El presidente de la Comisión Nacional de Fomento Rural, Mario Buzzalino, evalúa los pasos dados por Un Solo Uruguay (USU) y considera que la menor concurrencia a este segundo acto se debe a que el movimiento generó una expectativa que luego no pudo cumplir. “Salir con un discurso que choque, que sea muy simpático a oídos de algunos pero que no consiga mover con argumentos a los que tienen posibilidades de decidir las cosas, no sirve”, acota. Para Buzzalino existen problemas reales en el agro, pero también hay una “sensación térmica” que los busca “magnificar” con propósitos políticos. Sobre el futuro del movimiento, piensa que en la medida en que no se concrete lo que propone, puede “perder respaldo”.

A un año del primer acto de USU, ¿cómo observa su evolución?

Por la forma en la que se fue gestando, era bastante previsible todo lo que pasó. Como dijo un poeta criollo: “En una tremenda sequía cualquier chispa alcanza para encender la pradera”. Creo que estratégicamente todo este movimiento se inició en un momento de desesperación de mucha gente en el medio rural, y en un momento así es fácil tener un discurso que movilice a la gente. Esto no quiere decir que no haya problemas. Soy productor, vivo en el medio rural, mantengo a mi familia con el trabajo de la producción y es verdad que existen problemas. Existen problemas reales, pero también una sensación térmica que, de alguna manera, es una construcción política; es algo que se quiere vender, que se quiere magnificar con réditos políticos. Vivimos en un país que es caro, es cierto, tenemos los combustibles más altos en comparación con muchos lugares, pero no son los más caros del mundo. Cuanto más intensiva es la producción mayor demanda de energía se necesita para producir; hoy eso es una limitante, que no es la única. La solución a los problemas de la producción, como de todos los problemas de la humanidad, no se arreglan con una sola medida, ni con dos ni con cinco. Entonces es fácil salir con un discurso que movilice, que sacuda, y generar una expectativa que, a la luz de todo lo que sucedió, me parece que fue sobredimensionada. De todas formas, me parece importante que haya un grupo que tenga ganas de plantear cosas, proponer y movilizar; creo que habla espectacular de Uruguay. Lo bueno de USU es que logró sacudir esa estructura del gobierno que le dijo a las gremiales agropecuarias –que vienen trabajando estos temas hace mucho tiempo, pero por canales diferentes–: “En diciembre no los voy a recibir, en enero tampoco, voy a analizar si en febrero puedo hacerlo”. Estratégicamente fue un tremendo error del gobierno, que con la presión de USU se dio cuenta, cambió la actitud y fuimos recibidos tres veces en enero del año pasado.

¿Por qué era previsible?

Eso te lo dan los años de la dirigencia, pero para mí hay que dosificar la propuesta, porque también tenés que dosificar la expectativa que generás. Las gremiales podemos proponer, protestar, pero no tenemos la posibilidad de solucionar los problemas, no somos el gobierno. Entonces, cuando se genera una expectativa de tal magnitud, ¿cómo la manejás después? No la vas a poder cumplir, y eso fue lo que le pasó al movimiento. Por eso fue menos gente; creo que hasta en la prensa tuvo menos repercusión. A mí me parece que el discurso de la dirigencia de USU es un discurso muy medido, pensado, bien elaborado, y creo que saben comunicar bien. Ellos se han encargado de decir: “Esto no es un movimiento partidario”, pero eso es una parte de la historia; cuando te parás del lado del escenario y observás todo lo que convoca, ves que todo el resto sí va por motivos partidarios. Además, si uno escucha atentamente la proclama tiene prácticamente todos los argumentos que tiene la oposición. Uruguay tiene una base económica agropecuaria, pero afortunadamente también hay otros sectores de actividad que van creciendo, como el turismo. El agro es importante, pero todos los sectores lo son. Y a eso hay que tenerlo en claro: somos un sector muy importante, pero no somos el único. Entonces, vos escuchás la proclama y hay temas que están enfocados directamente a solucionar problemas del sector agropecuario, pero se pierde la perspectiva de que le podemos pegar a otro montón de gente con nuestras medidas. Somos un solo país y tenemos que vivir todos.

La Comisión Nacional de Fomento Rural asistió al primer acto del movimiento, pero después se desmarcó. ¿Cuáles fueron los motivos para tomar distancia?

