Desde que 20 artistas callejeros se juntaron para trabajar juntos en 1984 pasaron 35 años y mucha agua debajo del puente. Hoy Cirque du Soleil, basada en Québec, Canadá, es la mayor productora de su tipo, con 19 espectáculos que están girando por diversos parajes del mundo.

Aquel núcleo inicial ha dado lugar a una compañía de enormes dimensiones, que reúne a más de 4.000 personas, entre ellas 1.300 artistas provenientes de más de 50 países. En su extensa trayectoria ha dejado de boca abierta a más de 155 millones de espectadores en más de 400 ciudades alrededor del mundo.

En estas vacaciones de julio la compañía recaló en Montevideo con su espectáculo Ovo, creado y dirigido por la brasileña Déborah Colker, que se estrenó en abril de 2009 en Montreal y después de girar desde hace diez años, llega por primera vez a Uruguay: “Fue un espectáculo de carpa desde 2009 hasta 2015. Entonces trabajamos durante seis meses para hacer una versión para arena, que implica una adaptación: el escenario es diferente, las acrobacias son diferentes, tenemos actos que deben estar acordes al espacio, que es más grande. Es importante que el público tenga una buena experiencia y pueda disfrutar plenamente del show”, destacó en diálogo con la diaria Nicolás Chabot, encargado de comunicación de la compañía.

No es, sin embargo, la primera vez que la compañía se presenta en nuestro país: ya había estado, siempre generando mucha expectativa en el público, en 2016 con Kooza en el parque Roosevelt, y en 2017 con Amaluna en Punta Carretas. El espectáculo que llega en esta oportunidad es uno de los más emblemáticos de la compañía; en 2015 cumplió 2.000 funciones y antes de adquirir su nuevo formato adaptado a grandes estadios del estilo del Antel Arena ya se había presentado en más de 30 ciudades.

Circo 2.0

Cuesta reconocer en las cuidadas puestas en escena del Cirque du Soleil el viejo formato tan fascinante como decadente y enigmático de los circos tradicionales. Sin embargo, lo que esta versión estilizada y profesional guarda de los circos de antaño es la capacidad de llevar al público a un estado de permanente asombro: los números de circo devuelven al espectador a un estado de infancia. Esa mirada inocente que oscila entre la emoción, la incredulidad y la perplejidad.

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Por otra parte, los numerosos artistas que conforman la compañía mantienen una de las características principales del circo: vivir de gira y constituir una comunidad. “No es fácil y hay gente que después de un tiempo se da cuenta de que no puede hacerlo, ya que aunque hay una rutina, no es una rutina normal. Hay gente que extraña la casa, que no se acostumbra a dormir en los hoteles, que se da cuenta de que no puede viajar todas las semanas. Esta vida de gira no es fácil. Por ejemplo, quienes integramos el equipo que está en Montevideo hace tres años que giramos juntos. Estamos lejos de nuestra familia, pero Ovo es nuestra familia”, contó Chabot.

El secreto de Cirque du Soleil está en la búsqueda de la excelencia en la realización de los actos artísticos, así como en una puesta en escena que cuida todos los detalles y que apuesta a lo visual pero, sobre todo, a la sorpresa, al poner al espectador ante el vértigo que genera presenciar lo que raya con lo imposible. Malabaristas, contorsionistas y equilibristas dan todo de sí en un espectáculo calculado al detalle, arriesgado y que maneja el ritmo entre la tensión de lo inconcebible y la gracia de un humor sencillo y efectivo.

Insectos diversos

Colores. Formas. Diseños. Los insectos fascinan en su extraordinaria variedad. Ovo, que trata de una comunidad de insectos de diversas especies que vive en armonía hasta que llega un extraño que pone en cuestión ese orden, lleva al escenario las diversas especies de insectos, caracterizados con excelentes vestuarios y con un manejo de las luces y la escenografía que instala en el espacio del Antel Arena un hábitat vegetal genuino y creíble. Un punto alto de la caracterización de los insectos es el trabajo de las voces. No hay diálogos propiamente dichos y cada uno se expresa mediante ruidos, que al mismo tiempo generan el clima sonoro adecuado y resultan en un elemento fuertemente humorístico en el que se basan las actuaciones de los personajes principales.

La historia es sencilla: “Es la historia de una comunidad de insectos de diversas especies, que conviven en armonía hasta que un día viene un extranjero que lleva un huevo sobre su espalda. Es un insecto diferente, al que el resto nunca había visto antes, y eso rompe totalmente con la armonía de la comunidad: tienen que volver a aprender a convivir. El recién llegado se enamora de la mariquita; es una historia de aceptación pero también es una historia de amor. Es interesante que nosotros, de alguna manera, seamos una comunidad similar: somos 100 personas de 25 países diferentes, con culturas diferentes, con lenguajes diferentes y con experiencias de vida diferentes, y tenemos que trabajar todos juntos para hacer el show en cada ciudad donde nos presentamos”, contó Chabot.

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Ovo apuesta a la integralidad y a una propuesta que engloba música en vivo y un espectáculo visualmente muy atractivo, en el que se destaca el vértigo de los números acrobáticos, que son llevados al extremo de lo posible y realizados con suma destreza. “Tenemos diferentes actos de circo, en los que el nivel acrobático es muy alto, muy impresionante. En varios participa un solo actor: un equilibrista, un contorsionista, pero también hay actos de grupo; uno de los momentos de mayor atractivo es la presentación de 12 grillos que saltan por todo el escenario, valiéndose de una cama elástica y una pared de escalar”, dijo Chabot. A partir del dato de que los grillos saltan 12 veces su altura, los acróbatas que interpretan los grillos de Ovo saltan hasta tres veces su altura y se mueven con una destreza excepcional (uno de ellos da tantas vueltas en el aire que se hace imposible contarlas).

Así, acrobacia, coreografía, música en vivo y las muy buenas actuaciones de los “payasos” conforman un espectáculo redondo, que mantiene la atención del público sobre todo en ese hilo del que pende el asombro ante el vuelo etéreo de la equilibrista, los movimientos imposibles de la contorsionista y la acción vertiginosa de los acróbatas. Plasticidad, humor y una historia de aceptación del extranjero que llega, al que es necesario aprender a conocer.