Acá no se puede estar

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Esto no es todo lo que me dijo Vega, advierte la primera página. Lo que viene después, y no se detiene en ningún momento hasta que termina el libro, es el monólogo de Edgardo Vega, salvadoreño voluntariamente exiliado en Canadá y obligado por las circunstancias a recalar en San Salvador para el entierro de su madre. El discurso de Vega –cínico, torrencial, amargo, despiadado– sobre su país y su...
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Esto no es todo lo que me dijo Vega, advierte la primera página. Lo que viene después, y no se detiene en ningún momento hasta que termina el libro, es el monólogo de Edgardo Vega, salvadoreño voluntariamente exiliado en Canadá y obligado por las circunstancias a recalar en San Salvador para el entierro de su madre. El discurso de Vega –cínico, torrencial, amargo, despiadado– sobre su país y sus compatriotas, de la inmunda cerveza que beben y la porquería que llaman comida, y respecto de la inclinación militarista que los guía y la ignorancia conformista en la que se regodean es la novela. Pero hecha la salvedad del principio, la obra es más que eso, porque es también lo que Moya –el Moya intradiegético, el que conversa con Vega y escucha su lamento– decidió cubrir pudorosamente con un manto de silencio para bien de todos.

El asco: Thomas Bernhard en San Salvador (1997), que ahora llega en edición de Penguin Random House ($ 430), es uno de los más famosos textos de Horacio Castellanos Moya, salvadoreño nacido en Tegucigalpa en 1957, y su publicación, pese a las advertencias de la primera página y la declaración de buenas intenciones, le costó al autor amenazas de muerte. En 1999 dejó El Salvador para radicarse primero en España y luego en México. Actualmente vive en Estados Unidos y da clases en la Universidad de Iowa.

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