El libro se llama Daniel Martínez, la carrera del ingeniero, y lo escribió el periodista Antonio Ladra, de amplia trayectoria en medios escritos (La Hora, La República, El Observador, Posdata, Latitud 3035, Plan B), radiales (El Espectador, AM Libre) y televisivos (Código País, Telemundo). Tiene casi 300 páginas, unos 15 capítulos y decenas de testimonios, incluyendo entrevistas a dirigentes de peso en el oficialismo (Tabaré Vázquez y José Mujica, por ejemplo) y centenares de artículos de prensa. Ladra grabó además ocho horas de conversación con el propio Martínez; muchas de esas declaraciones aparecen en todo el relato, y además se publica al final una entrevista completa, más focalizada en aspectos programáticos, ante la eventualidad de que le toque ser presidente en el período 2020-2025. El libro, de editorial Sudamericana, se pone a la venta este lunes y se presenta el 24 de abril en el hotel Regency.

La elección de 2010, Vázquez y Mujica

El primer capítulo (“Operación bloqueo”) está dedicado a relatar los entretelones de la complicada elección departamental de mayo de 2010, en la que resultó electa Ana Olivera.

A la distancia surgen datos nuevos de aquella pulseada en la interna del Frente Amplio (FA), que trancó las aspiraciones de Martínez de ser candidato a la Intendencia de Montevideo (IM). “Me voy a la mierda, es el momento, soy ingeniero, me va a ir bien, me va a sobrar laburo, vuelvo a ser un militante de base. ¡Al final te corren!”, dijo Martínez, el viernes 29 de enero de aquel año, cuando el Plenario Departamental del FA avaló la candidatura de Olivera, según revela el libro.

El dolor de Nicaragua

“Para la generación de Martínez, la revolución sandinista significó algo parecido a la cubana para una generación anterior”, afirma Ladra. Y Martínez coincide, con una reflexión más acorde a los últimos sucesos: “El triunfo de la revolución sandinista fue conmovedor, de la misma manera que nos conmovió cuando Sergio Ramírez, a quien seguía en la lectura de sus libros y artículos, abandonó el sandinismo denunciando desviaciones éticas y de poder, en particular de Daniel Ortega. Hoy me duele Nicaragua”, afirma Martínez en una de las entrevistas.

La historia es conocida y lo sustancial se cuenta en detalle, pero algunos entrevistados aportan, casi nueve años después, algunos testimonios, menos públicos y notorios, acerca de la supuesta operación política para bloquear la candidatura de Martínez.

Por ejemplo, Ladra entrevista al dirigente de Asamblea Uruguay, Carlos Varela, uno de los nombres que manejó el Plenario Departamental para la IM y que, junto con Martínez, quedó luego por el camino tras la confirmación de la candidatura única de Olivera.

Varela plantea una hipótesis: los ofrecimientos del recién electo presidente José Mujica para que Martínez integre su gabinete; en concreto, le había propuesto que fuera ministro de Industria, buscaban “sacarlo [a Daniel] de la jugada” de cara a la elección departamental. Más aún, Varela reflexiona, a la distancia, que algunas declaraciones públicas de Mujica lo llevaron a pensar que “ya había un acuerdo como parte de otra operación política” para sacar a Martínez de la carrera.

Daniel Martínez a los 8 años.
Daniel Martínez a los 8 años.

Consultado para el libro, Mujica niega esa versión y aclara cuál es su relación con Martínez, un punto que ha sido tema de discusión más recientemente: “Yo con Martínez nunca tuve ningún problema, a veces tuve diferencias por el rumbo que tomaba el Partido Socialista, que no es lo mismo, y son cuestiones de la interna, pero no es con la persona”. El periodista le recuerda sus dichos, incluidos en el libro Pepe coloquios, de que los socialistas son una máquina de pedir cargos, y el ex presidente responde: “Creo que exageré en algún momento, en definitiva, es un viejo partido republicano fundador de la izquierda uruguaya y fue el partido al que yo le di mi primer voto, al Partido Socialista de [Emilio] Frugoni, después agarré otro rumbo”.

