El jueves se realizó el seminario "Miradas sobre Montevideo", organizado por la intendencia capitalina, y en el evento se presentó el libro Habitar urbano y habitar Montevideo, que incluye 21 estudios sobre el tema.

Uno de ellos, llevado a cabo por el politólogo Marcelo Pérez Sánchez y el economista Juan Pedro Ravela, aborda el fenómeno de los barrios privados, con especial atención a su crecimiento durante las últimas décadas en el área metropolitana.

Allí, los investigadores señalan que el incremento de los barrios cerrados en Uruguay acompaña al del resto de la región, lo que “evidencia otra fisura en el mito de la sociedad integrada”. En su mirada, esta expansión es el correlato urbanístico del avance del neoliberalismo, que ha encontrado pocos obstáculos en esta área.

El departamento de Montevideo, según el estudio, es el único donde hay una normativa que impide la formación de barrios privados, aunque en sus proximidades (especialmente en el este del área metropolitana) se ubica un tercio de los barrios privados de todo el país. En esta zona, además, se trata de residencias de carácter permanente, mientras que los barrios privados de otros departamentos, como Maldonado (donde están 40 de los 78 existentes en el país), se tratan de residencias temporales.

Montevideo, para los investigadores, “se ve cercada desde Canelones, y en mucho menor medida desde San José, por la presencia de este tipo de urbanizaciones cerradas”. El cerco, anotan, también se teje desde adentro del departamento, ya que en el área de Carrasco Norte “hay barrios semiprivados que pujan y esperan por un cambio en la política urbana que les permita terminar la operación de cierre urbano, tanto en los emprendimientos existentes como en el desarrollo de nuevas urbanizaciones cerradas”.

Presencia invisibilizada

A pesar de que se trata de un fenómeno notorio desde la década de 1990, el crecimiento de los barrios privados no ha merecido demasiada atención, ni desde la academia ni desde las políticas de ordenamiento territorial, especialmente si se tiene en cuenta la cantidad de estudios que han merecido los asentamientos precarios.

“Creo que es así porque el fenómeno es menos visibilizado por los políticos, por los propios desarrolladores y por la prensa. Además, porque es un fenómeno más nuevo y de menor cuantía que el de los asentamientos. También hay que tener en cuenta el problema de acceso a la información, la opacidad, y el hecho de que hay pocos trabajos que estudian a la élite en Uruguay”, dice Pérez Sánchez.

En su estudio, él y Ravela suelen acudir a la comparación con los asentamientos, ya que ambos son fenómenos de segregación urbana, aunque de carácter opuesto. La “autosegregación urbana” que involucra a los barrios privados es un tipo de reclusión buscada, mientras que la segregación que da forma a los asentamiento no es voluntaria, sino consecuencia de una exclusión forzada.

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Otro tramo del estudio también apunta rasgos compartidos por barrios privados y asentamientos, ya que se afirma que la superficie de los primeros es de 3.654 hectáreas, lo que implica que han superado la de los segundos, que es de 2.912 hectáreas. En su edición del jueves, el semanario Búsqueda publicó una estimación de la organización Techo que indica que en los asentamientos irregulares residirían entre 182.491 y 219.504 personas, mientras que quienes viven en barrios privados serían 23.000 (pero no todos lo hacen de forma permanente).

La diferencia entre la densidad poblacional y el acceso a servicios entre barrios privados y asentamientos es, para Pérez Sánchez, una muestra evidente de la desigualdad social.

Otro de los conceptos centrales del estudio es el de “neoliberalismo urbano”. De acuerdo con Pérez Sánchez, “tiene que ver con el repliegue del Estado ante el capital en la construcción de ciudad. En este tema, es palpable desde los 90, pero en otras cuestiones viene desde antes, como la liberalización del mercado de alquileres, que fue en 1974. Se trata de una liberalización de los mercados vinculados al negocio inmobiliario y exoneraciones impositivas y normativas, que permite el desarrollo creciente de grandes centros comerciales como shopping centers, barrios privados, etcétera. Se da paso a la ciudad como mercancía, resintiendo el espacio público, con el otorgamiento de más altura a determinados emprendimientos”.

Las empresas

El estudio identificó tres grandes grupos de desarrolladores de barrios privados:

La familia Añón, que posee 80% de Runtuna SA, la empresa que desarrolló los emprendimientos La Tahona.
El Grupo Ecco, desarrollador de los emprendimientos San Nicolás, Parques y Jardines de Carrasco, más barrios jardín de Montevideo.
El Estudio Lecueder, propietario de los emprendimiento Los Olivos en Montevideo y Marina de Santa Lucía en San José.

Desarrollo libre

El estudio detectó la existencia de 78 barrios privados en el territorio nacional, y, en teoría, ninguno de ellos se encuentra en Montevideo. La normativa capitalina lo impide, aunque no se trata de disposiciones específicas: “La Intendencia de Montevideo no habilita el cierre de barrios, más allá de que algunas zonas funcionen así y de que en algunos de ellos hayan querido poner barreras. En ciudades como Rosario, en cambio, existe una norma que prohíbe los barrios privados a texto expreso”, dice Pérez Sánchez.

En las resoluciones de Canelones y San José, según el informe, “no se observa ningún instrumento que contemple la captación de plusvalías por parte del gobierno departamental sobre los desarrolladores inmobiliarios. Gracias al cambio de uso del suelo otorgado por el gobierno departamental (es decir, por la sociedad en su conjunto), los promotores pueden hacerse de valores económicos extraordinarios por el uso que dan a ese suelo, sin que se recupere (aunque sea) parte del mismo”.

El informe destaca que “el Estado y en particular los gobiernos departamentales, a través de los planes de ordenamiento y normativas, son claramente permisivos” en cuanto al desarrollo de los fenómenos de separación y cierre residencial en Uruguay.

Las autoridades nacionales y departamentales tendrían una “perspectiva benevolente” respecto del crecimiento de los barrios privados: “Lejos de asumir de forma clara y explícita la existencia del fenómeno, y con ello desarrollar acciones públicas como la creación de un registro (único y transparente) de urbanizaciones cerradas, crear normativas específicas de autorización o no, e incluso introducir elementos de recuperación de plusvalías urbanas, se limitan, a través de diversos marcos, a autorizar el desarrollo de este tipos de emprendimientos”.

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De hecho, según el estudio, las autoridades suelen reivindicar los posibles beneficios que genera la instalación de barrios privados, como “el empleo para los sectores populares de la zona, obras de infraestructura conexas al emprendimiento y en el mejor de los casos, una mayor recaudación en la contribución inmobiliaria”.

“No parece, con excepción de la contradictoria Montevideo, una preocupación en términos de lo que implican estos barrios como expresión de procesos de socialización burbuja (propios de un ambiente protegido y homogéneo, con escaso contacto con seres diferentes, que no les provee de habilidades o destrezas para desenvolverse con autonomía en el espacio exterior) de quienes allí habitan la privatización del espacio, o los tipos de vínculo funcional con el entorno barrial donde se ubican, los impactos ambientales que se producen, ni la consolidación de una forma de producción del espacio mercantil contraria a la idea de derecho a la ciudad”, concluye el estudio.

De la chacra cerrada al barrio jardín

El estudio distingue distintos tipos de barrios privados:

Countries / Clubes de campo. “Ubicados por lo general en las zonas periurbanas, cuentan con gran extensión espacial, desarrollan formas de cierre y seguridad, vida al aire libre, y ofrecen una gran variedad de espacios comunes y de servicios, en particular vinculados a diferentes deportes (tenis, hípicos, golf, entre otros). Presentan uso residencial tanto permanente como temporal, y son diseñados para sectores de ingresos medios altos y altos”. Cantidad: 33. Emprendimiento promedio: 58,8 há. Lote promedio: 2.325 m2

Barrios cerrados. “Ubicados en las áreas periurbanas y urbanas, cuentan con una extensión espacial más acotada en muchos casos que los countries, y asimismo desarrollan formas de cierre y seguridad y ofrecen una gama más limitada de servicios en relación a los countries. Presentan un uso residencial predominantemente permanente, y son diseñados para sectores de ingresos medios y medios altos .En esta categoría incluimos también a aquellos barrios cerrados que cuentan con bloques de apartamentos”. Cantidad: 21. Emprendimiento promedio: 6,6 há. Lote promedio: 845 m2.

Urbanizaciones polderizadas. “Ubicadas en áreas ambientalmente frágiles, como bañados o cercanas a la franja costera, pueden presentarse como countries o chacras, cuentan con una importante extensión espacial y requieren, en muchos casos, acciones de dragado o relleno para realizar la urbanización. Desarrollan formas de cierre y seguridad, y ofrecen una gran variedad de espacios comunes y servicios, en particular vinculados a deportes y actividades acuáticas. Presentan un uso residencial tanto permanente como temporal, y son diseñadas para sectores de ingresos altos”. Cantidad: 4. Emprendimiento promedio: 90,5 há. Lote promedio: 2.745 m2.

Chacras cerradas. “Ubicadas por lo general en áreas rurales cercanas a la franja costera con funcionalidad urbana, cuentan con lotes sustantivamente más grandes en relación a las otras tipologías, presentan formas de cierre y seguridad, y en ellos hay una preocupación neoexclusivista en el acceso a las zonas balnearias. Presentan un uso residencial predominantemente temporal de sus habitantes, son diseñadas para sectores de ingresos altos”. Cantidad: 15. Emprendimiento promedio: 76,8 há. Lote promedio: 5.941 m2.

Barrios jardín / Semiprivados. “Ubicados en áreas urbanas, en nuestro caso Montevideo, cuentan con las mismas características que los barrios cerrados, desarrollan sistemas de seguridad y una morfología urbana de cierre, pero tienen la diferencia de no tener un vallado en el acceso al barrio, pues la IM no lo permite. Presentan un uso residencial permanente, y son diseñados para sectores de ingresos medios altos y altos”. Cantidad: 5. Emprendimiento promedio: 12,3 há. Lote promedio: 795 m2.

Habitar Montevideo: 21 miradas sobre la ciudad es una publicación de la Intendencia de Montevideo, la Fundación Friedrich Ebert y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. El libro fue coordinado por Sebastián Aguiar, Víctor Borrás, Pablo Cruz, Lucía Fernández Gabard y Marcelo Pérez Sánchez.