En 1998, y de la mano de Nancy Guguich, fundadora del legendario grupo de música para niños Canciones Para No Dormir La Siesta, fundamental dictadura de los 70 y de enorme presencia en los albores del retorno de la democracia, a mediados de los 80, surgió Cantacuentos. El grupo funcionó desde sus inicios y durante sus 20 años de trayectoria como un puente intergeneracional, en el que Guguich se unió en la creación para los más chicos con músicos más jóvenes –entre ellos sus hijos Martín y Paolo Buscaglia– que forman parte de la generación que creció escuchando y viendo a Canciones en el teatro.

En estas décadas, Cantacuentos mantuvo la impronta de dirigirse a los niños “desde el respeto, el profesionalismo, la vocación y el amor por la tarea”, y en estas vacaciones de julio, con el espectáculo que va a presentar en la sala Zitarrosa (todos los días en doble función, a las 15.00 y las 17.00) celebrará “20 años de música, cuentos, canciones, recorriendo con diferentes colegas y amigos esta pequeña utopía desde la palabra, la poesía, el juego, la canción, procurando con nuestro trabajo un tiempo mejor”, sostienen. Por otra parte, como parte del cumpleaños de número redondo, está próximo a salir de la imprenta, editado por el sello Criatura, un cancionero que incluye 33 temas que recorren la trayectoria de la banda, tanto clásicos como nuevos, incluso alguno que aún no ha sido grabado.

Sobre todo esto hablamos con Martín Buscaglia, integrante de Cantacuentos desde diferentes roles, algunas veces sobre el escenario, otras en la composición y en la producción. Este año va a estar en la Zitarrosa junto a Nancy Guguich, Gonzalo Brown, Paolo Buscaglia, Rodrigo Souza, Elena Prieto y Hernán Peyrou.

“El espectáculo es una recorrida por algunas de las muchísimas –alrededor de 100– canciones que componen el repertorio. Mi vieja está en las antípodas de regodearse con el pasado o de mirar para atrás. Eso se ve en particular en las canciones que elegimos para este espectáculo, que recorre temas que tienen varios años pero incluye también temas nuevos, por ejemplo ‘Llamar al viento’, que compuso Nancy con Martín Souza, el director de la murga La Trasnochada, y otro que hice con Brown, ‘Candombe de la extinción’, en el que se comprueba que el candombe es tan ancestral que ya existía en el período Jurásico. También va a haber muchos cuentos; el hecho de contar y la voz de Nancy son dos características de Cantacuentos”, cuenta Buscaglia.

Esa particular manera de contar de Guguich fue un sello característico –e inolvidable para quienes éramos niños entonces– de Canciones, que luego devino marca de fábrica de Cantacuentos: “En cierto modo, las canciones arropan esos momentos más íntimos y que son más inusuales hoy en día. Si bien en un primer momento era más curioso que existiera una banda para niños que no los subestimara, cada vez hay más bandas con esa impronta. Contar un cuento, sin embargo, es algo más primitivo, en el sentido de pureza”, comenta Buscaglia.

“Cantacuentos es un proyecto que inició Nancy como enlace con su trabajo anterior en Canciones Para No Dormir La Siesta. Ella es la matriarca de este grupo, como lo fue en Canciones. Cantacuentos siempre se caracterizó porque la inmensa mayoría de los músicos que han pasado por ahí trabajaba con niños, ya sea dando clases en talleres, en escuelas, en jardines de infantes, animando cumpleaños, y, al mismo tiempo, tocaban música que excedía los hipotéticos límites de la música para niños. Estuvieron Gustavo Montemurro, Urbano Moraes, Herman Klang, Gonzalo Brown”, cuenta. “Puedo asegurarte –lo he charlado con todos estos músicos– que el ideal compositivo es la música para niños. Con el paso de los años me fui dando cuenta de que me encantaría componer las canciones que hago para mis discos del mismo modo en que salen las canciones para niños. Hay algo ahí de una pureza y de una utilidad... Componer para niños es menos ombliguista, no lo hacés como una necesidad exclusivamente tuya, sino que siempre hay una necesidad de entrega que está implícita”.

De tinta y papel

Con respecto al cancionero, que próximamente estará en las librerías, Buscaglia comenta: “Recoge 33 canciones compuestas en estos años. Tiene los acordes, para que las puedas tocar en la guitarra. Por un lado, es una herramienta pedagógica y estética que te permite meterte en las canciones y en cómo están armadas. Pero no está pensado como algo ajeno a los Cantacuentos. Fue un laburo increíble sacar canciones que grabamos hace 15 años y que tienen su vuelta armónica; están todas sacadas muy fielmente, sin simplificarlas: las que son simples siguen siendo simples y las que son intrincadas siguen siendo intrincadas. Pero yo lo veo casi como si fuera un disco nuevo. Una canción comienza con vos, es una canción cuando la escucha alguien; eso, llevado a las canciones para niños, se maximiza. El libro apunta a cumplir ese rol: tomá estas canciones, cantalas como se te antoje; si sabés tocarlas o alguien en la vuelta sabe tocarlas, tóquenlas y que sigan su camino”.