En este capítulo del libro hay otro episodio de aquellos años, quizás no tan recordado. Unos meses antes del frustrado intento por llegar a la Intendencia, cuando se definía la grilla frenteamplista para las elecciones internas de 2009, Martínez fue uno de los cinco nombres que avaló el congreso del FA, junto con Mujica, Danilo Astori, Marcos Carámbula y Enrique Rubio –finalmente compitieron sólo los tres primeros y el Partido Socialista (PS) apoyó a Astori–. Entrevistado por Ladra, Martínez hace una autocrítica de aquella postulación: “Yo reconozco que en aquel momento no debí haber sido precandidato a la presidencia; yo tendría que haber dicho no [...] Me apuré, no estaba maduro, no era conocido, era un tipo con potencialidad, pero creo que el ego me jugó una mala pasada”.

Ambos episodios fueron frustrantes para Martínez. En el libro, el presidente Vázquez analiza estas situaciones y hace un reflexión sobre la “capacidad de resiliencia” de Martínez. “En las distintas actividades humanas, y por supuesto en la política, no todo son victorias y logros [...] no hay que ignorar ese ‘lado opaco’ de la política, pero tampoco hay que ser rehén del mismo”, dice el mandatario. Vázquez cita luego a la política irlandesa Mary Robinson, primera presidenta de su país y alta comisionada de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien decía que “nadie puede volver atrás y empezar de nuevo, pero cualquiera puede empezar hoy mismo y hacer un nuevo final”; y Vázquez termina diciendo: “Daniel es un ejemplo de ello”.

En el mismo cumpleaños

Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou coinciden el 15 de setiembre en un mismo lugar, seguramente impensado para muchos. Ambos presidenciables van ese día a saludar al veterano dirigente socialista Guillermo Chifflet por su cumpleaños, revela el libro. Lacalle Pou forjó su vínculo con Chifllet en la Cámara de Diputados. En el libro, además de Chifflet, se detiene en otros dos referentes de Martínez: José D´Elía y José Díaz.

Los inicios en la militancia

El repaso biográfico también es muy detallado. Hay muchos datos sobre los años de Martinez en el colegio de los Hermanos Maristas, que tenía sede en 21 de Setiembre y Luis de la Torre, los preparatorios en el Colegio Seminario (el único que tenía la opción de Ingeniería), las amistades en la parroquia de Punta Carretas y hasta un vínculo con Carlos María Galeano, el protagonista de la canción “El viejo”, de La Vela Puerca.

También aparecen los primeros coqueteos con la política: “En 1971, con 14 años, me integré a la barra de gurises del [liceo] Suárez; me acuerdo de Lucio y Marcelo Ornstein, Ana Martínez, Andrea Carrió y, un poco más adelante, de Eduardo Ewe Vaz. Todos se definían frenteamplistas, salvo Gerardo Mono Revello, el hijo del dueño de la joyería Revello, que era simpatizante colorado, pero allí no pasaba nada, éramos todos del barrio, éramos todos amigos”. Hay también un reconocimiento a Esteban Xalambrí, un docente de Historia, de extracción blanca, federalista y artiguista, que fue clave en algunas definiciones políticas de Martínez.

Martínez se afilió al PS con 16 años, a instancias de Vaz, un estudiante del liceo Zorrilla que ya se había afiliado a la Juventud Comunista y que lo puso en contacto con su prima, la socialista y poetisa Teresita López (su nombre clandestino era Úrsula).

“Así fue como empecé a militar. Me integraron a un núcleo de base del PS del comité Viejo Pancho y después pasé a la Juventud Socialista”, recuerda Martínez. Así las cosas, en febrero de 1974 Martínez se integró a la dirección clandestina de la Juventud del Partido Socialista para la zona de la costa. “Montevideo estaba dividido en tres o cuatro zonas. Yo era de la zona de la costa, teníamos que cubrir desde Carrasco hasta Pocitos. Para esa zona estaban, además, Marcos Petorossi, Daniel Franco, el Negro Espíndola y después se sumó Joselo Korzeniak”. Una de las personas que Martínez “reenganchó” a la militancia por aquellos días fue a la actual senadora Mónica Xavier, hija de Manuel Xavier, un dirigente de prestigio en el PS.

La masonería

Martínez vivió en Ellauri 333. Fue el intendente número 33 de Montevideo. “Parece broma”, escribe Ladra, en el capítulo sobre el vínculo con la masonería. Martínez admite que integra la masonería desde 2010 y que lo acercó a la logia un productor rural.

