Un joven pierde a su novia atropellada por un velocista que corre más rápido que la luz. Un superhombre destruye el avión que debería lograr hacer aterrizar. Un hombre submarino asesina accidentalmente al delfín que rescataba. En The Boys los superhéroes son una pandilla de horribles psicópatas, narcisistas y depravados. Pero, por fortuna, hay quien puede controlarlos.

La historieta

A lo largo de 72 números de la serie regular más 18 ediciones especiales –todos recopilados en tres hermosos libros integrales por Norma Editorial–, el inefable Garth Ennis volvía a vomitar toda la bilis que le generan los personajes de capa y calzas. The Boys no fue exactamente su planteo más original; de hecho, combina algunas cosas que ya había desarrollado, como el odio a los superhéroes (visto en Hitman) y el grupete ordinario/chabacano que vive aventuras sangrientas (como en Preacher) mientras trata de completar un objetivo mayor.

De lo que no cabe duda es de que Ennis es un gran guionista, por lo que una vez que pone a andar su idea –en este caso, la de un grupo de la CIA encargado de monitorear, controlar y, en ocasiones, eliminar superhéroes en un mundo donde son flor de problema– las cosas funcionan lo más bien.

Otra cosa de la que no cabe duda es de que Ennis es un guarango, por lo que en incontables ocasiones la situación se resolverá con alguna estupidez graciosa, grosera y sangrienta, dado que 95% de los superhéroes en este mundo son psicópatas-sociópatas-sexópatas y van encontrando su fin en manos de nuestros protagonistas de las peores maneras posibles.

Por momentos Ennis recuerda a ese preadolescente simpático y encarador al que se le pide que haga responsablemente una tarea y no puede evitar arruinar todo con alguna broma en público. Porque tampoco cabe duda de que el tipo sabe construir personajes creíbles, escribir hermosos diálogos e involucrarte en un universo complejo y rico en detalles, donde uno se interesa por los dos o tres protagónicos que importan, la media docena de secundarios relevantes y hasta la docena larga de secundarios menos importantes.

Aunque a veces se torna algo reiterativa –aparece un superhéroe nuevo, tiene alguna tara sexual, muere de manera ridícula–, la gran historia que construye el escritor en The Boys es notable sobre todo en sus 15 o 20 números finales, así como los puntuales viajes al pasado (no pueden faltar la Segunda Guerra Mundial y Vietnam estando Ennis, claro que no).

En cuanto a sus dibujantes, The Boys salva con nota. El cocreador Darick Robertson dibuja los primeros 30 números, en gran nivel para volver luego ocasionalmente. Luego tenemos algunos momentos poco afortunados, con Peter Snejbjerg y John McCrea, ambos entregando muy apurados o muy mal entintados. Pero la cosa se acomoda para las dos docenas de episodios finales con Russ Braun, quien es por lejos el que más me convence de los cuatro (aunque nada de qué quejarme de Robertson tampoco).

The Boys
The Boys

The Boys planteaba una crítica brutal a los poderosos, tanto a aquellos que lo demuestran con hazañas físicas como a los que controlan a los anteriores, en una larga saga que no teme volverse tremendamente oscura en su recta final (lo que enaltece el resultado).

La serie de TV

Cuando empezó a hablarse de que esta estupenda serie de Ennis, Robertson y compañía pasaría a ser de Amazon, varias alarmas se activaron. Primero que nada, por el violento contenido de la historieta –recordemos: sexo explícito, muerte de niños, pedofilia, mutilación y un larguísimo etcétera–, y segundo porque entre los nombres involucrados en la adaptación destacaban los de Seth Rogen y Evan Goldberg, dos que normalmente se dedican a filmar estupideces y que ya habían transitado cansinamente por la obra de Ennis con Preacher, con olvidables resultados. Que se les sumara como showrunner Eric Kripke –el principal factótum de la longeva Supernatural– no decía gran cosa tampoco.

Con las primeras confirmaciones del elenco, sin embargo, la cosa empezó a sonar mejor, especialmente por el reclutamiento de Karl Urban y Elisabeth Shue para los personajes protagónicos.

Vamos a zanjar de inmediato la duda principal: ¿se traslada con fidelidad tan ácida historia? Sí. Cierto es que se han dosificado algunos aspectos escandalosos –como gran parte del sexo, aunque la violencia permanece–, lo que no es negativo per se. Muchas veces la parte más escabrosa en el producto original caía dentro de esas guarangadas que habitualmente acosan los trabajos del guionista irlandés.

Por otro lado, se le ha sumado algo de feminismo al asunto, lo que un poco descoloca, pero con todo está bastante integrado a la trama. Y se ha sostenido –concentrando el blanco en las corporaciones– la mirada cínica de un mundo tomado por superhéroes que de héroes tienen muy poco.

Probablemente lo mejor pasa por el desarrollo de los personajes, que abandonan –los que la tenían– cierta chatura, especialmente Homelander (un estupendo Antony Starr, el mejor del elenco todo, demostrando que es capaz de muchísimo más que ser el unidimensional antihéroe de Banshee), en la historieta el villano y punto, mientras que aquí aparece colmado de matices y aristas.

La complejización de este y otros personajes motiva que la historia devenga en otras direcciones, lo que genera un buen número de sorpresas incluso para aquellos que ya leímos la historieta, por lo que estamos ante un extraño caso de buena adaptación, pero que además es innovadora y aporta premisas nuevas sin traicionar aquello que está adaptando.

Los peros –que son mínimos– corren por cauces ajenos al elenco, la producción o la adaptación. Acaso sí las cosas en el tramo final de esta temporada pasan demasiado rápido y muchas de ellas simplemente “porque sí” (el mayor desconcierto ocurre cuando Hughie, lo más parecido al “protagonista” que tiene la serie, tiene finalmente a su máximo enemigo a su total merced, corte, y la siguiente escena vemos que no pasó nada sin que sepamos nunca por qué lo perdonó o qué rayos pasó), para que las cosas más o menos encajen como piezas en su sitio, detalles menores que afectan poco el resultado final, que es muy atractivo y esperanzador de cara a su segunda temporada (ya confirmada).