En el siglo XIX y principios del XX en Uruguay las corridas de toros eran fiestas populares, como ocurre actualmente con el fútbol. Esa tradición española fue perdiendo pie, una vez que los tormentos que padecían los protagonistas de esas lides fueron denunciados por grupos protectores de animales y figuras políticas relevantes. La prohibición de esas prácticas fue impuesta durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez (1911-1915), lo que provocó la caída de la monumental Plaza de Toros de Colonia del Sacramento, un edificio que está en proceso de restauración.

A lo largo de la historia, Colonia del Sacramento supo desarrollar la habilidad de obtener ventajas de las prohibiciones argentinas; en efecto, aquello que la legislación restringe del otro lado de la costa, en la margen oriental ha podido cultivarse sin mayores inconvenientes.

En Argentina, recuerda el historiador y docente coloniense Sebastián Rivero, las corridas de toros fueron prohibidas en la década de 1890, mientras que en Uruguay continuaron desarrollándose durante todo ese siglo, en plazas dispuestas en Montevideo y Colonia del Sacramento, entre otros puntos del país. Tras la muerte del torero sevillano Joaquín Sanz Almenar Punteret, provocada por las heridas que le provocó la embestida de un animal en una plaza ubicada en Montevideo, en 1890 entraron en vigencia reglas que impusieron la colocación de protecciones en los cuernos del toro así como la prohibición de matar al animal en el rodeo. De ese modo, las arenas de los complejos taurinos se transformaron en escenarios donde se realizaba una suerte de “parodias” en las cuales al torero se le permitía marcar con un objeto punzante el lugar del cuerpo del animal donde podría asestar un dagazo mortal pero sin poder concretarlo.

Antes de que se construyera la plaza de Toros del Real de San Carlos, en Colonia del Sacramento hubo un espacio que funcionó en la actual avenida General Flores, justo donde hoy se ubica el edificio de la intendencia de ese departamento. En el siglo XIX las corridas de toros eran espectáculos de una popularidad como aquella que hoy goza el fútbol, comenta el historiador.

Era tan grande la afición que despertaban esas corridas que el empresario Nicolás Mihanovich comenzó a organizar excursiones desde Buenos Aires a Colonia. Aquella plaza construida en el actual centro de Colonia, que al principio tuvo características bastante precarias, fue reinaugurada en 1909, con una estructura de madera que podía albergar a más de 3.000 personas. El acuerdo que unía a los propietarios de ese circo taurino con la intendencia de Colonia cayó a poco tiempo de la reinauguración, lo cual aceleró el proyecto de Mihanovich de construir un complejo turístico en la zona del Real de San Carlos, a pocos kilómetros del centro de la ciudad, que incluía una plaza de toros con capacidad para 8.000 personas, un frontón euskaro, un puerto y un hotel, entre otros atractivos. Los Mihanovich, padre e hijo, ambos llamados Nicolás, fueron poderosos empresarios navieros que monopolizaron durante muchos años el tránsito de pasajeros en los ríos De la Plata y Uruguay.

Real de San Carlos - Rev La Semana Nº 32 febrero 1910
Real de San Carlos - Rev La Semana Nº 32 febrero 1910

Ladrillo a ladrillo

La historia del Real de San Carlos es larga y “se arma como un puzle de piezas sueltas”, comenta Rivero. Ese lugar surgió como un campo militar español fundado por Pedro Cevallos en 1761, con el objetivo de cercar a la entonces Colonia portuguesa. El Real de San Carlos “no se puebla desde un centro fijo, sino que el primer núcleo del Real es la capilla San Benito”. Terminado el conflicto entre las potencias ibéricas en el Río de la Plata, la zona fue elegida por agricultores españoles e italianos especializados en vides, entre otros cultivos.

El proyecto Mihanovich se instaló en una zona que unía a la villa que había crecido en torno a la capilla y a la costa. La construcción del complejo hotelero generó una suerte de boom en la región, algo que podría compararse a lo que ocurrió hace poco con la instalación de la fábrica de celulosa de Montes del Plata en Conchillas, arriesga Rivero. Mihanovich invirtió un millón de dólares en la construcción del complejo y trajo a muchos obreros de Argentina que vivieron en hoteles de Colonia. “La empresa gastaba en alojamientos de los trabajadores, había carruajes que llevaban desde Colonia al Real”. En seis meses se construyó la Plaza de Toros, “porque se importó la estructura y se montó en Colonia. Los ladrillos se hicieron en una fábrica que se abrió en la zona de La Arenisca, a pocos kilómetros del Real de San Carlos”.

Los medios escritos que funcionaban en Colonia contaron sobre “las cosas que se traían desde Europa vía Buenos Aires, la estructura de metal fundida en Alemania, el tren de trocha angosta que iba desde el muelle hasta el hotel, la loza y los muebles que se traen desde Austria y que vienen con el sello de la empresa, con el logo rojo y blanco, seguro que por la bandera de Croacia, de donde provenía Mihanovich, que en ese momento pertenecía al imperio austro-húngaro”.

