»» El viaje que cambió la ciencia. Las aventuras de Darwin en el Río de la Plata (Anita Aisenberg, Silvia Soler, Marcelo Casacuberta, Pantana y Renzo Vayra, +Cerca/Banda Oriental; $ 850). El equipo de +Cerca Ediciones, una vez más junto con la editorial Banda Oriental, apuesta en grande con este título, que se suma a la colección de libros de ciencia orientada a los más chicos, esta vez con una presentación diferente: tapa dura y un formato más grande que permite un mayor lucimiento de la propuesta gráfica. Lo que no cambia es la calidad óptima, basada en el rigor de la información, el cuidado estético de las imágenes y la edición minuciosa para ofrecer, en un formato atractivo y en textos breves, un torrente de datos y conceptos. Por otra parte, vuelve a reunirse para este libro un equipo que se muestra consolidado (sus integrantes ya habían trabajado juntos en En la orilla. Secretos nunca contados de animales de la costa uruguaya, por el mismo sello). El libro narra el viaje de Charles Darwin por el campo uruguayo, cuando en 1832 arriba a bordo del Beagle. La mirada del científico descubre un territorio nuevo para él, que le resulta revelador y que se presenta en estas páginas como una oportunidad de descubrimiento y fascinación para los lectores.

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»» Tik, el dinosaurio que cantaba rock (Los hermanos Lagos, Alfaguara; $ 350). Parece que la migración de los rockeros de los 90 al ámbito de la literatura para niños que inició Nico Barcia creó tendencia. Este primer título de Los hermanos Lagos (así firman los supersónicos Leo y Tito) une dos pasiones: dinosaurios –ergo, ciencia– y rock. Como sus autores no dejan de ser músicos cuando escriben y dibujan, el libro incluye seis canciones que se pueden leer mediante el código QR. Tik y Tok son dos dinosaurios que viven en los últimos días de su era y son, a la vez, dos amigos como cualquiera, a los que les gusta jugar y hacer canciones. A Tik las canciones le salen sin esfuerzo, como la cosa más natural, y Tok sueña con escribir la mejor de todas. Esa pequeña anécdota, en la que se sostiene la tensión de la narración, es la excusa para abordar el tema de la creación (la música, la poesía, la rima) y para reivindicar a los descendientes de los dinosaurios y a una mirada menos apocalíptica desde la ciencia acerca del meteorito y la extinción. Un pequeño apunte al pasar: resulta un acierto el riguroso blanco de las figuras, que contrasta con el fondo de colores, que pone sobre el tapete los límites del conocimiento –no se sabe de qué color eran los dinosaurios– y, al mismo tiempo, la invitación a imaginarlos libremente y a intervenir el libro coloreándolo. Se presenta hoy a las 17.00.

» Besitos (Virginia Brown y Mauricio Marra, Alfaguara; $ 350). En la tapa, una anciana y una niña se abrazan. La imagen, con un predominio de colores cálidos, es de casi total correspondencia: idéntica sonrisa de ojos cerrados, idéntica nariz, idénticas mejillas sonrojadas. La única diferencia, que por única se destaca, es el cabello blanco de la mujer, que contrasta con el castaño de la niña. En Besitos, Brown aborda el vínculo entre una abuela y su nieta, que se realza en pequeños detalles y en momentos compartidos. Sin embargo, esa tibieza se interrumpe con la sombra de la enfermedad y de la muerte, a la que se llama por su nombre, sin vueltas. Un tema que a veces se elude por tabú, pero que suele inquietar a los niños, que se preguntan y preguntan sobre eso, y que con frecuencia los golpea en la realidad inmediata. El tratamiento es sobrio, directo, y el texto, junto con las ilustraciones de Marra, conforman un binomio potente. El uso de los colores, la representación de la abuela real y de la abuela pintada por la niña desde su recuerdo, las correspondencias entre una y otra que hacen que la ausencia sea presencia en los pequeños detalles y en esas flores que abuela y nieta cuidan sucesivamente, los “besitos” del título.

» Hadas y duendes del campo (Helen Velando y Carola Vergara, Alfaguara; $ 350). Mediante octosílabos, con un esquema rítmico y de rima constante, Velando actualiza la tradición de duendes y hadas a un universo fantástico propio, con flora y fauna autóctonas: una mulita, una comadreja mora, un ciempiés, un ñandú y una lechuza recurren a diversas hierbas u hojas medicinales (el guaco, la marcela, el cedrón, la carqueja y el toronjil). Dos universos discursivos dialogan de forma armónica: el de un conocimiento ancestral acerca de las hierbas que crecen en el campo vehiculizado en el texto; el de la imaginería vinculada con las hadas, sobre todo en la estética de las ilustraciones.

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» Quiero ser Suárez (Manuel Soriano y Federico Murro, Topito; $ 360). En vísperas del Mundial de Rusia, esta nueva entrega de Topito Ediciones viene como anillo al dedo. Con base en un esquema que puede considerarse un tópico en los cuentos infantiles, el de la falta de control al pedir un deseo, el texto de Manuel Soriano cuenta sobre un sueño cumplido y lo que eso genera. Un niño fanático del fútbol que quiere ser Luis Suárez, y la incógnita de qué hacer cuando la magia hace que eso efectivamente ocurra. Una historia bien contada, ideal para niños futboleros, en la que Coco, el protagonista, vive su sueño de ser otro con cierta incomodidad pero sin culpas, y su contraparte, Suárez, lo disfruta a la par. Una pintura deliciosa de la fantasía de los niños cuando juegan al fútbol en la calle o en el patio de su casa, que deja colar la inquietud de preguntarse sobre la identidad, sobre lo que significa ser un ídolo de muchos, sobre cómo se ve uno mismo desde fuera.

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»» La ventana de papel (Virginia Mórtola, Fin de Siglo; $ 290). La ventana de papel es la primera novela para niños de Mórtola, y es un debut realmente auspicioso. El encuentro de una niña con un anciano –cada uno ubicado en un extremo del periplo vital– propicia la apertura a un universo fantástico y poético. La ventana entraña la contradicción entre el afuera y el adentro, el pasaje de un lugar a otro y de un estado a otro. Para José y Tati, una ventana de papel y una serie de figuras de origami son la puerta de entrada a la maravilla, a un mundo paralelo donde todo es diferente y en el que la imaginación parece desatarse y desafiar lo posible. Entre realidad y fantasía, la novela se instala en una tradición literaria que puede rastrearse desde Narnia hasta –por momentos– la mismísima Alicia de Lewis Carroll, con la particularidad de que el pasaje de Tati a un lado y otro de la ventana siempre es de ida y vuelta, voluntario, casi natural. Maravillosamente contada, con un cuidado minucioso en la materia lingüística y en esa inmaterialidad que se evoca, la novela de Mórtola acomete temas densos con la sensibilidad y sencillez de la mirada de un niño. Muy recomendable.