El libro detalla además que en aquellos años el gran maestro era Daniel Rilo Arteche, y fue el encargado de “recibirlo” (actualmente el gran maestro es José Garchitorena, ministro de la Corte Electoral). También aporta otros datos: la masonería está presente en Uruguay desde 1856 y cuenta con alrededor de 7.000 miembros activos en el país. Antes que Tabaré Vázquez hubo ocho jefes de Estado masones uruguayos: los blancos Manuel Oribe, Juan Francisco Giró y Atanasio Aguirre, y los colorados Gabriel Pereira, Francisco Vidal, Feliciano Viera, Gabriel Terra y Tomás Berreta.

La transición democrática

En el libro de Ladra hay mucha información sobre los años de la dictadura y la actividad clandestina de Martínez. Por ejemplo, el ex intendente reconoce la ayuda que recibió de sus amigos Walter Dura y Rodolfo Fito Bermúdez, hijo de Washington Bermúdez, un amigo personal y secretario del ex presidente Luis Lacalle de Herrera que vivía en la calle Velsen, que los escondió en su casa durante casi un mes, a Martínez, a su esposa Laura Motta y a sus dos hijas mayores. También recuerda las primeras medidas de protesta en Facultad de Ingeniería, en 1976, la edición de la revista Integrando (en la que Martínez escribió editoriales en 1979), las discusiones entre las juventudes socialistas y comunistas en la FEUU y el papel de algunos sacerdotes en la resistencia a la dictadura (en particular quien los casó a Martínez y Motta en la iglesia San Juan Bautista, Ismael Rivas, pero también otros como Jorge Faget y Pablo Bonavía).

En enero de 1979, Martínez dejó de dar clases particulares y en los Maristas para ingresar a la Dirección Nacional de Ingeniería; luego pasó a ANCAP, a donde llegó mediante un llamado de Bienestar Estudiantil. Hasta 1982, trabajó como ayudante de ingeniero en la planta de La Teja y participó desde allí en las tareas de reconstrucción del sindicato.

En la reconstrucción de estos años en la Federación ANCAP (FANCAP) hay dos nombres que aparecen recurrentemente: el socialista Hugo Chango de Mello (fallecido trágicamente en 2013) y Juan José Cholo Bentancor, que luego sería diputado de la Vertiente Artiguista. También por aquellos años conoció a uno de sus principales asesores en la actualidad, el sindicalista bancario Eduardo Lalo Fernández. Otro hecho relevante de 1982 fueron las elecciones internas, que dividieron a la izquierda entre apoyar a los sectores democráticos de los partidos tradicionales y el voto en blanco, impulsado entre otros por el proscripto Liber Seregni. Los socialistas fueron el último partido del FA en tomar posición: a pesar de que José Pedro Cardoso sugirió la opción del “voto programático”, la opinión de Martínez terminó siendo determinante en la decisión del PS por el voto en blanco, reconstruye el libro.

También se detiene en otro hecho poco conocido: el 3 de noviembre de 1983, Martínez es despedido de ANCAP en aplicación del Acto Institucional N° 7 del 27 de junio de 1977, que establecía la situación de disponibilidad de los funcionarios públicos que permitía desconocer la inamovilidad por motivos políticos o sindicales. En los hechos, Martínez fue el “último funcionario público a quien le aplicaron tan draconiana medida” y el caso llegó a tratarse en la órbita de la Organización Internacional del Trabajo, recuerda Ladra.

Las primeras changas

El primer trabajo de Martínez, a los 16 años, fue en una empresa que se dedicaba a lavar persianas venecianas. Luego, siempre en sus años de estudiante de Ingeniería, trabajó para la heladería Texas, en Soca y Rivera; en una empresa que exportaba ajos a Brasil (literalmente, pelaba ajos); en una distribuidora de películas, y en el cine ABC de Constituyente y Minas (que hoy es la sede de una iglesia).

