Felipe Cracel y Joaquín Martínez, integrantes de Arrajatablas Flow Club (AFC). Foto: Pablo Vignali

Rebeldes con causa

AFC se presenta hoy en Inmigrantes.

Sexo explícito, referencias pop, cultura barrial y muchas puteadas: hace ocho años, cuando ganaron el Pepsi Bandplugged, se transformaron en la revelación del hip hop local. Hoy los AFC preparan su tercer disco y lo testean esta noche. Por eso, hablamos con Joaquín Martínez y Felipe Cracel, los responsables de la banda.

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A rrajatablas rap, no más caras largas, no más bandas de planchas, no más lleca para los pibes desde la planta, no más chanta al frente de religiones jugando con tanta gente perdida por no encontrar lo que Dios manda, no llamen vándalos a los grafiteros, llenan las calles de arte sin cobrárnoslo, no más televisión, vómito y famositos berretas inventando escándalos, no vendo mi culo por ningún espectáculo ni a palos. Mis letras le hacen honor a mi nombre, cáptalo. Arrajatablas te rapta a su pantano, allá se espantan hasta los espartanos porque no pasa naranja en La Zanja hasta que baja el sol del fucking sábado, zarpado como la clavo al ángulo de parado. Piba va para vos, no me digas más “no”, vámonos y mano nos mandamos, nos desacatamo.

Así se presentaba Arrajatablas Flow Club (AFC), dúo de hip hop oriundo de San José, en el tema homónimo que abría su primer disco, Grandes valores del hardcore (2013), que resultó ser un soplo de aire rebelde e irreverente a pura rima. En 2015 editaron ANTRO, con temas más pegadizos y menos malabares de palabras pero igual de filosos, que mezcla referencias muy uruguayas como Cutcsa y Sayago con Pikachu y Eric Clapton (“Ifiunougüaramsein”). “Mi meta próxima se aproxima a pegarte como el Poxiran en la esquina”, dicen en el tema “Droga”.

La meta de Joaquín Martínez y Felipe Cracel es dejar sus trabajos ordinarios y dedicarse sólo a la música. Con el tercer disco que tienen entre manos, que, según adelantan, es más popero, esperan llegar a más gente, y quizás logren su sueño.

Hoy a las 23.30 AFC se presentará en el bar Inmigrantes (Juan Paullier 1252), donde estrenará canciones del álbum que se viene y “alguna cosa más arriesgada”, según cuentan sus integrantes, como una versión de una “boy band”.

¿Por qué hip hop y no milonga, candombe u otro género uruguayo?

Felipe Cracel (FC): No sé, porque soy rockero. Tampoco sé cómo terminé acá. Y él escuchaba Slipknot y System of a Down, pero justo en el momento que arrancamos nos empezó a gustar el hip hop.

Joaquín Martínez (JM): En realidad, como ninguno de los dos tenemos teoría musical en ese momento fue la manera más fácil y directa de hacer música que encontramos. Éramos guachos melómanos que queríamos hacer algo y era simplemente escribir y toquetear programitas, entonces el hip hop recuadró con eso que estábamos pensando en ese momento. No teníamos herramientas ni conocimiento para hacer la música y con el rap vimos que la podíamos hacer nosotros sin preguntarle a nadie.

FC: No se precisa una banda, con Fruity Loops [programa de edición y producción digital de audio] ya está.

JM: Es lo que tiene el hip hop: do it yourself en todos los aspectos. Hacelo vos y ya está. Nosotros no conocíamos a nadie que lo escuchara pero veíamos cositas por internet.

Las letras de ustedes tienen muchas referencias que van desde la cultura pop hiperconocida, como Obi-Wan Kenobi de la saga Star Wars –que es una obsesión porque lo mencionan en más de un tema–, hasta personajes de la televisión más triviales como Wanda Nara. ¿Salen a buscar esas referencias o ya las tienen en su marco cultural?

FC: Es el marco cultural. Yo, por ejemplo, me considero hijo de la televisión. Soy hijo único y me pasé mirando tele muchos años. Incluso ahora tengo la tele de fondo, por más que no la mire. Pero en la actualidad ya es un interés, como decís vos, para ver de quién se habla y qué se usa. Porque hablar de Wanda Nara hoy ya no tendría tanto sentido.

