Rayuela bien acompañada

Desde hace más de una década, la Real Academia Española homenajea obras clave de la literatura en nuestro idioma con ediciones a la vez informadas, bellas y (relativamente) económicas. Después de El Quijote, Cien años de soledad, La ciudad y los perros, antologías de Gabriela Mistral y Jorge Luis Borges, entre otros, llegó el turno de Rayuela, la novela que Julio Cortázar publicó en 1963.

Como sus antecesoras, esta edición conmemorativa (Penguin Random House, $ 770) viene acompañada de varios prólogos firmados por notables (en este caso, García Márquez, Bioy Casares, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Sergio Ramírez) y de estudios académicos (especialmente interesante el de Graciela Montaldo sobre la influencia del clásico de Cortázar en el clima juvenil de los 60 y más allá).

Además de una cronología y de un glosario ‒cada vez más necesario a medida que se vuelven más lejanas las referencias culturales que rebalsan novela‒, el volumen de 1.030 páginas incluye casi 200 de manuscritos y transcripciones. Así, la edición no sólo contextualiza a la novela, sino que la expande, volviéndola tan atractiva para nuevos iniciados como para antiguos amantes.

De cancha

El narrador, abogado y periodista Luis Fernando Iglesias acaba de publicar Razones de la pelota (Penguin Random House, $ 450), una colección de relatos que tienen por centro, o cerca de él, al fútbol. Conocido por su novela El hombre que despertaba, y por su trabajo como conductor del programa radial Historias de música, Iglesias editó el año pasado un estudio sobre Ideación, el disco de Psiglo, y antes un libro de cuentos titulado Todas las cosas deben suceder, de título inspirado en All things must pass, el disco debut de George Harrison. Además de esa línea que une música y literatura, Iglesias venía cultivando el cruce entre narrativa y fútbol en diversas antologías.

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México actual

David Toscana (Monterrey, 1961) es referencia de la narrativa del norte de México. Aunque fue uno de los editores de McOndo, la antología continental que a mediados de los 90 buscó impulsar a autores como el chileno Alberto Fuguet, el argentino Rodrigo Fresán y el uruguayo Gustavo Escanlar, entre otros, con el tiempo se desmarcó de esa corriente que se definía por su oposición a las figuras del boom (como Cortázar y varios de los prologuistas de la edición de Rayuela). Ahora Banda Oriental acaba de publicar Lontananza, el único libro de cuentos de un escritor dedicado fundamentalmente a la novela. Sus relatos se ambientan mayormente en una posible cantina norteña y transuntan la mezcla, muy latinoamericana, de fantasía y fracaso.