Analizar las heterogeneidades territoriales tras los resultados electorales es un ejercicio que atrapa a cientistas sociales y también a muchos uruguayos que no lo somos. Si bien no toda la gente vota en el barrio en el que vive ‒por ejemplo, muchos no trasladan la credencial luego de mudarse‒, la adjudicación de un votante a un territorio específico de acuerdo al circuito que le corresponde es una forma aceptada de sistematizar información. Eso permite construir una secuencia histórica y analizar la evolución de ciertos comportamientos electorales.

Recuerdo, bajo la dictadura, rastrear un viejo ejemplar leído de la revista Estudios para contrastar planteos de compañeros que sostenían que existía una preponderancia frenteamplista en barrios costeros de Montevideo en las elecciones de 1971, cuando en verdad esto había acontecido en barriadas obreras como el Cerro y La Teja. Esta adhesión nuevamente se constató en las elecciones de 1984 y 1989, mientras que se verificaba el fenómeno inverso en zonas de la periferia norte y el noreste del departamento.

Los votantes de la costa, en tanto, mostraban una conducta intermedia. A partir de las elecciones de 1994 y las siguientes la realidad se fue modificando. Las zonas de escaso apoyo se fueron convirtiendo en aquellas en las que el Frente Amplio (FA) lograba adhesiones de 60% o más, equiparándose o superando incluso a los referidos barrios obreros, mientras que en la costa era donde la izquierda recogía menores respaldos. Muchos factores pueden explicar esos cambios, pero no es objeto de esta nota analizar ese proceso, sobre el cual hay muchas tesis y trabajos académicos. Valga la referencia simplemente para ejemplificar la relación entre lo electoral territorial y los cambios políticos y sociales en una sociedad.

Tras las recientes internas, nueva información está disponible y algunos medios la publicaron parcialmente. En esta nota trataremos de profundizar y extraer algunas conclusiones, sabiendo que la foto montevideana obtenida tiene sesgos de diversos tipos, en primer lugar el de que se trata de una instancia no obligatoria en la que participó sólo 40% de los habilitados. Nuestra historia política indica, desde hace cierto tiempo, que el lema que recoge más votos en estas instancias, el Partido Nacional (PN), luego es derrotado en las elecciones obligatorias de octubre o en el balotaje de noviembre.

La izquierda ha hecho ejercicios de este tipo al menos desde la existencia misma del FA. Para ello utiliza como límites geográficos los definidos para las 18 coordinadoras en que ha dividido su estructura político-organizativa en la capital. La obtenida y procesada en estos días es la que utilizaremos aquí. Esas delimitaciones son muy similares a las que identifican las áreas de los 18 Centros Comunales Zonales y que dan lugar a su vez a los ocho municipios capitalinos. Para mayor claridad, se correlacionan las coordinadoras frentistas con los municipios (ver mapa), lo que posibilita además incorporar cierta esquematización sobre características socio-económicas-culturales promedio de los residentes en cada uno de ellos, obtenidos de la Intendencia de Montevideo.

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¿A quiénes votaron los montevideanos?

El último domingo de junio se emitieron en la capital unos 330.000 votos válidos, y el FA fue el lema más votado, obteniendo 38%. Lo siguió el PN, que recogió 35% de adhesiones, mientras que el Partido Colorado (PC) alcanzó 21%. La suma del resto de los otros partidos participantes, incluido Cabildo Abierto, de Guido Manini Rios, redondeó 7% de los votos.

La votación frenteamplista fue mayoritaria en todas las coordinadoras excepto en las de la costa (KLM: de Punta Carretas hasta Carrasco) y en las coordinadoras I (Manga, Piedras, Blancas, Toledo chico, etcétera) y J (Curva de Maroñas, Hipódromo, Punta Rieles, Villa García, entre otros). En ambas el lema que obtuvo más votos fue el PN, pero mientras que en las coordinadoras I y J el FA fue el segundo más votado y el PC quedó tercero lejos, en las coordinadoras de la costa los colorados tuvieron similar o incluso mejor votación que el FA. Si bien los datos no permiten discriminar territorialmente la votación de Cabildo Abierto dentro de “otros partidos”, de manera indirecta puede inferirse que en su votación (12.700 votos, 4%) las dos terceras partes provinieron de las coordinadoras I-J-O y de los votos observados.

Al interior de los lemas

En el caso del FA, la distribución de las adhesiones a los cuatro precandidatos (Daniel Martínez, Carolina Cosse, Óscar Andrade y Mario Bergara) no mostró heterogeneidad territorial, y se mantuvo el ranking general prácticamente en todos los barrios. Daniel Martínez fue el más votado en todas las coordinadoras, excepto en una, con un rango de votación de 31% a 40% de los votos. Por su parte, el rango de Carolina Cosse fue de 20% a 34% y se ubicó siempre segunda salvo en las coordinadoras L-M, donde Bergara ocupó ese lugar, y en la I, donde lo hizo Andrade.

Por el contrario, en los lemas tradicionales se puede constatar una importante heterogeneidad interna territorial entre sus principales precandidatos. En el caso del PN, el precandidato Luis Lacalle obtuvo en promedio 63% de los votos blancos montevideanos y Juan Sartori sólo 21%. Pero, mientras en la zona costera Lacalle sextuplicó la votación de Sartori (73% versus 12%), en todas las coordinadoras de la periferia lo superó por mucho menor margen (50% versus 34%). Jorge Larrañaga tuvo porcentajes de adhesión bastante homogéneos entre los barrios, con 14% en promedio.

