacó “el vínculo muy directo que tiene la orquesta con las familias”. En el Coro de Niños la participación de los adultos es incluso más notoria, porque los integrantes son más jóvenes. Medeiros señaló: “El trabajo es con ambos, los niños y la familia; se necesita el apoyo para sustentar el proyecto y, por suerte, se tiene; el coro termina transformando la vida del niño, de la familia y, muchas veces, hasta del barrio”.

Una de las mayores complicaciones para las familias son los traslados desde las escuelas y liceos hasta los lugares de ensayo. Para solucionar esto, las autoridades del SODRE y del MEC trabajan la posibilidad de destinar un edificio que agrupe una escuela, un liceo y los lugares de ensayo del coro, la orquesta y las escuelas de danza. Uno de los principales ideólogos de esta iniciativa es el ex director del Ballet Nacional del Sodre (BNS) Julio Bocca, que en su período de gestión avanzó hasta el punto de decidir dónde estaría el edificio: un gran predio abandonado a la vuelta del SODRE, por la calle Uruguay. Por el momento, según contó Inthamoussu, no hay presupuesto para la obra y el tema no está en agenda. “Ya sabemos que existe la voluntad política de los ministerios y de las autoridades de la educación, pero falta el presupuesto; de este modo lograríamos contar con una escuela integral, como sucede, por ejemplo, en París, donde los chiquilines se mueven dentro del mismo ámbito y comparten no sólo con su división sino con otros cuerpos artísticos”, agregó el director de las escuelas.

Jóvenes clásicos

Las grandes óperas de Wolfgang Amadeus Mozart, los ballets de Piotr Tchaikovski y los cantos de Eduardo Fabini son piezas elaboradas mucho antes del nacimiento de los jóvenes que hoy componen los elencos del SODRE; sin embargo, y en contra de todo prejuicio, el momento de interpretar un clásico es el más esperado por todos. “La juventud tiene gran influencia en el repertorio, pero es un aprendizaje y una educación permanente que tienen los chicos, que provoca el reconocimiento de múltiples obras. Colocamos siempre aquellas que motivan y que generan cierta adrenalina, pero también, con el tiempo, cuando empiezan a entrar en determinada madurez musical, desarrollan el gusto por la calidad, por los colores y texturas diferentes, y eso es en base al conocimiento de la orquesta. También hay una particularidad de la juventud: como tienen una avidez muy grande de conocimiento, si uno fundamenta y justifica el porqué de la elección se genera un gran interés”, manifestó Britos.

“En todos los años de trabajo en el coro hemos ido incorporando una metodología particular. Sabemos muy bien que, en la medida en que desarrollamos una buena presentación del repertorio, menos resistencia va a generar en los chiquilines, y buscamos siempre presentarles cosas nuevas; si hubiéramos pensado esto de otra forma, no estaríamos haciendo Fabini en este momento. Permanentemente cambiamos el repertorio, por las propias características de la programación de la institución, y eso hace que el trabajo sea muy dinámico y que los niños nunca lleguen a aburrirse”, dijo Medeiros.

Por su parte, Inthamoussu explicó que la reacción de los estudiantes “depende del marketing que tenga cada obra”. “Si le planteamos a un estudiante de ballet clásico que va a hacer El Lago de los cisnes, es seguro que se entusiasma, aunque sea un clásico, porque para ser profesionales deben conocerlos”, apuntó. Agregó que eso no se repite en todas las divisiones: “En Danza Contemporánea es muy diferente, porque es poco el trabajo sobre repertorio ya montado, entonces la creatividad juvenil juega un gran papel; de hecho, para egresar deben crear su propia obra. Cada estilo es diferente, y los docentes lo saben y lo usan a su favor”.

Las formativas del SODRE han logrado un vínculo muy estrecho entre ellos y también con los cuerpos estables de adultos. La elección del repertorio muchas veces está dada por las obras en las que se los demanda; un buen ejemplo de unión entre las partes fue la puesta en escena de El cascanueces en 2017, que involucró la participación del BNS, las orquestas de adultos y de jóvenes del SODRE y el Coro de Niños. Los directores concuerdan en que la articulación es muy buena y motivadora para todos, porque les permite desarrollarse en los diferentes roles que se juegan a nivel profesional.

El público, que podría esperar de los jóvenes obras modernas, también ha refinado su gusto y se acostumbró a ver los grandes clásicos interpretados por las nuevas generaciones. “La respuesta es impresionante. Se valora de una manera increíble lo que la orquesta pone sobre el escenario, más allá del hecho artístico en sí. Al público le gusta ver jóvenes desarrollando una performance a nivel profesional y los impulsa a seguir trabajando”, aseguró Britos. En esta línea también opinó Medeiros, que contó que el Coro de Niños es visto cada vez por más personas: “El público responde muy bien al coro. Estimamos que el año pasado llegamos a las 10.000 personas”. Para Inthamoussu, la excelente respuesta que tienen, siempre a sala llena, “es también la forma en que la gente disfruta lo que está pagando con sus impuestos, porque las escuelas existen y son públicas gracias a la colaboración de todos”.

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