En una irónica inversión del bullying sufrido en la adolescencia, los ñoños se burlan de la saga de Rápido y furioso por considerarla “terraja” en comparación con el Universo Cinematográfico de Marvel. Sin embargo, con cada nueva aventura sobre ruedas las salas de cine se colman de fanáticos.

Quizás porque hace 20 años que no manejo y porque me asusta la velocidad, jamás había visto una sola película de esta franquicia. Las entregas se fueron acumulando y creía que sería difícil hacer un atracón con ellas.

Pues bien, los servicios de streaming me lo permitieron y decidí investigar de qué se trata todo esto. Quién les dice que al final de este experimento no salga corriendo a comprar un descapotable y vuelva con el rabo entre las patas al enterarme del precio.

1- Rápido y furioso (Rob Cohen, 2001)

Aquí tenemos un clásico filme de atracos, ambientado dentro del mundillo de las picadas ilegales. Paul Walker es Brian, un apasionado de la velocidad que cruza su camino con el mismísimo Dominic Toretto (Vin Diesel) y su banda de pilotos.

Brian en realidad (¡spoiler que está por cumplir la mayoría de edad!) es un policía encubierto, que intenta descubrir cuál de todas las pandillas es la responsable de unos robos a camiones a alta velocidad. Con dolor, el espectador se enterará de que Dom es uno de los malos y que la relación entre Brian y Mia Toretto (Jordana Brewster) está destinada al fracaso.

En medio de todo esto hay numerosas escenas en las que los protagonistas levantan capós de autos y comentan lo que hay debajo. En medio de un cambalache hiphopero veremos desfilar vehículos tuneados, nenas cosificadas y pilotos apretando el botón de “Nitro” cada cinco segundos. Resulta que no era un botoncito que existía solamente en los videojuegos de carreras.

Algunos elementos no han envejecido muy bien: los efectos especiales son risibles, uno de los malos guarda sus diseños en un disquete de 3 pulgadas y media, y el gran botín son reproductores de DVD. El presupuesto todavía no alcanzaba para tantas escenas de riesgo, así que tendremos que conformarnos con el tipo que salta delante de los camiones.

Con todo, se entrevé el comienzo del bromance entre Brian y Dom, en esta suerte de Point Break (Kathryn Bigelow, 1992) que cambia las máscaras de presidentes estadounidenses por cascos y las olas por calles de Hollywood. Y cuya resolución llega demasiado rápido, incluso para ellos.

2- Más rápido, más furioso (John Singleton, 2003)

A los 30 segundos de filme queda bien claro que seguimos en el universo “RyF”, en el que los autos están tuneados, las mujeres están casi desnudas y la música está demasiado fuerte. No hay grandes innovaciones en la secuela, excepto por el mayor presupuesto, que permite que haya más escenas en las que los automóviles circulan con velocidad y enojo.

El protagonista sigue siendo Brian, exiliado de Los Ángeles a Miami después de haber permitido que Dominic escapara de la Policía. Sin embargo, el mundo de las picadas ilegales sigue relacionado con otros delitos más importantes, y el FBI volverá a requerir de sus servicios.

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Un narcotraficante argentino piensa rajarse con todo su dinero sucio y debe moverlo de aquí para allá en el menor tiempo posible. Nuestro infiltrado de siempre reclutará a Roman Pearce (Tyrese Gibson), quien le echa la culpa por haberse comido unos añitos tras las rejas.

Eva Mendes es el interés romántico que podría complicarlo todo, aunque no habrá tiempo para escenas sexuales: las carreritas, persecuciones y saltos por los aires eran lo que el público estaba esperando y la película tiene suficientes como para que quede satisfecho, aunque algunos primeros planos distraigan un poco.

3- Rápido y furioso: reto Tokio (Justin Lin, 2006)

Algo anda mal. Brian no aparece por ningún lado y en su lugar tenemos a un “adolescente” llamado Sean (Lucas Black) que se accidenta en una carrera ilegal en la que el premio era una chica. No pregunten. Para evitar problemas, es enviado a Tokio con la promesa de no volver a tocar un automóvil.

24 horas más tarde, Sean ya perdió una carrera y terminó trabajando para un mafiosillo japonés que tiene negocios con otro mafiosillo, sobrino de un mafioso hecho y torcido. En esta oportunidad no hay pilotos encubiertos, pero en su lugar hay derrapadas. Muchísimas derrapadas.

Como Tokio es un lugar pequeño y una recta de 500 metros termina en el mar, es necesario derrapar para tomar bien las curvas. Sean deberá aprenderlo de su mentor antes de que sea demasiado tarde. Demasiado tarde, su mentor Han voló en mil pedazos.

Si bien las carreras son menos espectaculares (excepto que uno sea fan de las derrapadas), se ven mucho más realistas con la dirección de Justin Lin. Tan bien anduvo este muchacho, que repitió en las tres películas siguientes.

Aunque los primeros 100 minutos estén desconectados de la saga, habrá suficientes ombligos femeninos y música estridente como para sentirse como en casa. Se extrañan las luces de neón, pero se perdona todo cuando en el último minuto aparece Toretto. La casa vuelve a estar en orden.

