Los hermanos Andrés (1986) y Leonardo Silva (1979), más conocidos como Silva Bros, son los artífices de Prócer Zombie, un serie de cómics que tiene como protagonista a un Artigas reencarnado. El primer libro apareció en 2016 por el sello Estuario, y en 2018 llegó el segundo tomo, además de una reedición del original.

Cada lugar necesita un héroe. Los superhéroes, por otro lado, precisan alguien a quien salvar o algo que cambiar. En muchos casos, incluso, sus poderes despiertan cuando el peligro es inminente y la humanidad está a punto de ser destruida. Con esas premisas, y por razones aún desconocidas, Artigas vuelve 165 años después de su muerte, despertado por una fuerza mística. ¿Cómo? Como un no muerto, como un zombi. Nuestro héroe nacional vuelve a esta Montevideo contemporánea, y se encuentra con que su imagen ha sido glorificada y que los únicos que creen en él –y en su regreso– son los más desprotegidos, los que realmente necesitan un héroe.

Los héroes que necesitamos son aquellos que menos esperamos, y en la constante búsqueda de la construcción de una identidad como nación, ¿quién mejor que “el padre nuestro Artigas”? Algo llevó a los hermanos Silva a elegir a esta figura conocida por todos, uruguayos o no, como protagonista de su historia.

“Es un personaje muy misterioso, uno no sabe muy bien quién fue Artigas. Nos pareció bueno inventarle una versión. Entonces, lo que hicimos fue crear un Artigas en vida, que capaz que no fue tan magnífico, y cuando vuelve se da cuenta de que su figura se retrata en todos lados, de que realmente inspira a un país. Ahí encuentra una razón para volver. Por eso vuelve.”, dice Leonardo.

“Además, como héroe, no tenés otra figura como él acá”, comenta Andrés, y sigue: “No hay otro con una polémica alrededor como la que él tiene. Él tiene una omnipresencia. Lo decía Fernando Andacht, nuestro prologuista y padrino intelectual del segundo tomo: la saturación icónica que hay de Artigas no la ves en ningún otro país latinoamericano. Creo que solamente el que lo supera es Simón Bolívar. Es el único. O sea, es demasiado”.

“Nos interesó volver a esa idea de que el tipo se fue como un perdedor. En esta vuelta tiene una segunda oportunidad; como una cuestión de redención también”, dice Leonardo.

“Y tiene muchos atributos que caen en los atributos tradicionales del superhéroe, ese tema de la redención, de querer volver tiene mucho de Batman Dark Knight. Es eso, es el caballero que prefiere que lo vean así, que se sacrifica por la gente y después se va”, acota Andrés, “es como que el exilio artiguista, en parte, es eso: que se lo recuerde por algo por lo que realmente peleó, no por esto otro que se formó y que es una aberración. Esas no eran las ideas artiguistas, no era parte del ideario artiguista lo que es Uruguay hoy”.

Apoyándose en los hechos históricos, partiendo de su estudio y análisis, los Silva construyen su relato y su personaje más importante: el prócer zombi. En el juego entre historia conocida y ficción, hubo cosas que surgieron o se colaron en su historieta casualmente y que, en el desarrollo del proyecto, amoldaron a su antojo y conveniencia.

“La historia se va haciendo de acuerdo a los contextos coyunturales y culturales. No es lo mismo tener a un Artigas en plena dictadura que al Artigas de la sociedad bárbara que describía José Pedro Barrán”, acota Andrés, y sigue: “Ahí está también el tema de que queríamos comunicar en fechas específicas a los diferentes Artigas. Esa es la esencia de la construcción del relato, de la historia”.

Hasta la creación de la primera entrega de Prócer Zombie, los hermanos no se acordaban de todo lo visto sobre Artigas en la escuela, porque claro, “en la escuela no das mucha pelota”. Con este proyecto se pusieron a estudiar y se metieron en la historia por completo. Empezar a leer a Ana Ribeiro, a Carlos Maggi, “¡a Guillermo Vázquez Franco!”, interrumpe Andrés la conversación sin poder ocultar su emoción. “Creo que él es el uno en todo sentido. Su relato, su manera de ver la historia no es tan romántica. Es como el pionero del revisionismo, me parece a mí. El tipo tiene más de 90 años y luchó toda la vida contra viento y marea. Luchó contra el Artigas de bronce, lo sacó del bronce. Debe de haber sido de los primeros”. Leo agrega: “Sí, lo bajó a tierra, lo revolcó”.

Además de estos historiadores, agregan a su lista de referentes e inspiración a Leonardo Borges –en lo que tiene que ver con la visión de Artigas y el contexto–, a Fernando Andacht y Martín Atme, autores del libro El padre nuestro Artigas (Estuario).