En el PC también se observa un importante clivaje territorial entre sus dos principales contendientes. Ernesto Talvi tuvo un rango de votación de 41% a 84% de los votos colorados, mientras que el rango de Julio María Sanguinetti varió entre 17% y 50%. La relación promedio montevideana entre ambos contendientes fue de tres a uno a favor de Talvi, pero mientras que en los barrios costeros Talvi quintuplicó los votos de Sanguinetti (80% versus 16%) en las zonas de la periferia el ex presidente empató o incluso venció al economista.

En síntesis, en lo que respecta a comportamientos inter e intrapartidarios vinculados al territorio, la foto que nos deja las elecciones internas es:

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Se confirma la heterogeneidad territorial del comportamiento electoral de los montevideanos, ya constatada hace tiempo. En el marco de un leve predominio general frenteamplista, el FA mantuvo su histórica preeminencia en los barrios del oeste, la periferia noroeste y la zona de alta densidad de cooperativas (coordinadora Q) e incluso en algunas de ellas obtuvo más apoyo que el de blancos y colorados sumados. Por el contrario, en zonas donde históricamente tuvo votaciones intermedias o bajas, como los barrios costeros desde Punta Carretas al este ‒donde el PN tuvo la mejor votación‒ la votación frentista fue magra (29%) y logró menos adhesiones que los colorados. Otras zonas de baja votación de la izquierda y donde también los blancos lograron mayores adhesiones fueron las correspondientes a la periferia noreste. En los barrios entre la bahía portuaria y la rambla sur el FA obtuvo una votación dentro del promedio general. Por su parte, el PN como lema tuvo baja heterogeneidad, y un rango de adhesiones que varió entre 26% y 42% de los votos. Todo lo contrario se observó en el PC, con apoyos por barrio que variaron desde 8% a 33% de los votos emitidos. La aparentemente mayor votación de Cabildo Abierto en la periferia norte y noreste emerge también como un dato a considerar.

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Al interior de los lemas se presenta una situación bastante diferente. En el FA no hay prácticamente diferencias territoriales entre los cuatro precandidatos, y se mantiene el orden general en casi todas las coordinadoras. Por el contrario, en los lemas tradicionales se observan clivajes territoriales significativos. Tanto Talvi en el PC como Lacalle en el PN obtuvieron sus apoyos intrapartidarios más marcados en los barrios de la costa, mientras que Sartori y Sanguinetti lo hicieron en barriadas de la periferia.

Mensajeros, mensajes y canales

Sometida la información anterior a un análisis más político, destacan algunos aspectos. La disminución del predominio frentista en algunos barrios era algo esperable si tenemos en cuenta la información que surge de las encuestas sobre intención de voto o de evaluación de la gestión gubernamental. La novedad ha sido la intensidad del cambio operado, en particular en zonas de la periferia norte y noreste y de la costa, dos zonas a todas luces diferenciadas entre sí en término de composición socio-económico-cultural de su población. En la primera hay predominio de sectores bajos y medios bajos y en la segunda, medios y medios altos.

Otro aspecto que llama la atención es que no exista heterogeneidad territorial al interior del FA. Eso no ha sido lo observado habitualmente, ya que es conocido que los sectores mayoritarios del FA (Movimiento de Participación Popular y Frente Liber Seregni) han tenido implantación territorial diferencial. Sin embargo, y a pesar de apoyar oficialmente a precandidatos frentistas distintos, eso no se habría expresado en el resultado electoral. O las bases respectivas no acompañaron la decisión del sector. Esto último podría explicar la buena votación general a todas luces de Andrade y su segundo lugar en la coordinadora I, así como la más firme segunda posición de Bergara con 22% de los votos frentistas en la costa.

Lo más probable es que en esta oportunidad el futuro del país se dirima electoralmente en el balotaje de noviembre. Ahí quedarán delineadas con claridad dos propuestas. Por un lado, la levantada por el FA y encabezada por Daniel Martínez, que propone un nuevo impulso de desarrollo productivo y social sobre la base de lo logrado en los tres períodos gubernamentales previos. Por otra, la promovida desde el multifacético arco opositor, donde los principales referentes y sostenes programáticos son Lacalle y Talvi.

La foto obtenida en las internas nos da pistas sobre la relación de afinidades y territorio, pero está enmarcada temporal y espacialmente y contiene sólo a 40% de la población habilitada para votar. Qué hará el 60% restante, y asimismo parte de ese 40% luego de conocido el resultado de las internas, es una incógnita. Los insucesos de la izquierda, tanto en la costa como en la periferia noroeste, añaden un desafío mayor a su estrategia electoral hacia octubre-noviembre. Del acierto de cómo se proyecte el dilema electoral sobre colectivos tan distintos en su conformación social, económica y cultural dependerá el resultado, y en ese sentido las cualidades del mensajero, la consistencia de su mensaje y la adecuación del canal utilizado serán factores sin duda muy importantes.

Edgardo Rubianes es doctor en Biología y fue presidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación