Mañana a las 21.00 TV Ciudad emitirá el primer capítulo de Crónicas de campañas, una serie de documentales que repasan las elecciones desde 1984 desde el punto de vista de quienes diseñaron la comunicación mediática de los partidos políticos.

Basados en un intenso trabajo de archivo y en testimonios actuales de creativos y técnicos publicitarios, los primeros capítulos de la serie impactan por la diversidad del material recuperado y por la tensión entre las opiniones de los distintos profesionales, especialmente en el caso del segundo episodio, no dedicado a una elección nacional sino al plebiscito sobre la Ley de Caducidad realizado en abril de 1989.

Su director, Aldo Garay, tiene una larga trayectoria como documentalista tanto en largometrajes (El casamiento, El círculo, El hombre nuevo, Un tal Eduardo, entre otros) como en televisión (su anterior trabajo fue Memoria tropical). Con él conversamos sobre este programa que estrenará capítulos durante los próximos cuatro domingos y que luego retornará con cuatro episodios más a mediados de julio (luego de que se celebren las elecciones internas).

En la serie, el concepto de “campaña” está entendido sobre todo desde la publicidad: la mayoría de los testimonios son de creativos, mientras que los dirigentes políticos aparecen sólo dentro de las piezas publicitarias.

Sí, el punto de vista de Crónicas de campaña es desde la mirada de los publicitarios, técnicos y artistas que trabajan en la propaganda o comunicación política. Dado que la idea es indagar en cómo se trabaja en la construcción de la imagen y relato tanto de los partidos como de sus candidatos, a nivel de entrevistados llegamos hasta el rol de jefe de campaña, que en muchos casos son directamente políticos, que también tienen vínculos con la comunicación. En este sentido, el caso más claro es el de Antonio Mercader, que además de un destacado dirigente fue un reconocido publicitario. Narrar las campañas desde la comunicación política es una mirada, una de las tantas que podrían hacerse. Se podría contar desde los propios políticos, desde las ciencias sociales, periodistas, etcétera.

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Queda claro que hicieron un trabajo de investigación muy prolongado. ¿Cómo fue el proceso?

La investigación consiste en dos carriles. Uno fue hallar a los responsables de las campañas, o a diferentes profesionales que hayan estado cerca de los procesos de trabajo. Fue complejo, porque varias personas fallecieron; otros no quisieron estar públicamente identificados con los candidatos o partidos para los cuales trabajaron. Con los archivos fue un trabajo casi de arqueología. Estuvimos meses buscando los spots de la campaña de 1984. De hecho, ese fue un programa que corrió peligro hasta que apareció Julio Pelossi, realizador de la campaña de Zumarán, que además es coleccionista. Encontró un VHS con una cantidad importante de piezas. Una gran sorpresa fue saber que ni siquiera los partidos tienen archivos de sus propias campañas. También el joven realizador y coleccionista Emilio Silva nos aportó mucho material. Además, quiero destacar una película documental que es de una tremenda importancia en la cinematografía nacional: Elecciones generales, de César de Ferrari. Es un documental que registra ese increíble momento del retorno a la democracia. Su escena final, con el pueblo de todos los partidos festejando juntos en 18 de Julio, fue el tono moral de la serie: celebrar la cultura democrática. Más allá de la serie, creo que es importante acopiar y catalogar estos archivos; generar y conservar acervo es una misión que TV Ciudad como canal público tiene presente. La producción fue realizada por personal del canal: Carolina Mauriello en producción, Diego Varela en cámara, Fernanda Domínguez en sonido, Gustavo Bentura en gráfica y Nicolás Golpe en edición. Son reportajes que tienen mucho trabajo de montaje. Editando, probando es cuando suceden los hallazgos, cosas que quizás en un primer visionado no dicen nada o poco, esos pequeños actos y pedazos de las historias cotidianas.

Llama la atención la primacía de la televisión, sobre todo en el primer capítulo. Uno de los entrevistados, el escritor Milton Fornaro, encargado de la campaña del Frente Amplio [FA] en 1984, cuenta que discutieron con el comando porque los dirigentes preferían hacer pegatinas, volantes, propaganda callejera, y ellos abogaban por la televisión. ¿Por qué se centró en eso el documental? ¿Es la primera campaña uruguaya en la que la televisión tuvo primacía?

Fornaro en ese entonces era un profesional de la publicidad, por lo tanto conocía muy bien el alcance y la eficacia de la publicidad en televisión. Y aquí hay un detalle para nada menor: la accesibilidad del video. Ya no era necesario filmar en cine, en fílmico. Tanto Fornaro como Julio Pelossi, el realizador de la campaña de Zumarán de 1984, recuerdan lo complejo que era hacer piezas publicitarias en las elecciones de 1971. En ese entonces, para el FA, Juan Carlos Rodríguez Castro, director de Mataron a Venancio Flores, había realizado registros y piezas fílmicas. Pero estos asuntos técnicos, y de lenguaje, generaban resistencia en una clásica forma de propagar las ideas, sobre todo en el FA, que tenía una fuerte cultura de pegatinas y pintadas de muros. Fue un conflicto entre profesionales de la comunicación y la clásica propaganda militante, que en 1984 aún tenía mucha incidencia en las cúpulas medias del FA. Publicidad política para televisión ya se hacía antes del golpe de 1973, pero sinceramente no tengo claro su volumen. La accesibilidad al video fue fundamental para que a partir de 1984 se realizaran muchísimos spots. Hoy se está dando una discusión interesante en torno a la importancia o lo determinante que puede ser la televisión. Jóvenes publicitarios creen que hoy los mensajes políticos tienen que volver a los muros, pero a los de las redes: Facebook, Instagram, Twitter.

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En el segundo capítulo, el del plebiscito de 1989, sí aparece la calle: las pintadas por el voto verde, su utilización por parte de ambos bandos. ¿Lo buscaron o surgió de la investigación?

Sin dudas que las paredes en 1989 seguían siendo un medio importante de expresión propagandista, sobre todo para las campañas que menos dinero tienen para pautar en los medios. Antes comenté que era más fácil realizar un spot, pero para que fuera visto había que pagar mucho a los pocos canales televisivos de la época. En el plebiscito voto verde-amarillo claramente algunos spots tomaron las pintadas y pegatinas como recursos narrativos. Me pareció interesante esto, la fusión de la clásica forma de propaganda callejera llevada a la televisión. Y sí, lo encontramos, surgió en la investigación.

Me llamó mucho la atención ver que la utilización de papeletas de colores amarillo y verde (en lugar de las usuales “sí” versus “no”) se propuso desde el comando de la campaña de los partidarios de la Ley de Caducidad. Pensaba que había sido la Corte Electoral.

A mí también me llamó mucho la atención. El creativo jefe de la campaña por el voto amarillo, Juan Carlos Ferrero, es considerado como uno de los más importantes publicitarios que ha tenido la publicidad uruguaya, un hombre con ideas que iban más allá de la creación de un eslogan. Escribía discursos para los candidatos. De él fue la idea de poner colores a las papeletas en esa contienda. Ferrero, además de ser un profesional, trabajaba en sus campañas con autentica convicción; después hay otro tipo de publicitarios que no hacen diferencia entre trabajar con un producto comercial o un candidato o partido, son clientes.

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