» Una puerta que nunca encontré, de Thomas Wolfe. Cuatro marcas en la línea de tiempo, entre Estados Unidos y Europa, en las que el autor confirma una permanente intemperie personal. La construcción elástica de la novela la mueve del relato a la poesía y uno se encuentra con esos libros extraños que pueden hacer casi lo que quieran porque el centro en el que orbitan es definitivo, en este caso una especie de laberinto transparente desde el que se puede ver vivir a los demás.

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» Todos los hermosos caballos, de Cormac McCarthy. Yo no era el mejor lector del mundo cuando era chico, así que solamente leía Silver Kane de bolsillo, muchísimos. ¿Cómo sería leer uno de esos ahora, pero bueno? Todos los hermosos caballos es un western conmovedor, una aventura ética de dos adolescentes atravesando Nuevo México a caballo. El libro más romántico de McCarthy, con la misma crueldad de esa humanidad fuera de control que habita en el resto de sus trabajos.

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