Smiley

Chico conoce chico

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Los emoticones condensan la gestualidad expansiva, anticipan el cara a cara o lo desplazan, según el caso. ¿Pero cuánto logra comunicar una carita feliz? La comedia más famosa del dramaturgo y guionista catalán Guillem Clua, _Smiley_, que se estrena en versión local la semana que viene, sucede en tiempos de redes sociales y aplicaciones de citas. Ese mundo virtual plantea desafíos extra para el...
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Los emoticones condensan la gestualidad expansiva, anticipan el cara a cara o lo desplazan, según el caso. ¿Pero cuánto logra comunicar una carita feliz? La comedia más famosa del dramaturgo y guionista catalán Guillem Clua, Smiley, que se estrena en versión local la semana que viene, sucede en tiempos de redes sociales y aplicaciones de citas. Ese mundo virtual plantea desafíos extra para el espacio escénico, pero mal o bien es un asunto que se viene resolviendo desde piezas como Closer (Patrick Marber, 2004). Esta historia de amor retoma el mito japonés del hilo rojo que uniría a los amantes para guiarlos uno hacia el otro, sin importar cuánto difieran sus vidas ni su carácter. Ya el cineasta Takeshi Kitano se valió de esa leyenda para la experiencia visual que fue su película Dolls, de 2002.

Guillem Clua reconoce que esa idea del encuentro como destino, tan popular en productos fílmicos, literarios y de manga, le iba muy bien a su historia de Álex y Bruno, pero sus referentes más claros fueron las películas del Hollywood de los años 50, en especial las comedias románticas de Howard Hawks: “Mi intención en todo momento fue utilizar los mecanismos clásicos de esos filmes, el boy-meets-girl, los equívocos, la ‘guerra de sexos’ (aunque en esta ocasión sean dos hombres), en una historia gay. Hay una mención explícita a Bringing Up Baby”, la película conocida en Uruguay como Domando al bebé o La adorable revoltosa, “como guiño a todo eso”, dice y agrega: “La idea era mostrar que tanto en una película de los años 50 como en una obra de teatro gay del siglo XXI el tema es exactamente el mismo: el amor. No importa quién lo sienta, quién lo persiga, si es hombre, mujer, gay, lesbiana, transexual, bisexual... todos sentimos exactamente lo mismo”.

Suele señalarse la formación periodística de Clua como la razón de base para que sus obras sean tan eclécticas y aborden temas de actualidad, desde la guerra de Irak al conflicto palestino, del cambio climático a los nacionalismos. Sobre el proceso de escritura de esta pieza –que fue descrita como una Wikipedia de la comunidad gay de Barcelona–, el autor habla de un origen curioso. “Nació como una pieza corta de 40 minutos en un evento muy popular en Barcelona que se llama Torneo de Dramaturgia Catalana (hace ya siete años que se celebra en el marco del Festival Temporada Alta). Es una competición de textos breves votados por el público. Smiley no ganó el premio final en su momento pero captó la atención de un productor que me propuso alargar el texto a hora y media y convertirlo en un espectáculo para Barcelona”. De esa forma, la obra definitiva se estrenó en la sala Flyhard en 2012 y fue, en sus propias palabras, “un exitazo”. Lo cierto es que agotó localidades durante meses y de allí saltó a un teatro de mayor exposición, hasta llegar a una sala comercial en plenas Ramblas.

“El público acogió la pieza con entusiasmo y fue la primera vez que una obra con una temática gay tenía ese nivel de éxito. Luego vinieron los premios, la producción en Madrid y las versiones internacionales que aún siguen surgiendo, cosa que me hace muy feliz”, confiesa Clua sobre el trayecto que la pieza tuvo por Italia, Grecia, Chipre, Puerto Rico y Chile.

Antes del debut en Montevideo, con los ascendentes Cristian Amacoria y Nicolás Pereyra como protagonistas, dirigidos por Vika Fleitas, que además encaró la adaptación, el dramaturgo habló sobre las diferencias de recepción de Smiley en las diferentes sociedades: “En Barcelona y Madrid fue un fenómeno. En Atenas se ha repuesto varias veces también y la obra fue premiada. Normalmente suele ser polémica en países en los que la homosexualidad no está tan normalizada como en España. La versión italiana, por ejemplo, causó un gran revuelo (cosa que me alegró), y en Santiago de Chile incluso hubo un intento de cancelarla en el contexto de un festival de teatro por considerarla inapropiada”.

Smiley, de Guillem Clua, dirigida por Vika Fleitas. Estrena este miércoles a las 20.30 en la sala Zavala Muniz del teatro Solís. Va los miércoles y jueves de abril. Entradas en Tickantel y en boletería de la sala (descuentos para Comunidad la diaria).

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