JM: Originalmente era algo medio natural, pero después me di cuenta de que la gente se empezaba a sentir identificada y capaz que ahora ya hago un poco más conscientemente lo de escribir con referencias culturales. Pero al principio era para expresar una idea y ser gráfico sin pensarlo demasiado.

FC: Seguro debe de haber una influencia de Eminem, que lo hace todo el tiempo.

JM: Pero yo nunca lo pensé así, sino como que es la herramienta que tenés más a mano para crear contenido, lo que ves todos los días.

FC: Ahora estamos pila con el spanglish porque todo el tema de la cultura pop te da más palabras para rimar. En el nuevo disco metimos hasta cosas en portugués, porque llega un momento en que se te acaban las palabras o ya rimaste mil veces con las mismas palabras.

¿No les pasa que por la exigencia de las rimas usan palabras por su forma y no por su contenido?

FC: A mí me gusta más el tema de jugar con la fonética, entonces a veces busco mucho las palabras y después veo cómo armar el puzle. No es tanto “quiero decir esto, ¿cómo lo digo?” sino que junto a ver qué hay y luego veo qué digo y cómo.

Supongo que cuando están en un ómnibus y se sube alguno de esos que hacen freestyle y preguntan palabras para rimar, ustedes no participan. Son como los boxeadores que tienen la piña prohibida...

JM: Siempre pensé en hacerlo. Digo “lo dejo de cara”, porque voy de camisita y no entenderían nada.

FC: Hay de todo. A mí el otro día me pasó. Se subieron a rimar unos y pidieron unas palabras, pero no metieron una rima, era como que hablaban arriba de la base. No sé qué imagen tendrían del rap ellos... Una vez les dije “indio”, porque no tiene tantas rimas, pero me hicieron la jugada de meterla en el medio para no usarla: “Un indio... no sé qué cuánto”.

Más allá de las rimas, ¿qué buscan decir?

FC: Siempre vamos al choque, eso es seguro y nos gusta. No somos tribuneros, de cantar “vamo’ arriba que la vida puede más”.

JM: Surge de la típica inconformidad que tiene uno como integrante de la sociedad en la que vivimos, que tiene un montón de defectos. Nosotros encontramos una veta donde poder expresarla, entonces capaz que es más directo o menos directo, con más o menos acidez, realidad o ficción, pero la idea es sacarnos esas cuestiones que tenemos adentro.

FC: Increíblemente, eso del bardo y de putear capaz que es una especie de diferencial en nosotros, pero es rarísimo porque en el hip hop en general no lo es, ya que siempre va al choque. Pero en Uruguay nadie putea tanto ni va tanto al choque. Eso nos representa bastante, es el trabajo sucio que alguien tiene que hacer.

Hay varios temas de ustedes que hablan de sexo explícitamente, como “El infierno” y “Me gusta sucio”, que en el rock uruguayo actual no se encuentran. Pero también les tengo que comentar que, así como tienen una obsesión con Obi-Wan, también la tienen con el sexo oral...

JM: ¿Quién no la tiene? “Me gusta sucio” viene de una relación bastante pasional que tuve, un día me salió ese tema. Pero después me di cuenta de que había generado tremendo impacto en la gente, y de que nadie lo hacía. En ese momento pensé “está de más hacer cosas que a la gente la sorprenda”. En el segundo disco lo hice de vuelta pero más elegante, si bien tiene un montón de cosas jugadas.

FC: Y también porque nos dimos cuenta de que “Me gusta sucio” les gustaba a las minitas...

¿Ven que falta rebeldía en el rock uruguayo actual?

FC: Creo que falta actitud, es todo muy prolijo, muy de camisa. Y a las generaciones nuevas todavía no las entiendo mucho. No entiendo todo lo efímero, y que se haya muerto el LP y estén más para el video. Todas esas cosas a las que nosotros nos tenemos que adaptar porque estamos quedando afuera.