La comisión se está moviendo en el ámbito de las seis gremiales agropecuarias del país, donde compartimos y acordamos temas en común, así como también tenemos nuestras discrepancias. El análisis de todo esto se hizo el año pasado, cuando el movimiento USU nació y la comisión decidió no participar directamente en ninguna convocatoria, marcha, acto o corte de ruta. ¿Por qué? Porque la comisión nacional es una organización muy orgánica, que a cada cosa que dice afuera primero la trabaja adentro. Discutimos mucho el tema, consideramos que todos los elementos que componen la proclama leída en el acto de esta semana y la del año pasado son temas que nosotros ya venimos trabajado pero con una modalidad diferente. Estamos convencidos de que tenemos razón y tenemos argumentos para defender nuestras ideas, entonces nos sentamos a conversar con quien sea. El salir con un discurso que choque, que sea muy simpático a oídos de algunos pero que no consiga mover con argumentos a los que tienen posibilidades de decidir las cosas no sirve. Tenemos características totalmente diferentes con este movimiento, que además empezó su vida diciendo que las gremiales no servían para nada, porque no arreglaban nada. En el caso de la comisión nacional, es desconocer a una organización que tiene 104 años de vida, una trayectoria ininterrumpida, donde hemos logrado cosas muy importantes, desde dar vueltas leyes hasta lograr crear el Instituto Nacional de Colonización [INC]. Otra característica es que el movimiento USU engloba todas las ramas de actividades del país, y nosotros somos específicamente agropecuarios y creemos que la mejor forma de solucionar los temas es tomándolos de a uno. Si salimos con el sindicato médico, el policial, la Cámara Inmobiliaria de Punta del Este, nos vamos a desvirtuar.

Mario Buzzalino.
Mario Buzzalino.

Con reclamos tan abarcativos, ¿piensa que se desdibujan las reivindicaciones del agro?

Yo creo que sí. De pronto son argumentos que mucha gente quiere escuchar y eso puede ser parte de una estrategia. Ahora, ¿le cambia la vida al país que los diputados y senadores devuelvan los viáticos? ¿Hacemos disparar el dólar a un precio que me convenga a mí, como exportador, y perjudico a gran parte de mis colegas productores, que no exportan y compran insumos en dólares y venden en pesos? La suba del dólar beneficia al exportador. La vez pasada el dólar estaba a 30 pesos y querían llevarlo a 36 por un estudio que se había hecho, y al mismo tiempo se pedía la baja del combustible. Si el dólar lo pasás de 30 a 36 al otro día también te suben los combustibles. Todas esas ideas hay que estudiarlas antes de pedirlas, porque impactan en otros sectores. Yo escuchaba en la radio a un productor importante que estaba en el acto hablando de la bendición de este verano tan lluvioso. Y yo pensaba: “Pero caramba, hay 5.000 uruguayos a los que los corrió la creciente, que si nunca te pasó no tenés idea de cómo queda una casa cuando se le mete una creciente de agua dulce adentro, es todo barro, todo mugre. Me parece que tenemos que levantar un poco la mira y pensar por todos.

Algunos temas presentes en la proclama de USU, como el atraso cambiario y la falta de competitividad, son también quejas que plantean algunas gremiales rurales. El presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Gabriel Capurro, dijo a fines del año pasado a El País que en estos “períodos de atraso cambiario” hay aumento de costos en todos los sectores “provocados por los incrementos de salarios y las tarifas que se transfieren vía precios al agro, al igual que los aumentos de presión impositiva”, y que “así es muy difícil no sólo competir sino simplemente sobrevivir como productor agropecuario”. ¿Cuál es tu opinión?

No la comparto del todo. Hay sectores donde si la producción valiera lo que tendría que valer vos podés disminuir los costos. Por ejemplo, en la lechería la producción es muy barata, lo mismo con la hortofruticultura, que es extremadamente barata para el productor y extremadamente cara para el consumidor. Hay una diferencia de diez a uno entre lo que comprás y lo que produzco. Yo sé que un buen tomate o manzana vale diez veces más cuando lo comprás que cuando lo produzco. Si tuviéramos precios más justos solucionaríamos parte del problema. Con un tractor de 100 caballos de fuerza tenés que gastar de 3.000 a 5.000 pesos por día para hacerlo trabajar, y estamos hablando de que dentro de seis meses o un año vas a ver el resultado de todo eso. En ese tipo de cosas sí creo que hay un tema de costos que es cierto, pero me parece que el ajuste iría por el valor justo de lo que se produce. El salario del trabajo no puede ser moneda de ajuste o de cambio. En eso se basa una economía como la paraguaya, que ha sido explosiva pero hay que ver lo que gana un trabajador en un medio rural paraguayo. A esa realidad para nosotros no la quiero.

Dentro de los reclamos vinculados al agro, ¿coincidís en algún punto con USU?