Un negocio redituable

El desarrollo de la tradición taurina en Colonia del Sacramento generó cuantiosas ganancias para la empresa Mihanovich entre 1910 y 1912. En ese período se hicieron 32 corridas, en las cuales participaron toreros de relevancia internacional, como el español Ricardo Torres Bombita. Espectadores procedentes sobre todo de Argentina colmaban la zona del Real de San Carlos en las diferentes oportunidades en que se hacían corridas. “Todo lo que era ilegal en Argentina, se legalizaba acá, y hacía que eso fuera muy redituable”, dispara Rivero, y recuerda que el escritor y periodista español Mateo Alonso Criado, que tenía vínculos con Colonia, decía que “lo prohibido” era parte del vínculo entre Colonia y Buenos Aires: “En la época portuguesa estaba presente el tráfico ilegal, y Mihanovich lo une con las corridas, con la historia circular del atractivo de lo ilegal de esta zona del país y de Uruguay”. “El turismo se basaba en lo que no se hacía en Argentina. Acá el Estado vio que hay un negocio y lo controló, de ahí sacó recursos y le dio un marco. Era una política de Estado que permitía traer turistas. Y Mihanovich usaba esa lógica”, apunta el historiador coloniense.

Opositores a la tradición

Si bien la población local obtenía ventajas del desarrollo de esa actividad, hubo opiniones que se alzaron en contra, especialmente entre los integrantes de los “sectores cultos y adinerados” de la localidad, establece Rivero. Un estadounidense de apellido Manton, radicado en Colonia, lideró una campaña en contra de las corridas por medio de la prensa y de la creación de una sociedad protectora de animales. “Manton proponía hacer bailes para que la gente no fuera a las corridas, pero a la gente le atraía más las corridas de toros, según señalaba el diario La Colonia”, acota.

Real de San Carlos - Rev La Semana Nº 26 enero 1910
Real de San Carlos - Rev La Semana Nº 26 enero 1910

A pesar de que los toros debían estar con los cuernos cubiertos o “embolados”, en 1910 uno de ellos hirió en el vientre a uno de los caballos que auxiliaban a los toreros, lo cual despertó la reacción de Manton.

La apertura de la plaza de toros del Real de San Carlos ocurrió en 1910, bajo la presidencia de Claudio Williman y la jefatura del gobierno departamental de Colonia, en manos del también colorado Felipe Suárez. Ese mismo año, Batlle y Ordóñez escribió en El Día contra las corridas de toros y las riñas de gallos, entre otras prácticas que tenían a los animales como involuntarios participantes. Al principio Suárez apoyó calurosamente la realización de las corridas en Colonia, pero en 1912 viró su posición y denunció que en la plaza de Mihanovich se llevaban a cabo corridas que no cuidaban a los animales.

“Se dice que Batlle las prohibió una vez que asumió su segundo mandato, y que escribía en contra desde las páginas de El Día, pero lo cierto es que cuando se hacían las corridas el que gobernaba era Williman, que las permitía, y el intendente Suárez las permitía y era asiduo a las corridas. Todo se sabía, pero cuando Batlle asumió su segundo mandato, Suárez denunció las corridas antes de que Batlle lo dijera”. En 1912, Suárez “le pidió a Mihanovich que hiciera corridas pero que no se hiriera a los toros, algo que la prensa criticó con el argumento de que no tenían gracia. En 1913 Batlle impidió todo juego con animales, incluso las riñas de gallos y la corrida de toros embolados”.

El historiador señala que la prensa local “lamentó la clausura de las corridas, especialmente porque afectaba al turismo, lo cual era cierto, porque dejó de venir un montón de gente desde Argentina”. Para compensar la pérdida de ingresos que representó el cese de las corridas, Batlle le otorgó a los Mihanovich la licencia de explotación de un casino, lo cual también les generó cuantiosas ganancias, ya que ese tipo de juegos también estaba prohibido del otro lado del río.

A la hora de analizar las razones que llevan a los gobernantes de turno a reglamentar el desarrollo de prácticas que incluyen la participación de animales, Rivero cree pertinente incluir el factor económico, ya que, por ejemplo, “por algo se prohíben las carreras de galgos pero no se prohíbe el turf”.

Tras la muerte de dos caballos en las domas en la última Semana Criolla, hecho que despertó protestas en varios frentes, la comparación con lo acontecido hace un siglo aparece de modo inevitable. “Está ese tema de querer conservar las tradiciones, pero a las tradiciones se las inventa, no son fijas. Yo personalmente casi que estoy en contra de ese tipo de domas, y creo que esos reclamos están bien, porque Uruguay ha estado inserto en esa línea de un trato más humanizante con los animales que impulsó el batllismo”, concluye Rivero.

La recuperación de la Plaza de Toros

La Plaza de Toros de Colonia del Sacramento se inauguró en 1910. Tras la prohibición de continuar con esas prácticas, el edificio, “que no fue pensado para que durara toda la vida”, cayó en un notorio declive, y no hubo inversiones en mejoras durante un siglo.

La reconstrucción de ese espacio se inició hace varios años y logró plasmarse mediante un acuerdo entre la Intendencia de Colonia y el gobierno nacional, que invertirá más de cuatro millones de dólares en esa obra.

Según anunciaron las autoridades en febrero, en el segundo semestre de este año comenzarán las obras de refacción. El proyecto incluye levantar un centro de espectáculos, con una capacidad para 2.000 personas. Las tareas de refacción se prolongarán durante 20 meses.