Hace un tiempo saludábamos desde estas páginas la aparición de una colección de libros de cartón para primeros lectores, que inauguraba con seis títulos de tres reconocidas autoras nacionales: Cecilia Curbelo, Verónica Leite y Susana Olaondo. Esa colección incipiente se amplía ahora con ocho nuevos títulos y la incorporación de dos autores; además de Leite y Olaondo, que participaron en el lanzamiento inicial de la colección, hay doblete de Virginia Brown (ilustrados por Valentina Echeverría) y de Federico Ivanier (ilustrados por Augusto Goicoechea).

Al tratarse de una colección para niños muy pequeños, que muchas veces los leerán por su cuenta –una y otra vez– pero cuya lectura suele hacerse mediada por un adulto, es fundamental la brevedad de los textos y que las historias propicien el enganche y el disfrute compartido.

En Con las manos Olaondo mantiene la línea de sus primeros libros de esta colección y, bajo la consigna que sugiere el título, hace un recorrido por la cotidianidad de un niño, que involucra el juego, el disfrute, algunos hábitos, el cariño. Como es habitual en los libros de Olaondo, se establece una comunicación potente con los más chicos. De una manera adecuada a los destinatarios, mediante textos muy breves, descriptivos, se invita a completar la lectura con la ilustración, de colores vivos, en la que se deja entrever –marca característica de la autora– una mirada entre gozosa y tierna de la infancia.

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A los bebés animales que llevaba Leite a sus páginas en los títulos anteriores se suman ahora gato y cigüeña. Leche y mimos para bebé Gato pone el ojo en el vínculo entre el bebé y la mamá en un puñado de situaciones cotidianas que tienen que ver con el juego, la alimentación, los mimos y el sueño. Estos nuevos títulos se inscriben en la línea de los anteriores: textos concisos, ilustraciones que atienden a los detalles, adorables gatitos en pañal y con chupete que buscan la identificación con el pequeño lector.

Aunque debutante en la colección, Brown (en dupla con Echeverría, una pareja creativa con varios libros en su haber y una buena conexión) es una experimentada autora de la franja de lectores más pequeños (Así reinaba el rey reinante, 2010; El temible tigre, 2011, ilustrado por Matías Acosta; Una tarde de verano el elefante, 2012; Adelaida 365, 2018), por lo que no sorprende su inclusión, sino que más bien deja la sensación de “cómo no había ocurrido antes”. En Pintamos con Coque y Hace frío, Coque presenta pequeñas historias de un niño y su perro (el del título), con bellísimas ilustraciones sobre fondo blanco o muy claro. El primero juega con los colores; texto e imagen dialogan en ese tópico de los niños chiquitos, en el que además se incorporan las distintas partes del cuerpo, en un delicioso enchastre que deben arreglar al final. Los colores, su combinación, lo que comparten perro y niño y lo que no, una mamá cuyo enojo se percibe en los brazos en jarra, la risa cómplice y nerviosa de los amigos completan un cuadro con el que seguramente se identifiquen los lectores más grandes y más chicos, cada uno desde su lugar.

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El segundo título hace un racconto de distintas sensaciones a partir de la necesidad de abrigarse porque hace frío. Como en el anterior, el hilo conductor es el juego entre los amigos niño y perro, y en el vano intento de vestir a Coque se suceden la suavidad, el aroma, un gorro que aprieta, una bufanda que pica. Y, al final, un perro sin ropa que igual está calentito. En los dos libros es impecable el recurso al peculiar vínculo entre el niño y su mascota, al humor, a la guiñada en la travesura, al gesto compartido que los hermana. Y es un punto alto el diálogo entre ambas autoras, que juegan juntas desde hace tiempo y se nota.

Por último, una sorpresa: dos títulos de Federico Ivanier, un autor al que conocemos sobre todo por sus novelas para niños más grandes y para adolescentes, un género en el que se destaca particularmente en virtud de una voz honesta que conecta a la perfección con sus personajes adolescentes (Martina Valiente, 2004; Todo lo que aprendí acerca de novias y fútbol, 2006; Alas en los pies, 2009; Tatuajes rojos, 2014; Papá no es punk, 2015; Las ventanas invisibles, 2018). Y, por supuesto, Superseba es el título más narrativo de la colección: hay historia, hay conflicto, hay un superhéroe con una misión. Seba tiene que ir a vacunarse y eso le da miedo, pero un soborno con un helado y la veleidad de convertirse en superhéroe –esos pequeños engaños del mundo adulto– lo ayudan a enfrentarlo. Una ilustración expresiva, con particular énfasis en los gestos, que permiten percibir, con maravillosa sutileza, el estado de ánimo del protagonista, la historia del niño que se va a vacunar adquiere el tono épico que merece.

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Colección Mi primer, Alfaguara, 2019. Con las manos y Me gusta, de Susana Olaondo. Superseba y Joaquín Pelolargo, de Federico Ivanier. Leche y mimos para bebé Gato y Bebé cigüeña y sus amigos, de Verónica Leite. Pintamos con Coque y Hace frío, Coque, de Virginia Brown. Cada uno a $ 290.