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El salto al segundo

Para los Silva, la primera publicación de Prócer Zombie fue la construcción de un libro accidentado; una historia que en principio estuvo pensada para salir en un semanario o en publicaciones periódicas en formato tira terminó convirtiéndose en un libro gracias a los Fondos Concursables para la Cultura otorgados por el Ministerio de Educación y Cultura. “Nos preguntamos: ‘¿Cómo dividimos la página para que se pueda publicar cada semana?’. Y bueno, ahí fue que vimos el formato tipo Mafalda y dijimos: ‘¡Vamos a hacerlo así!’”.

Por eso, los 17 capítulos del primer tomo son autoconclusivos. “Rematan con un chistecito corto, re ingenuo, divertido, y chau. Te reís un rato y vas al capítulo siguiente. Es bien dinámico”.

“A medida que avanzabas con cada capítulo, empezabas a usar los personajes de otro anterior. Por eso, tenés que leer todo en orden”, cuenta Leonardo. “Al principio estaba pensado para que pudiera leerse desde la mitad y después ir para atrás”. El punto clave es el surgimiento de una figura que remite a Rivera: “Desde que aparece el antagonista, Fructoso, se construye una historia, porque ya tenés un conflicto”. “Ahí tenés un personaje más recurrente”, interrumpe Leonardo, y Andrés sigue: “Ya tenés una historia”.

El segundo tomo de Prócer Zombie encuentra a los Silva en un momento de mayor madurez, tanto profesional como en la construcción de la historia y sus personajes, y es un libro “dividido en capítulos cada uno con una portadilla, separado como en actos teatrales” que juega con diferentes niveles narrativos y que responde a la construcción tradicional del relato.

“Con el primer libro no fue tan así, ahí era una cuestión de tener una especie de premisa, decir: ‘Bueno, el prócer va al bar y hay una fiesta cosplay y se encuentra con el tipo que tiene tatuado el retrato de Blanes’. Eso daba el puntapié para dibujar algo. Era como hacer una especie de storyboard. Nos reuníamos, conversábamos de por dónde podía ir e íbamos viendo, todo mediante el dibujo. Con el segundo tomo queríamos generar algo con más argumento, más de inicio, desarrollo y final. Ahí sí lo escribimos. Andrés muchas veces se encargaba de encontrar el material bibliográfico, de leerlo, y veíamos dónde podía cuadrar en la historia. Más o menos escribimos todo lo que iba a pasar a modo resumido, y después nos sentamos a dibujar. Había que bajarlo todo a tierra. A veces un párrafo te podía llevar dos o cuatro páginas, o capaz no, te llevaba dos cuadritos, entonces teníamos que ver”.

“Pasa que tenés demasiadas variables abiertas; a la estructura narrativa de un párrafo no la terminás de imaginar hasta que lo volcás mismo en la página, en la composición. Capaz que Leo se estaba imaginando eso en dos viñetas grandes. La narrativa gráfica también cambió con respecto al tomo uno: eran dos filas de cuatro viñetas, ahora empezamos a invadir otras viñetas, a generar algo más grande, como un cómic más convencional. Esa rigidez del uno, en todo sentido, a nivel estético, narrativo y visual, nos hacía más fácil tomar decisiones. No tenías margen de error al cambiar el guion. Acá, en el dos, lo cambiamos treinta y cinco mil millones de veces. Teníamos que reorganizar todo el puzle de nuevo, porque no es fácil hacer cuadrar el guion con el dibujo”.

Se trata de una publicación en la que el trabajo en equipo es todo, desde la investigación hasta la puesta en página, un proyecto en el que la importancia está en conjugar las distintas experiencias y conocimientos para hacer un producto que sea completamente integral, que funcione en su totalidad a nivel estético y que contemple la experiencia del lector, “porque si al lector no le es fácil, no funciona”.

“Silva Bros es eso: acá no importa quién hace qué, lo hacemos entre los dos. A este tipo de producto yo no podría hacerlo sin Leo, y capaz que él no podría hacerlo sin mí”.

“Claro, hay un tema y es que diseño gráfico más ilustración y dibujo se complementan para crear algo interesante”.

“Nosotros siempre sostenemos, y es bastante genuino, que queremos tirar para que sea un proyecto multiplataforma, que no muera solamente en el libro. A todas estas ideas a veces las podemos ejecutar a corto, mediano o largo plazo, pero siempre tratamos de cumplir, de generar un posicionamiento del proyecto, y ¿qué más lindo que tener en un cómic algo tan fuerte como esto y que te sientas orgulloso de eso? Decir: ‘Pah, bo, tenemos un cómic de un héroe que es nuestro y no andamos haciendo cosas anglosajonas’”.

En diciembre de 2018, y luego de una extensa juntada de firmas, se reeditó el primer tomo de Prócer Zombie, y tanto este como el segundo pueden encontrarse en librerías montevideanas, que también pueden adquirirse a través de los historietistas en welcome@silvabros.uy. Son dos libros que van camino a convertirse en trilogía; que hay futuro con Prócer Zombie está más que claro.