Luego llegaría la conformación del Plenario Intersindical de Trabajadores, los artículos en el semanario Convicción, los primeros actos del Día de los Trabajadores, la reunificación sindical en el PIT-CNT, la recuperación de Casa del Pueblo (con la imagen icónica de Cardoso y su maceta de albañil) y la primera oratoria en una acto del PS, el 24 de agosto de 1984 en el Palacio Peñarol. Ese día, el socialista Miguel Machado, luego presidente de Progreso, lo llamó a Martínez para presentarle a un “tipo bárbaro”: era el doctor Tabaré Vázquez.

Ya en democracia, el libro se detiene en el congreso del PIT-CNT de noviembre de 1985 –que implicó casi un quiebre de la central–, la derrota traumática en un conflicto de FANCAP (con Hugo Fernández Faingold como ministro de Trabajo, las discusiones con las corrientes comunistas y los comienzos de una relación entrañable con José Pepe D´Elía, de quien Martínez todavía conserva su bastión. También son años de decepciones por la actividad sindical: “Las luchas por el poder por el poder mismo, gente que se mataba por los viajes, en fin, eso me afectó. Yo venía de una militancia clandestina, donde te jugabas, donde había un romanticismo increíble, con cuestiones que eran casi mágicas... y de golpe veía mezquindades”, reflexiona Martínez, que en 1991 dejó la actividad sindical “de primera línea”, iniciando un período de “militancia intermitente” hasta que Vázquez lo convocó en 2005 para integrar el primer gobierno del FA y en todo caso retomar su carrera política pero ya como jerarca en varias dependencias (ANCAP, Ministerio de Industria, Parlamento e Intendencia de Montevideo).

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Los acuerdos con la oposición

En una de las entrevistas, Martínez habla de la hipótesis de ser gobierno y no contar con mayorías parlamentarias, un escenario que necesariamente llevaría a reformular la relación con los demás partidos. Una idea que maneja es la de plantear determinadas ideas para los primeros 100 días de gobierno y sobre esa base hacer acuerdos con la oposición, algo que incluso podría luego realizarse “periódicamente”.

“Una especie de rendición de cuentas, transparentar las cosas y explicarle a la gente las cosas me parece fundamental. O sea, tener períodos donde uno rinde cuentas me parece un tema muy importante, serán cien días o más, pero está bueno”, agregó. Para Martínez, también sería importante “formar equipos y que cada uno sea parte de ese equipo y no representante de su partido”. En cuanto a la posibilidad de definir políticas de Estado comunes con la oposición en determinamos puntos, Martínez responde: “ No veo posibilidades de acuerdos globales con partidos completos, pero sí con sectores y con base en criterios y en rendición de cuentas, de metas y cumplimientos de cosas, eso sí lo veo posible. “Los partidos no son monolitos en Uruguay, hay diversidad y lo creo posible siempre sobre criterios básicos como identificar los problemas, buscar las soluciones, pero hacerlo en equipo, para mí la meta es esa”.

Sobre gustos

Es difícil conocer a Martínez y no saber que es hincha de Defensor. Pero su afición basquetbolística es menos conocida; aunque la mayoría de sus amigos son hinchas de Trouville, es partidario de Bohemios. La responsabilidad la tiene uno de sus mejores amigos, Javier Pastoriza, un periodista especializado en agro que ha trabajado en muchos medios y que sigue teniendo un contacto fluido con el precandidato. En el libro también se mencionan los setentosos gustos musicales de Martínez, en particular el rock progresivo, Led Zeppelin y Deep Purple.

Luego de estas reflexiones, se genera el siguiente diálogo entre Ladra y Martínez:

–En caso de no ganar, ¿Daniel Martínez aceptaría integrar un gobierno de la hoy oposición?

Yo soy parte de una fuerza política, tengo mi cabeza, pero en el acierto o en el error, en la victoria o en la derrota, he sido siempre disciplinado. Yo digo, creo que, si le pedimos a otros que se integren, hay que ver... depende de lo que planteen y la fuerza política decidirá.

–No lo descarta...

–Depende de qué..., lo que importa no es ser o no ser gobierno, importa con base en qué condiciones... En caso de que perdamos, y como somos parte de un colectivo, debemos discutirlo, y al final el colectivo decidirá. Pero advierto, si es una repartija de ministerios, no, ahí olvidate, y después uno se va a tener que comer sapos, no, olvídate, prefiero volver a la ingeniería o a cuidar nietos y a pasear por el mundo.