Soy chacarero primero y dirigente gremial después, no soy economista, pero es evidentemente que Uruguay es un país caro para producir. Después, hay un indicador muy claro de la salud económica de un país que se mide en la cantidad de inversión extranjera que entra. Todas las inversiones extranjeras que entran al país tienen un régimen especial de impuestos. Con las reglas que manejamos las empresas que trabajamos en el interior de país no podemos competir. Entonces, si la empresa extranjera viene y se mueve en el mismo medio en el que me tengo que mover yo, no trabajo. Pienso en UPM y estoy seguro de que si Uruguay invirtiera 1.000 millones de dólares en desarrollar una cuenca lechera que fuera cuatro veces mayor a la actual le iría muchísimo mejor a mucha gente que con este tipo de inversiones. Ahora, tampoco se pueden centralizar los huevos en la misma canasta. Es importante diversificar las actividades, eso te da mayores seguridades. Tenemos un montón de hectáreas plantadas de árboles, eso hay que procesarlo. Ese mundo existe y es real, por lo tanto hay que atenderlo. Ahora, si se invirtiera más en otros sectores, creo que a mucha gente le iría mejor. Hay un dato de la realidad y es que hay productores dentro de todos los sectores que tienen problemas, pero también es una realidad que en todos los rubros hay productores a los que les ha ido muy bien. Yo los conozco, no me lo contaron.

¿Cómo evalúa que se atendieron las necesidades del agro en este período de gobierno?

Creo que hay sectores donde se trabajó muy bien. En la producción familiar, por ejemplo, se impulsaron una cantidad de proyectos. Nosotros tenemos 103 organizaciones de productores, con 80 muy activas, y todas han tenido proyectos financiados en distintos rubros por la Dirección General de Desarrollo Rural [del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca]: en ganadería, en hortofruticultura, en lechería, en ovinicultura, y mucho trabajo con la mujer rural. Estoy en la Junta Nacional de la Granja representando a la comisión nacional y hay un proyecto, que no ha sido muy difundido, que apunta a la inocuidad de los alimentos. Es un emisor de hormonas femeninas que confunde a los machos de dos especies de plagas de la hoja caduca: manzana, ciruela, durazno, membrillo y pera. Entonces, no hay cópula y la población disminuye en forma increíble, al punto que el productor hacía ocho tratamientos con insecticidas por año y este año hay productores que hicieron uno a media dosis. También se impulsaron los seguros agrícolas contra granizo y viento. En la franja más baja de la hortofruticultura el productor tiene un subsidio de 90%; podés perder toda la cosecha y el seguro va hasta ese porcentaje, que te cubre el costo de producción, no el lucro cesante. Esas son auténticas políticas de Estado que han generado muy buenas condiciones para lo productores. Son aspiraciones viejísimas de las gremiales que el gobierno ha estado dispuesto a apoyar. También existen algunos puntos en los que se tendría que avanzar más: en la política de créditos para los productores más chicos y en el acceso a la tierra. Si bien el INC hizo un montón en estos últimos años, todavía falta. La infraestructura es otro tema; no estoy hablando de la súper carretera, hablo de caminos secundarios y terciarios donde vive la gente, donde los niños tienen que ir a la escuela o al hospital. Hay caminos que son senderos de piedra.

Con el diario del lunes, ¿qué intereses le parece que representa el movimiento?

En ningún momento de la proclama escuché “producción familiar”. Y la escuché toda, duró 55 minutos. Por lo tanto, sin haberlo hecho de forma explícita, creo que el movimiento no representa los intereses de los más chicos. Yo la verdad esperaba otra cosa de la proclama. Se dijo que no iba a ser una proclama de reivindicaciones, que iba a ser de propuestas. Ellos trabajaron mucho, hicieron reuniones locales y fuimos invitados a muchas de ellas, no participamos. Por eso, esperaba otra cosa, propuestas más concretas; fue todo muy genérico. No escuché nada nuevo, ninguna propuesta creativa para abordar en forma diferente los problemas que tenemos.

¿Qué futuro piensa que tiene el movimiento?

Si no se cambia la estrategia, le veo un futuro muy incierto. Si bien es cierto que este año es un año electoral, es como el carnaval: se lleva todo por delante. Por eso había una cantidad de candidatos a la presidencia, llamativamente de pocos partidos. No es que no le vea mucha vida, lo que le veo es que puede entrar a perder respaldo en la medida en que no se concrete lo que propone. No es fácil en el año electoral, porque es un año en el que muchas veces no se concreta nada. Si yo integrara el movimiento me parece que tendría que ser muy claro y muy fuerte en no atarme a ningún partido, porque el partido puede ganar o no. Entonces vos mismo te podés pegar muy duro, y me parece que lo importante es ganar adeptos, no expulsarlos.

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