Favio Posca. Foto: s/d autor

Favio Posca presenta Lagarto Blanco el martes y el miércoles en La Trastienda

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El mismo impulso que lleva a Favio Posca de principio a fin de su show, sin apagón, siempre en escena, encierra la sospecha de que sea otra cosa, el unipersonal de un autómata, por poco, inagotable. Ese sonreír mordiente y sinuoso contribuyen a la transfiguración. Y ese estar “muy arriba, haciendo diferentes _trips_”. Es que el entrenamiento, ya no como artista, la práctica de disciplinas como ...
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El mismo impulso que lleva a Favio Posca de principio a fin de su show, sin apagón, siempre en escena, encierra la sospecha de que sea otra cosa, el unipersonal de un autómata, por poco, inagotable. Ese sonreír mordiente y sinuoso contribuyen a la transfiguración. Y ese estar “muy arriba, haciendo diferentes trips”. Es que el entrenamiento, ya no como artista, la práctica de disciplinas como la gimnasia funcional o el ashtanga yoga, la natación y el paddle surf le permiten sostener el estado de alerta durante una hora y 45 minutos. “Me alejo un poco de los deportes de fuerza”, dice este marplatense de 51 años, más centrado en la resistencia.

Con su debilidad por los seres fallados pegó fuerte en Nico, el popular programa que Nicolás Repetto conducía a mediados de los 90. Pero cuando vino por primera vez a Uruguay, al Teatro del Notariado, algún crítico veterano se retiró airado: la palabra “transgresión” se aplicaba más a menudo y Posca ocupaba el término en toda su amplitud. De allí en más, notorio y confiado, construyó un sello que transitó espacios distintos, series, tiras y unitarios, casi siempre centrales. Su personaje Pitito (el de “los quiero muchísssimo”) fue un hit en el living de Susana Giménez, y en 2016, de particular, el artista participó en el Bailando de Marcelo Tinelli. Entre una cosa y otra completó nueve espectáculos, que le gusta contar como si fueran discos, porque además de los libretos, compone y ejecuta cada canción.

A Montevideo vuelve la semana que viene con un título del año 2000, Lagarto Blanco, aunque del original sobrevivió la estructura más que el material. “La idea de hacerlo es justamente que a esta altura, después de 20 años, hay muchos chicos jóvenes que me siguen que no lo vieron. Ese fue uno de los motivos y además, lógicamente, porque es un espectáculo muy tracción a sangre, sin videos actuados que me permitan salir del escenario. Era un desafío interesante. El tema fue que muy pocas cosas de lo que había hecho me divertían y me hacían realmente vibrar. Pensé que iba a ser mucho más fácil pero terminé directamente sacando personajes, poniendo personajes que no estaban, con lo cual prácticamente quedó el nombre”.

Lo reestrenó en abril en Buenos Aires, al volver de la que fue su primera gira por España con su obra Doctor Posca, que presentó en el teatro Príncipe Gran Vía, a instancias del productor Lino Patalano. “Seguramente volveremos, fue una muy buena conquista. Con Lino tengo una excelente relación. Trabajé con mucho éxito en el Maipo cuando produjo Bad time, good face. Fue él quien dio el puntapié para llevarme a España. Si bien ya me conocían por internet, no era lo mismo que verme en vivo. Estuve con Andreu Buenafuente, que tiene un late night show; me trataron muy bien, me respetaron mucho”.

Con su timing y sus temas, Posca es una fija del trasnoche, pero cuando está de gira las funciones nunca son tan tarde. “Es mi horario, yo lo inventé en el mainstream de Argentina, que sería calle Corrientes. Cuando todavía no existía la trasnoche, hace 26 años, que arranqué con El perro que los parió, existía en el Parakultural o en lugares off. Yo empiezo a llevar público a un lugar totalmente comercial pero con una esencia underground. Eso hizo que abriera puertas a otros artistas, y hoy en día es más normal”.

