Gracias a la Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud (ENDIS), el Instituto Nacional de Estadística (INE) pone a disposición el primer estudio oficial de carácter longitudinal (o de panel)1 de una generación de niños representativo de la población uruguaya. Este permite estudiar, a lo largo del tiempo, tres aspectos interrelacionados de los niños, a escala poblacional: nutrición, desarrollo infantil y salud.

La encuesta fue una iniciativa conjunta del INE, el programa Uruguay Crece Contigo (Ministerio de Desarrollo Social) y el Grupo de Estudios de Familia de la Universidad de la República (Udelar). Esta investigación pone a disposición características socioeconómicas y demográficas de los hogares, acceso a prestaciones sociales, seguridad alimentaria, estado nutricional, mediante antropometría, alimentación, valoración del desarrollo infantil, prácticas de crianza en el hogar, salud de la mujer y salud sexual y reproductiva, acceso y utilización de los servicios de salud y acceso a servicios de educativos.

El primer relevamiento (primera ola) fue realizado en 2013: relevó a 3.077 niñas y niños y 2.711 adultos responsables correspondientes a 2.665 hogares de todo el país que tenían niños con edades de entre seis y 48 meses de edad. El segundo relevamiento (segunda ola) fue realizado en 2016 y tomó información de 2.611 niños de entre 24 y 74 meses (dos y seis años) de edad. Se repitieron pruebas antropométricas (medición de talla, peso y perímetro cefálico), se generalizaron pruebas psicométricas de desarrollo infantil, se incorporaron preguntas que buscaban identificar rasgos de la personalidad del entrevistado y se incluyó un módulo referido a las prácticas de crianza de los niños y niñas.

Es la primera investigación oficial con datos de panel en Uruguay. Los resultados obtenidos en ambas fases del relevamiento (olas 1 y 2) para cada uno de los niños, informantes y hogares de la muestra (microdatos) se encuentran a disposición en la página web del INE2. El análisis de la información permite la formulación de muchas preguntas e hipótesis que darían lugar a diversos estudios en varias áreas del desarrollo infantil. Los resultados son de interés tanto para investigaciones académicas como para la evaluación de análisis interdisciplinarios. Por ejemplo, incorporando el enfoque de la psicología.

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Desde la experiencia clínica en consultorios, hace tiempo se está consultando por niños que no prestan atención en la escuela, niños que no logran aquietar su cuerpo salvo cuando están conectados. Por otro lado, también escuchamos de adolescentes que viven aislados, encerrados en su mundo virtual, con problemas para establecer relaciones sociales, desinteresados del estudio y otras actividades, con conductas adictivas en relación con los videojuegos, propensos a los actings, con autolesiones e incluso intentos de autoeliminación en algunos casos. ¿Qué ha cambiado?

Se está observando un efecto paradojal; por un lado, una gran conexión con el mundo exterior a través de las redes, juegos online, uso de aplicaciones como Instagram, Snapchat, Whatsapp, y por otro, una ausencia o escasa comunicación intrafamiliar y entre los propios niños. Es frecuente observar la escena de un grupo de niños y niñas en una reunión (en un cumpleaños, por ejemplo) alrededor de un celular o una tablet, sin establecer prácticamente diálogo ni disfrutar de las actividades propuestas en ese momento.

Lo que más llama la atención es que existen pocos momentos de encuentro entre padres e hijos, con excepción de la comida. La cena es en particular el momento de reunión familiar en la mayoría de los casos. Según la ENDIS, 95% de los niños comparten la cena con algún integrante de la familia. Es el momento en el que en general nos miramos a la cara y conversamos, aunque muchas veces esto se da también con la intermediación de otras tecnologías.

Nos encontramos con que en la actualidad existen familias incomunicadas presencialmente pero hipercomunicadas virtualmente. Esto ocasiona que haya información que no circula y poca necesidad de comunicarse, lo que genera que no dispongamos de información elemental de nuestros hijos: ni ellos la dan ni nosotros como adultos la pedimos.

La primera pregunta del módulo de prácticas de crianza de la ENDIS refiere a los hábitos de lectura de cuentos o libros infantiles a los niños. Se observa que a 34% de los niños encuestados no le habían leído ningún cuento o fragmento de un libro la semana anterior a la encuesta. Este comportamiento varía según el nivel de ingreso de los hogares a los que pertenecen los niños, siendo menor el hábito de lectura en los hogares de menores ingresos.

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80% de los niños pertenecientes a los hogares de menores recursos (quintil 1) tiene disponibles en su hogar menos de 11 libros infantiles, y 21% no tiene ningún libro en su casa.

Sin importar el nivel de ingresos de los hogares, se observa que lo más frecuente es que los niños tengan disponibles en su casa de 1 a 10 libros, y 9% no tiene ningún libro en su hogar.

Los juegos de caja, cartas, ludo, dados fueron reemplazados por pantallas que no necesitan a más de una persona para ser usadas. Otro resultado relevante del módulo de crianza es la cantidad de horas que declaran los padres que pasan los niños frente a algún tipo de pantalla. En la encuesta se declara que 46% de los niños pasan entre una y dos horas por día frente a las pantallas (televisión, computadora, tablet, videojuegos o celular).

Se observa que el tiempo que suelen pasar frente a pantallas es proporcional al nivel de ingresos de los hogares de referencia de los niños; este resultado seguramente se deba a que en los sectores de mayores ingresos existe una mayor disponibilidad de pantallas.

Es importante mencionar que la edad de los niños considerados en la encuesta es de dos a seis años. Es probable que en niños de mayor edad la exposición sea aun mayor. Por otro lado, los resultados deberían ser considerados un mínimo, pues seguramente los padres subestimen y subdeclaren el número de horas reales que los niños están frente a una pantalla.

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Aunque la encuesta no releva el comportamiento de los adultos con respecto a las tecnologías, se está observando en las consultas clínicas que padres e hijos están en un mismo plano, interesados e hiperdisponibles para el afuera y con poca disponibilidad e interés respecto de lo que sucede en casa. Preguntas elementales como “¿qué tal tu día hoy?”, “¿qué hiciste?” o “¿cómo te fue?” parecen ser prescindibles en muchos casos; esto genera consecuencias devastadoras en el psiquismo del niño y también del adolescente.

Niños que no son atendidos, mirados y escuchados difícilmente puedan aquietarse y prestar atención en el ámbito escolar. Niños con conflictos familiares importantes, con ausencia de disponibilidad de figuras parentales, difícilmente puedan estar motivados en relación al aprendizaje escolar.

De más está decir que la invitación es a reflexionar y no a culpabilizar a los padres, para estar advertidos de esta situación y poder efectuar cambios en la dinámica familiar propiciando más espacios de diálogo e intercambio de actividades con nuestros hijos. Para ello es fundamental comenzar a preguntarnos qué hacemos con nuestros hijos, qué actividades semanales compartimos, qué momentos de intercambio generamos para saber cómo están nuestros hijos emocionalmente en lo personal y en relación a los otros; pequeñas preguntas que generan grandes diferencias en el relacionamiento intrafamiliar.

Lercy Barros es licenciada en Estadística y Florencia Fernández es psicoanalista de niños y adolescentes.


  1. Se denomina “panel” a un grupo de individuos que son seguidos por un período de tiempo determinado durante el que son encuestados con el fin de encontrar diferencias y cambios de eventos específicos en su vida. 

  2. Sin identificación de hogares ni niños.