Ramiro Sanchiz - la diaria:

Policía sobrenatural

Hace casi dos años, la editorial argentina Pictus publicó Misterios de cuarto cerrado, un compilado de relatos policiales de corte clásico y, específicamente, en esa suerte de subgénero o procedimiento invocado por el título; participaron varios dibujantes (Leandro Fernández, Juan Ferreyra, Kwaichang Kráneo, Lisandro Estherren, Juan Manuel Tumburús, Roberto Viacava, Oscar Capristo y Matías Bergara), y Rodolfo Santullo fue el guionista de todos los relatos, basados en textos de Edgar Allan Poe, GK Chesterton, Arthur Conan Doyle, Wilkie Collins y Jacques Futrelle.

Repeticiones

Hay ciertas producciones que permanecen en una suerte de zona oscura de la obra de Mario Levrero; por ejemplo, las Irrupciones -publicadas originalmente como columnas en la revista Posdata de 1996 a 2000- apenas han visto más que una mención o nota a pie de página. Este libro, en ese sentido, es sin duda un acontecimiento a celebrar por todos los lectores de Levrero y, de paso, también por aquellos interesados en la evolución de la historieta rioplatense.

No perdemos nada

En el principio estuvo Jorge Luis Borges, que compiló un libro de Prólogos con un prólogo de prólogos (1975) y escribió algunas reseñas de libros imaginarios, entre ellas “El acercamiento a Almotásim” (publicada originalmente en 1935, después recogida en Historia de la eternidad, de 1936, en El jardín de los senderos que se bifurcan, de 1941, y también en Ficciones, de 1944) y “Examen de la obra de Herbert Quain (que apareció en 1941 en El jardín... y en 1944 en Ficciones).

El problema del final

Entregada en cuentagotas, en tres episodios anuales, la serie inglesa Sherlock se las ha arreglado para generar todo un culto de seguidores con su actualización de uno de los personajes que más versiones ha tenido en la historia del cine y la televisión. Vale la pena revisar su tal vez última e irregular temporada.

Paisajes interiores

2016 fue un año especialmente rico para la historieta uruguaya. La publicación de la novela gráfica Rincón de la bolsa, por ejemplo, terminó de consolidar a Nicolás Peruzzo como uno de los dos o tres guionistas más talentosos del medio local; asimismo, el crecimiento en cuanto a publicaciones en el extranjero de Rodolfo Santullo (que escribe frecuentemente para editoriales argentinas) es sin duda un hecho atendible, al que cabe añadir que su editorial, Grupo Belerofonte, continúa coeditando con editoriales argentinas y ofreciendo en el mercado local la obra de los historietistas más interesantes del país vecino.

Marcianitos asesinos

El 31 de enero de 2012, Cheng Rong-Yu se sentó ante una computadora en un cibercafé de Taipéi para jugar a un videojuego online. Así pasó 23 horas, intercalando con el juego momentos en que, tras poner en pausa su desarrollo, dormía algunos minutos frente al monitor. Pero eventualmente una de esas siestas brevísimas se demoró un poco más. Y más, y más, hasta que, (recién) nueve horas más tarde, un empleado del cibercafé se propuso despertarlo. Pero Cheng Rong-Yu había muerto.

El pintor, el millonario, su mujer y su amante

Hasta más o menos la mitad, lo más interesante de Mujer bajando una escalera (en alemán Die Frau auf der Treppe, de 2014), la última novela de Bernard Schlink (nacido en Bielefeld, Alemania, en 1944), es la estupidez de su narrador y protagonista; después (evidentemente no voy a dar detalles de cómo y por qué, para no spoilear), en el tramo final del libro, ese interés migra hacia la voz de Irene, el personaje femenino central.

Momentos Foster Wallace

Habrá quien recuerde que David Foster Wallace (1962-2008) pasó buena parte de su adolescencia jugando tenis, y que La broma infinita (1996), su obra maestra, está centrada en una academia de tenis para jóvenes y niños. Leyendo Todas las historias de amor son historias de fantasmas, la biografía de Wallace publicada por DT Max en 2012, descubrimos que el joven David jugaba un tenis racionalizado, que le gustaba “calcular ángulos y tener en cuenta la velocidad del viento”.

Extraños en el domo

Hasta la aparición de The Peripheral en 2014, las novelas de William Gibson parecían haber fijado un curso de colisión con el presente. En los años 80, tanto Neuromante (1984) como Conde Cero (1986) y Mona Lisa acelerada (1988) compartían con la ciencia ficción prospectiva el despliegue de un futuro detallado, en aquel momento algo así como 40 o 50 años hacia adelante, en el que la realidad virtual y las conexiones neuroquímicas mente-computadora habrían de ser moneda corriente.