En una extensa y rica nota aparecida en Brecha el 4 de mayo, Aníbal Corti sostiene su tesis sobre el temprano origen del marxismo leninismo en Trías. Quiero aclarar que no atribuyo a Corti afirmar que hay una tensión en Trías y en el proceso histórico del socialismo, sino que esa tensión entre el socialismo nacional y el marxismo leninismo estaba en mi discurso, cosa que acepto y que creí había quedado claro al final de mi nota anterior. Esto no quita que haya tensiones en el pensamiento de Trías, lo que es evidente, y hasta normal, a lo largo de toda su vida política y teórica.

Coincido con gran parte del análisis sobre el tema de la nación y de la interpretación del imperialismo y la dependencia en Trías, no así con el enfoque tan tajante sobre el corte con la Segunda Internacional y la asunción de los puntos de vista de la Internacional Comunista (Comintern por su abreviatura en inglés). La ruptura del socialismo uruguayo con la socialdemocracia europea fue total en 1960, pero muy matizada con el Secretariado Latinoamericano de la Internacional Socialista (IS) , por lo menos hasta los primeros años de la década de 1960. (1) Suponer que el debate de la izquierda de hace seis décadas respondía a la dicotomía entre las internacionales es simplificar un problema que el mismo artículo de Corti muestra como algo más complejo. La izquierda no comunista abrevaba de múltiples fuentes, no sólo del marxismo encuadrado en la Comintern. Además, la veta revisionista y tercerista del socialismo nacional desentona con las tesis de cualquiera de las etapas de la Internacional Comunista. En realidad el proceso hunde sus raíces en la historia del socialismo uruguayo.

Desde su reconstrucción, en 1921, el Partido Socialista se presentó como “la otra izquierda”, una organización diferente al comunismo, pero marxista, en la que se podía debatir, donde las diferencias eran aceptadas, que hacía alarde de una organización democrática y diversa. Los socialistas tuvieron así una actitud intelectual abierta, un marxismo que no se cerraba al dogma ni a las estrecheces del estalinismo, lo que significó para ellos un orgullo y una seña de identidad. Así, la actitud intelectual de Trías y de su marxismo sintoniza con esa tradición del socialismo uruguayo, e integró por eso a todas sus elaboraciones diferentes aportes, sin prevenciones de ningún tipo. La lectura del imperialismo que hizo el socialismo nacional no respondió a una adhesión al leninismo sino a la apertura intelectual, tan cara a los socialistas desde 1921. Aquel marxismo era abierto y enriquecido por todos los aportes, como el mismo Vivian Trías sostuvo en la época.

Sin embargo, Corti sostiene que el socialismo nacional es hijo directo del marxismo leninismo y que Trías se integró a esta opción en la década de los cincuenta. Y la confirmación de esta hipótesis, creo, no surge de la documentación citada en su extensa nota, ni tampoco se corresponde con la documentación analizada por mí a lo largo de los años.

Trías gira hacia el marxismo leninismo en los sesenta; que haya aceptado determinadas posiciones de Lenin, de Bujarin o de Rosa Luxemburgo en sus análisis anteriores no lo hace necesariamente un marxista-leninista confeso, de la misma forma que sus referencias a Trotsky en “Estancamiento y crisis interna de la burguesía uruguaya” no lo transforman en un trotskista; integrar a los análisis puntos de vista correctos de algún autor no hace necesariamente a alguien devoto de la corriente del citado.

Asimismo, creo, de la documentación presentada por Corti no surge la adhesión al leninismo, pero sí al marxismo abierto y crítico que decíamos. Es más: a lo largo de todo su artículo no aparece un solo documento ni una sola cita del autor analizado, Vivian Trías, sosteniendo su apoyo al leninismo durante el período que Corti entiende se dio esa transformación, la década de los cincuenta. La adhesión de Trías a las teorías del imperialismo y de la dependencia formaba parte del bagaje de toda la izquierda no comunista de los cincuenta, cuando escribió “Raíces, apogeo y frustración de la burguesía nacional”.