Fuera de su circuito no frecuenta el under, salvo si se trata de “bandas de afuera”; ni se acerca tampoco al boom de stand up. Dice que logró que nadie lo imite, que lo que él hace va por su propio carril. “A mí me gusta hablar de determinadas situaciones, desarrollar ciertos mundos tal vez un poco prohibidos, un poco escabrosos, un poco prejuiciosos para muchos. Pero soy un tipo socialmente diferente a lo que podés ver arriba de un escenario. La prueba está en que si fuera alguno de mis personajes no podría durar ni 20 minutos porque me faltaría el aire. Para hacer lo que hago tengo que estar muy bien entrenado y tener una vida bastante zen. Aunque tuve mis épocas de ir al gimnasio y estar un poco más armado, nunca tomé nada, porque no va de la mano de lo que hago, que tiene que ver con la danza, con la expresión corporal en todo sentido. Estar muy duro te limita bastante”.

Chico migraña

Lagarto Blanco toma el nombre del boliche de uno de sus personajes más antiguos, El Perro, que despunta el show. “En el medio hay una comedia musical totalmente deforme, al estilo Favio Posca, pero comedia musical al fin. Tiene una parte medio de película de terror y termina en un lugar muy arriba, con Pet Shop Boys, muy cómico. Se cuenta la historia de amor entre un argentino millonario y su jardinero paraguayo”, comenta Posca.

Nobleza obliga, hay que saber que Pitito, el de las pastillas de colores, no integra la plantilla del show: “Es una gran decisión, como no poner un buen jugador en la cancha, pero bueno, tengo un gran equipo también”. El que sí aparece es Astroboy, el chico migraña de los brazos pegados al cuerpo. “Él está totalmente enojado y odia a la humanidad porque no entró en Lagarto Blanco y lo pusieron como tráiler del espectáculo que va a venir; cuenta una pequeña historia de lo que va a hacer en 2020. Hay momentos así. Por ejemplo Angelito, un abogado penalista, entra en el espectáculo con una búsqueda, se va y en la cuarta parte vuelve, resolviendo el problema del principio, con lo cual mientras seguí el show el personaje siguió viviendo. ¿Me explico? Hay puertas nuevas que son muy interesantes desde lo creativo”.

Si Posca habla o deja de hablar de algún tema, dice, no tiene que ver con lo que marque la agenda pública: “Simplemente me expongo primero como artista y desde un lugar lúcido, traslúcido y transparente reflejo historias que en realidad son ficciones, entonces no tengo por qué cuidarme. Puedo no decir algo pero no por censurarme, porque se lo tomen a mal, sino porque siento que no está bueno, porque no comparto o porque no me divierte. Pero no porque piense que la gente por ahí en este momento está como más sensible. Estaría traicionándome”.

Aparte de esta visita, tiene planes de rodaje. Fue convocado para una película que empieza a filmar el 3 de setiembre. No adelanta mucho, apenas que se llamará El panelista y que lo acompaña Florencia Peña. “La tele está como rara, igual que el cine. Antes de decirle sí a esta película dije que no a un protagónico porque no me gustaba el libro, y no voy a hacer cine por hacer. Así que por ahora me mantengo en la gatera esperando que pinte algún buen proyecto, tal vez para Netflix. Es una buena movida la que están haciendo, aunque soy bastante reacio a hacer cosas mías. De hecho nunca quise sacar un DVD, no tengo nada en el mercado, porque está buena esta cosa un poco clandestina de decir ‘a mí se me ve solamente en vivo’, hoy en día que todo está al alcance de todos. Esa exclusividad que les doy a mis espectadores los mantiene en un trip. Hay que ver, porque tampoco voy a perder mi esencia, y a lo mejor lo que yo hago es un poco fuerte para Netflix”.

Favio Posca en Lagarto Blanco. 7 y 8 de agosto a las 21.00 en La Trastienda (Fernández Crespo 1763). Entradas en venta por Red UTS desde $ 885.

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