Con versiones a cargo de músicos jóvenes creadas especialmente para el proyecto, el Mapa Cancionero del Interior del Uruguay permite entender de forma ágil y sencilla cómo los paisajes de distintos departamentos se cuelan en letra y música de clásicos de nuestro folclore. Naranjos, pitangas, trigales dorados, ríos silenciosos pueblan los temas del proyecto, que se pueden escuchar en su página web.

Si bien hay clásicos como “Chiquillada”, también se deja espacio para que suenen canciones apenas escuchadas fuera de su departamento de origen. Las interpretaciones son frescas, y permiten conocer a toda una nueva generación de músicos provenientes del interior que se vinculan con la tradición a su manera.

Además de información biográfica sobre los autores de los temas, sus letras, estilos y los géneros a los que pertenecen, en la web se pueden encontrar datos sobre los intérpretes que grabaron especialmente las nuevas versiones para el proyecto. Allí se destacan sus palabras sobre su vínculo con las canciones, que a veces se remontan a recuerdos de la infancia. Es quizás la forma más clara en que se evidencia la fuerte raíz de esta música con su tierra y el significado que cobra para los oriundos de la zona.

“Es como una compañera, una coterránea, como alguien de mis pagos que viene conmigo en forma de canción”, dice Yisela Sosa sobre “Río de los pájaros”, el tema de Aníbal Zampayo que cantó para el proyecto. Por su parte, el guitarrista Robert Chabat habla del vínculo entre su pueblo y el tema “Gurí pescador”: “Para el duraznense es una parte esencial. El Yi forma parte de la identidad. Si alguien pasó una infancia en Durazno, en algún momento vivió lo que describe la canción”.

Siguiendo el criterio del sociólogo Felipe Arocena, el mapa se ordenó según regiones culturales, teniendo en cuenta estilos de vida y valores de sus habitantes, lo que también determina el sonido que originan. La región norte (Cerro Largo, Rivera, Artigas, Tacuarembó) se encuentra marcada por una fuerte influencia de la frontera con Brasil. La región sudoeste (Soriano, Colonia, San José) está ligada con la cultura porteña, mientras que la región litoral (Salto, Paysandú, Río Negro) se delimita por su vínculo con Buenos Aires y Entre Ríos.

La región central (Florida, Durazno, Flores) se caracteriza por estar integrada por departamentos al sur del río Negro sin frontera ni costa; y la región este (Maldonado, Lavalleja, Rocha, Treinta y Tres) está marcada por el turismo. Por último, Canelones y Montevideo se consideraron dos casos independientes debido a la magnitud de su población en relación al resto del país.

Paisaje musical

Detrás del proyecto está el músico Matías Romero, criado en Paysandú y conocido por integrar el Cuarteto Ricacosa. Desde el comienzo de su carrera notó que el paisaje donde nació influía en su forma de interpretar: “Todo lo que toco me sale con ese gustito a mucha agua, muchos arroyos, muchos ríos, cielos muy abiertos, sol, monte. Es lo que puedo tocar mejor, lo tengo clarísimo”. Lo confirmó cuando se mudó a Montevideo, donde la sonoridad es “más orillera y citadina”, con predominio de géneros como el tango o el candombe. “Si bien podía abordar esas músicas, mi sentir iba por otro lado, era mucho más sereno”, explica.

Aunque la idea ya rondaba su cabeza, el puntapié para el proyecto fueron sus recorridos por el interior acompañando al músico Braulio López en guitarra. Allí se presentaron tanto en festivales masivos como en escuelas en medio del campo. “En algunas ocasiones surgió la idea de preparar el tema mas emblemático de cada lugar para que la gente se copara”, dice Romero. Fue así que comenzó a investigar sobre esas “canciones bandera”.

Consultando con músicos y personas vinculadas a la cultura de distintos departamentos, empezó a cartografiar el mapa. Detrás estaba también la intención de empezar a tejer vínculos entre los artistas de una misma región, poniendo en contacto a intérpretes que apenas se conocían para hacer las nuevas versiones.

La idea fue que los participantes en las grabaciones fueran artistas jóvenes con un pie en lo tradicional y otro en la actualidad, así figuran nombres conocidos como Juanita Fernández, Charly Ferret o Patricia Robaina. Romero también se encargó de los arreglos, en los que buscó “mantener el rasgo característico de cada expresión musical” pero exponenciándolo y vistiéndolo con influencias de otras partes del mundo.

Aportando estilos diversos, los músicos hicieron una relectura de estos himnos respetando la intención de mantener el sentimiento y el acento regional: “Sé que cuando uno es de ese lugar le toca las emociones originales. En ese sentido, creí que iba a haber mucha riqueza, porque la interpretación iba a ser muy apasionada”.

Con el ojo en la pantalla

Todavía resta caminar algunos pasos para concluir el proyecto. El plan de Romero es reunir más fondos para completar el mapa y posteriormente vincularlo al Plan Ceibal. Su intención es despertar el interés por lo autóctono en las nuevas generaciones, “para que los niños conozcan bien todo ese bagaje cultural, los cimientos musicales del país y la región”. También está presente la idea de sumarlo al Plan Ibirapitá: las canciones elegidas fueron creadas muchas décadas atrás, por lo que pueden resultar “aun más entrañables” para la gente mayor.