Mintxo - la diaria:
Luis Aguiar festeja su gol, el segundo de Peñarol, con Antonio Pacheco, ayer, en el Centenario. Foto: Javier Calvelo

A tres pasos

Peñarol se quedó con el clásico y dejó tercero a Nacional, que de haber ganado podría haber quedado en solitario en la punta. Allí quedó River Plate, que en otro partido clave le ganó 2 a 1 a Danubio y se trepó a la máxima posición del campeonato. En otros partidos destacados, Rentistas le ganó 6 a 5 Defensor en un partido de sueños, Juventud empató con Cerro y Racing con El Tanque, y Miramar y Liverpool vencieron a Cerro Largo y Fénix, respectivamente. Ahora restan tres fechas que serán apasionantes, y eso también le hace bien a la competencia, más allá del sentimiento del hincha.
Gonzalo Rama, de Pacaembú, y Hugo Timote y Facundo Ferreira, de Independiente, en un partido correspondiente a la Liga de Soriano, el 23 de octubre, en el gimnasio Novales de Pacaembú.

El básquet de siempre

Tenía cinco años cuando pisé por primera vez una cancha de básquetbol. Nunca me habían llevado a ver un partido, no tenía pelota naranja en casa. El médico recetó: “Señor, su hijo tiene asma. Deberá practicar deportes. Uno que le trabaje el pecho específicamente -natación o remo le van a hacer bien- y otro recreativo, que puede ser básquetbol, fútbol o el que desee”. Se aproximaba el invierno: fútbol y remo quedaron descartados. Nadé y tiré al aro desde aquella edad. Los amigos de hoy son los mismos con los que defendí aquella musculosa de tela fina y números bordados.

Llegando a vos

Apenas nacida, tu sonrisa lo iluminaba todo. Tenías los cachetes inflados, un poco de pelo, y dos bolones color miel como ojos. Apenas abiertos, apreciabas todo. Eras la más esperada de la familia. Todos querían una niña y llegaste vos, dulce. Al tiempo dabas los primeros pasos, siempre por el orillo de las cosas, agarrándote de todo mientras tambaleabas. Luego se escucharon tus primeras palabras a medio hablar, con señas y morisquetas de resignación cuando nadie entendía nada. Muñecas, cisnes, calesitas, y hadas con arcoíris. Tu viejo no olvidará jamás aquel primer día cuando tu mamá, cansada, te cedió en brazos para que te alzara. Nunca se olvida la primera vez.