JM: Yo veo, sobre todo con el rap de ahora, que falta contenido, pero no en el sentido de crítica sino de una idea elaborada atrás de la rima, porque veo que los guachos se rapean todo pero entrás a los últimos videos y todos están hablando de lo mismo: de la minita que se levantaron, de que se fumaron un porro, y ta. La verdad que eso me emboló fuertísimo. Yo me crie con Eminem, que hacía canciones sobre que mataba a la esposa [“Kim”]. Estaría bien o mal, pero había una idea o concepto atrás de eso. Con Kendrick Lamar me pasa lo mismo, un tipo que hace un disco pensado de pe a pa, esas son las cosas que me gustan. Pero hoy es todo tan inmediato y el rap está tan de moda que han cambiado los parámetros: es más repetitivo, pero en definitiva también hay un poco de que la gente quiere eso.

Del primer disco al segundo se notó una evolución musical, con estribillos de melodías más trabajadas y menos rapeo. ¿Qué se viene en el tercer disco, que ya terminaron de grabar?

FC: Es como más bailable y más popero. En la música quizás hasta nos pasamos un poquito de rosca con lo popero, pero las letras siguen siendo un bardo, eso seguro.

Tirame algún verso de la más bardera.

FC: “Me chupa la happiness”.

¿Ven que tienen una obsesión con el sexo oral?

JM: Tiene razón, boludo... Yo me inventé una definición del disco nuevo, que es como la evolución del rap competición. Porque la competición sigue estando, seguimos rapeando en este plan de “somos los mejores” y tratando de buscar complejidad en las rimas, pero empezamos a meternos en otro terreno que es más de la música bailable y de lo pop.

¿Se creen los mejores?

JM: Creo que técnicamente estamos en un nivel salado, pero ser el mejor para mí también lo define qué tan bien te va. En ese sentido no me animaría a decir que somos los mejores, porque hay un montón de gente que trascendió mucho más que nosotros, pero técnicamente me siento a la par de cualquiera. Y hoy por hoy ya estoy más grande y no tengo la necesidad de decir que soy mejor que aquel o el otro, pero escucho mis rimas y juegos de palabras, o las de Felipe, y pienso “pah, no imaginaba que pudiéramos hacer esto cinco años atrás”.

¿Cómo se va a llamar el disco nuevo?

JM: Murgang. Sería algo así como “la pandilla murga”. Es una especie de alter ego que tomamos en este concepto de querer buscar algo más popular.

FC: El disco es bastante de ficción, porque somos muy de la sátira. Yo no me considero 100% rapero ni vivo a rap todo el día.

¿No se pusieron a mezclar murga con rap?

JM: No mezclamos musicalmente, pero sí es la idea de la murga, eso de querer llegarle a todo el mundo y ser re popular. Con este disco queremos hacer eso.

¿Tiene algo de rock?

FC: Suena medio rockero de a ratos, y en vivo seguro siempre es más rock. A nosotros nos ha ido mejor con el público rockero. Creo que vienen a vernos más rockeros que raperos. Me pasa muy seguido que la gente que me felicita por la banda me dice: “Yo no escucho nada de rap pero me encanta lo de ustedes”, me pasa todo el tiempo. Nos va bien pescando gente de otro lado, más que la gente del estilo mismo, que quizás es más purista, y como nosotros somos un poco barderos capaz que no les cae del todo bien.

¿Qué busca el purista del rap?

FC: Ir más para el lado de lo comprometido socialmente; no les gusta mucho la competición, eso seguro.

Pero gran parte del rap yanqui es así.

JM: Es una locura, porque es otra realidad. Los tipos la pegan y de un día para el otro tienen una mansión, tres Bentley y un Lamborghini. Técnicamente es una locura lo que suenan sus discos, pero están a otro nivel, musicalmente despegados. Los negros son unas bestias: hablan y ya están haciendo un tema.

FC: Pero volviendo a lo otro, dentro de los distintos estilos de rap, acá en Latinoamérica siempre gustó más el comprometido socialmente, el personal, que el rap competición y más bardero. El rap personal no me gusta, porque para mí es un embole decirte que el mundo es una mierda. Ya lo sé, si escucho música es para olvidarme de eso.

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