La documentación en contra de esta hipótesis es abundante. Quizá el mejor ejemplo sea la nota aparecida en El Sol en diciembre de 1961, “Marx, Lenin y la Revolución Latinoamericana”, en la que Trías, de puño y letra, discrepa con Lenin y el leninismo, al que define como “el marxismo aplicado y desarrollado en la experiencia de la Revolución Rusa y en la construcción de la URSS”. Así, para Trías en 1961 –luego de que Fidel asumiera el marxismo-leninismo y en respuesta a la Segunda Declaración de La Habana– “ser marxista leninista en la Unión Soviética tiene sentido pleno y cabal. Pero si admitimos que la versión leninista del marxismo no puede aplicarse mecánicamente en otras naciones, ni en otras épocas ¿qué sentido tiene ser marxista leninista fuera de la Unión Soviética?”. La respuesta para el Trías de 1961 era que “el marxismo de nuestra época es algo mucho más rico, complejo, vivo y universal. En él se conjugan las experiencias de muchos revolucionarios e ideólogos, encara hechos substancialmente nuevos, problemas desconocidos para Lenin”. En consecuencia, el hecho de que la contradicción entre potencias imperialistas analizada por Lenin fuera sustituida en los sesenta por la “insurgencia de las orillas coloniales” hacía que se vieran “superadas algunas de las conclusiones principales de Lenin”. En la misma línea de razonamiento, Trías marca como error la tendencia leninista a creer en el desarrollo capitalista de las periferias: “el leninismo –en cuanto análisis de los hechos nuevos– ha sido superado en muchos de sus aspectos esenciales”.

En conclusión, aquel Vivian Trías de finales de 1961 sostenía: “De ahí que nosotros no nos definamos como marxistas leninistas, sino sencillamente como marxistas. Definición que abarca el rico y vivo fluir de la constante aplicación del marxismo a la transformación revolucionaria del mundo”. (2)

Esta reafirmación marxista y no leninista quizá responda a su preocupación por la declaración de Fidel como marxista leninista. Según los agentes de Seguridad del Estado checoslovaco (StB) que se contactaban con Trías en esa época, el líder socialista estaba preocupado y “nervioso” porque la asunción del marxismo leninismo restaría apoyos a la Revolución cubana en Uruguay y en América Latina y podría tener efectos contraproducentes. (3)

En su más importante obra del año de este artículo, El Plan Kennedy y la Revolución Latinoamericana, (4) Trías aún se presenta como crítico del papel de la URSS. Si bien considera con atención otros socialismos, como el yugoslavo o el chino, a lo largo de toda la obra acompasa los aportes de Lenin con los de otros teóricos, especialmente Paul Baran y Paul Sweezy, entre tantos, sin adherir al marxismo leninismo, pero sí comenzando un giro ideológico muy sutil, que va a derivar en la transformación de años después. Así, en la documentación del StB, hasta muy avanzada la década de 1960 se lo presenta como un “socialista” o un “típico socialdemócrata” y como “marxista” muy afín a las experiencias del bloque soviético, pero crítico de ellas en varios aspectos. (5)

Sigo creyendo que el giro ideológico de Trías y del socialismo uruguayo hacia el marxismo leninismo es un proceso que comienza luego del fracaso de la Unión Popular (1962), del hundimiento del Partido Socialista y que responde, además, al impacto de la Revolución cubana, no porque sea una simple deducción, sino porque la documentación histórica lo demuestra. Cómo fue el recorrido para llegar a esa transformación y cómo incidió su relación con la inteligencia checoslovaca es otro tema, que estamos intentando aclarar. Y para ello importa todo, desde la peripecia personal del principal teórico del socialismo nacional, pasando por las opciones ideológicas, tácticas y estratégicas, hasta las formas de vinculación con su organización, con el resto de la izquierda y con los servicios extranjeros. Porque todo es historia.

Es un gusto intercambiar en este nivel con Aníbal Corti. Ojalá sirva para mejor comprender nuestro pasado y para comprender nuestro presente.

(1) El Sol: “32ª Congreso del Partido Socialista”. 5 de febrero de 1960, Montevideo. En la resolución de ruptura con la IS destaca el perfil tercerista, con un llamado a vincularse con las fuerzas revolucionarias nacionales y populares del Tercer Mundo “que luchan contra el sojuzgamiento de sus países por parte de los dos grandes centros de poder imperialista (EE.UU. y URSS)”.

(2) Vivian Trías: “Marx, Lenin y la Revolución Latinoamericana”. El Sol, diciembre de 1961, Montevideo.

(3) Archiv bezpečnostních složek (ABS). 43943_000_0185. Montevideo, 1.11.1961. TRÍAS. Záznam ze schůzek dne 9.10 a 25.10.

(4) Vivian Trías: El Plan Kennedy y la Revolución Latinoamericana. Ediciones El Sol, 1961, Montevideo.

(5) ABS. 43943_000_0043. Memorandum. 3 de mayo de 1964. ABS. 43943_000_0083. Vyhodnocení spolupráce. 8 de octubre de 1968, Praga.