4- Rápidos y furiosos (Justin Lin, 2009)

Después de dos películas simpáticas pero inconsecuentes, volvemos con todo al bromance que definió este siglo. Rápidos y furiosos es la verdadera secuela de la primera, reuniendo a gran parte del elenco original, para luego reducirlo un poquito. Te extrañaremos, Michelle Rodríguez.

Después de una intro al mejor estilo 007, que además nos confirma que las acciones se desarrollan antes de la tercera película, los veloces iracundos comienzan su recurrido hasta la ineludible reunión: Toretto vuelve a Estados Unidos para vengar la muerte de su novia, mientras que Brian está otra vez trabajando para la ley. Por supuesto que el malo de turno, un narcotraficante llamado Braga, será quien los ponga cara a cara para delicia de sus fans.

Gal Gadot hace su introducción mucho antes de ganar los músculos de la princesa amazona, mientras que Jordana Brewster regresa para continuar una olvidadísima historia de amor.

La película mantiene resquicios de misoginia, pero el director Justin Lin se dedica a hacer lo que mejor le sale y lo que a esta altura todos esperan: carreras, picadas y persecuciones están a la orden del día con mayor impacto que nunca, incluyendo persecuciones por túneles al mejor estilo de Indiana Jones y el templo de la perdición. Y un final que marca que la amistad es más fuerte que la justicia y sus leyes.

5- Rápidos y furiosos: 5in control (Justin Lin, 2011)

Esta es la más rápida y más furiosa por lejos, al menos hasta este momento. Todo arranca con la escena de rescate del final de la anterior y se desplaza hasta Río de Janeiro, donde nuestro par de oro consigue un laburito robando autos de encima de un tren.

Nada sale como debía y terminan en la mira de un mafioso muy bien llevado por Joaquim de Almeida. Sin embargo, también terminan en la mira de un megapolicía llamado Hobbs, interpretado por La Roca. Para cuando se enfrenta cara a cara (puño a puño) con Vin Diesel, uno sabe que está viendo algo histórico.

Las picadas callejeras misóginas apenas aparecerán un segundo, porque aquí la misión es robarle todo el dinero al mafioso sin que La Roca los detenga, para lo que solicitarán la ayuda de personajes de las películas anteriores. Olvidate de Ocean’s 11, estos son los Dom’s 9.

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Hay presupuesto para tirar para arriba, como evidencia la huida final, en la que revientan decenas y decenas de vehículos. Y serviría como cierre definitivo de la franquicia, de no ser por la chorrada de dinero que recaudó y una escena poscréditos que devuelve a un personaje de la muerte.

6- Rápidos y furiosos 6 (Justin Lin, 2013)

El torettoverso está que explota. La última de las películas de Justin Lin tira los autos por la ventana en una aventura que abarca Moscú, Londres y las carreteras de España. Hobbs recluta a los furiosos, que viven una vida de lujos desde el final de la película anterior, mostrando evidencia de que Letty está con vida.

Nuestros pilotos, que ahora tienen dinero para comprar los mejores autos del mundo, se convierten en la versión rápida de Los magníficos e intentan sabotear los planes del villano (Luke Evans en gran nivel), que por supuesto son lo menos importante de la película.

Tendremos varios cameos de personajes de películas anteriores, una persecución con un tanque y una escena final en la que el vehículo a detener es un gigantesco avión. Gadot se despide con honores, los antihéroes reciben su perdón y el japonés regresa a su tierra para morir en la tercera película, restaurando la continuidad espacio-temporal.

En la escena de mitad de créditos, descubrimos que esa muerte estuvo relacionada con uno de los pocos rudos que todavía no había entrado en la franquicia: Jason Statham.

7- Rápidos y furiosos 7 (James Wan, 2015)

Statham hace de Shaw, el hermano del otro Shaw (el otro Shaw, ¿entienden?). Si bien su personaje es un villanote a la altura de las circunstancias, la trama se arrastra entre organizaciones secretas y un aparato todopoderoso que controla las telecomunicaciones. Al público no pareció importarle mucho, ya que recaudó 1.500 millones de dólares.

Es que hubo un elemento indisociable: se trata de la despedida del personaje de Paul Walker, quien falleció en medio de la filmación. Tecnología de punta y dos de sus hermanos colaboraron para disimular el hecho, y el guion le dio un cierre emotivo.

En medio de todo eso tiran autos en paracaídas, Letty recupera la memoria, Hobbs destruye un dron con una ambulancia y Tony Jaa debuta en Hollywood.

Hasta aquí el repaso de una franquicia que no se detiene: en 2017 llegó la octava entrega, con otras dos en preproducción y el primer spin-off (Hobbs & Shaw) pronto para estrenarse en agosto de este año. Todo indica que los fanáticos del cine pochoclero tienen rapidez y furia para rato.

Las primeras seis películas pueden encontrarse en los catálogos de servicios como Netflix, Claro Video y Prime Video. La séptima está en Claro Video para alquilar.