Marcelo Tasistro - la diaria:

El latido carbonero

La euforia estalló temprano. Se descolgó con alegría contenida y pasión inmortal. Cuando el Perro señaló el final, la ovación rebotó con magia de colores y fantasía a rayas por los costados, cerrando así una luminosa tarde de domingo. Ganó bien Peñarol, con dos conversiones del maestro Pacheco ante un Wanderers desflecado que no dio pie con bola. La Colombes es un horno. Tapada de gente a pura garganta, brazos arriba, ilusión que arranca. Brillan las camisetas mientras gira mágico, con murmullo, el primer minuto de juego.