Sharp Objects

Al filo de la verdad

La miniserie Sharp Objects, en HBO Go, habla de cicatrices y se atreve a mostrarlas.

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En el primer número del cómic _The Multiversity_ (DC Comics, 2014-2015), un personaje descubre que la historia de su vida es contada en forma de historietas en otro universo, mientras revisa las páginas que revelan su identidad secreta. Un conejo con superpoderes y traje de colores primarios, llamado Captain Carrot, reacciona ante esta revelación con una hermosa frase: “Siempre sospeché que la ...
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En el primer número del cómic The Multiversity (DC Comics, 2014-2015), un personaje descubre que la historia de su vida es contada en forma de historietas en otro universo, mientras revisa las páginas que revelan su identidad secreta. Un conejo con superpoderes y traje de colores primarios, llamado Captain Carrot, reacciona ante esta revelación con una hermosa frase: “Siempre sospeché que la realidad de un mundo es la ficción de otro. ¡Por eso me gustan los finales felices!”.

Este pensamiento, salido de la pluma del escocés Grant Morrison, explica de una manera imaginaria, pop, “morrisoniana”, por qué nos involucramos tanto con lo que les sucede a algunos personajes de la ficción. Durante unos minutos, unas horas o unas páginas, viven en su propia realidad y quizás, quién te dice, no tenga razón el loco de Grant y exista un universo paralelo en el que nuestras ficciones son existencia.

Lo mismo que nos emociona cuando el chanchito Babe cierra la portera en el concurso de perros pastores es lo que nos estruja al acompañar durante ocho episodios a Camille Preaker, la periodista problemática (¿rota?) que protagoniza Sharp Objects, la miniserie de HBO.

Camille pasa por una lenta pero continua espiral descendente hacia su autodestrucción, como consecuencia de la muerte de su hermana y de la crianza de su madre. La única figura positiva de autoridad que tiene es el editor del periódico para el que trabaja, que decide que la muerte de una jovencita y la desaparición de otra en su ciudad natal es una perfecta excusa para que regrese al sitio del que huyó después de haber sufrido tanto. Nadie es perfecto.

Sharp Objects es, además de la adaptación de otra novela de Gillian Flynn (autora del libro Gone Girl), lo que en Hollywood se conoce como vehicle: una producción perfecta para resaltar el talento de un actor o actriz. La conductora del vehículo es Amy Adams, y los espectadores se verán obligados a acompañarla por oscuros rincones de la psique humana.

El personaje alcohólico que lucha contra sus demonios y tiene la oportunidad de redimirse es un cliché de esta clase de historias, especialmente las policiales, pero aquí se suma el tratamiento, con inevitable aspereza, del tema de las autolesiones o automutilaciones. La forma en que Camille esconde su cuerpo al resto del mundo es el reflejo de ese espíritu que tuvo que esconderse debido a los golpes en su período de crecimiento.

Aquí es necesario mencionar al otro personaje que se pone al hombro la serie y se vuelve el villano más odioso de la ficción televisiva de 2018, superando incluso a Luis Rey, el padre del protagonista en Luis Miguel, la serie. Se trata de Adora, la madre de Camille, encargada de humillar a la recién regresada en cada ocasión que se le presente. Lo que hace Patricia Clarkson con este papel es tan brillante como espeluznante, y dan ganas de acercarse al televisor a alejarla de su hija. Y del resto de la ciudad de Wind Gap. La tercera pata fundamental de un elenco extenso y muy correcto es Amma, la hermana menor de Camille, a quien la actriz Eliza Scanlen dota de la dosis equilibrada de inocencia y rebeldía.

No es justo decir que los crímenes ocurridos en ese rincón de Misuri son una excusa para conocer a estas mujeres, pero el énfasis estará puesto en la relación entre las tres, vista a través de los ojos de Camille y de la particular mirada del director Jean-Marc Vallée, quien nos muestra la memoria emotiva de la protagonista por medio de flashes que demuestran cómo los objetos y las habitaciones también cargan con sus propias cicatrices.

El ritmo de la serie no es trepidante, ya que lo importante es la construcción (o reconstrucción) de una periodista que intenta descubrir secretos mientras mantiene ocultos los suyos. El “¿quién lo hizo?” al que juegan los espectadores se alimenta mucho más de diálogos que de declaraciones, de miradas que de evidencia. Y para cuando se sepa, será mucho más importante por las consecuencias emocionales que judiciales.

Los ocho episodios ya están disponibles en la plataforma HBO GO, a la que acceden quienes estén suscriptos al premium de HBO en el cable o paguen la tarifa mensual. No es recomendable el “atracón” al que acostumbramos en estos días, ya que tantos demonios seguidos podrían ser demasiados y la emoción sobre la mitad del último episodio sería capaz de dejarlos llorando y abrazando un almohadón. Me contaron.

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