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Cristian Rodríguez, de Uruguay, y Marc Janko de Austria, ayer, durante el partido en el Woerthersee-Arena de Klagenfurt (Austria). / Foto: Herbert Neubauer, Efe

Casi de taquito

En el último amistoso lejos de estas tierras antes del Mundial, Uruguay se recuperó de una mala primera parte y empató 1-1 con Austria. Los celestes tuvieron dos caras; la buena, la de la segunda parte, vuelve a entusiasmar para proyectarse a la competencia mundialista. Ahora hay que esperar al final del otoño para participar en la despedida celeste, cuando en Uruguay enfrente a Irlanda del Norte y Eslovenia.
En el último amistoso lejos de estas tierras antes del Mundial, Uruguay se recuperó de una mala primera parte y empató 1-1 con Austria. Los celestes tuvieron dos caras; la buena, la de la segunda parte, vuelve a entusiasmar para proyectarse a la competencia mundialista. Ahora hay que esperar al final del otoño para participar en la despedida celeste, cuando en Uruguay enfrente a Irlanda del Norte y Eslovenia.

¿A quién le ganaste?

Estamos de nuevo de cara a un Mundial. Las discusiones, definiciones y caracterizaciones de cada uno de nuestros rivales parecen ir ganando la calle como un virus, y entonces parece que a Costa Rica le ganamos sólo porque es Costa Rica, y a Inglaterra y a Italia, porque somos más. Estamos en el “grupo de la muerte”, pero parece que ahora somos unos nariz parada que lo pasaremos al galope. Los ingleses, los padres del fútbol moderno, tienen algo que por más compadritos que seamos nosotros nunca podremos tener: el fútbol es de ellos, nació ahí.

Pedro Virgilio Rocha

Se murió Rocha. Fue en las últimas horas del 2 de diciembre cuando estaba a punto de cumplir 71. Pedro Virgilio Rocha fue un crack inigualable y alcanzó numerosos logros deportivos. A fines de los 60, cuando yo era un niño que empezaba a corretear por la Olímpica, en un amistoso de la selección en el que no jugaba Rocha, unos niños en la tribuna confundieron a mi padre con Pedro Virgilio. Lo rodearon, lo miraron con admiración, y yo disfrutaba esa idolatría por error. Rocha, que había nacido en Salto, era un futbolista de brillante técnica y mucha potencia, con una pegada espectacular (“megatónico remate”, decía el por ese entonces relator Heber Pinto) y un gran cabezazo (según Carlos Solé, “tenía un zapato en la cabeza”).

Crack perdido

Es difícil escribir sobre sentimientos, y genera una fuerte discusión interna escribir sobre las emociones de una persona, que no necesariamente deben ser motivo de interés del público. ¿Por qué escribir de borrachos? ¿Por qué exponer públicamente la vida de un hombre y centrarse exclusivamente en un aspecto de su vida que no fue precisamente el que le dio el pase de lo privado a lo público? ¿Por qué escarbar, y escarbar en sus excesos, festejados y recreados mediáticamente?

Con el sello

El expediente del exitismo es jodido, muy jodido, mucho más si tenés que pasar por el mostrador de demagogia y populismo. Ni te digo cuando para cada trámite precisás el sello del triunfo deportivo. Ahí es terrible. Algo de eso le pasa a la selección uruguaya de Óscar Tabárez, cuando está cerca de entrar al octavo año de trabajo, con claros e irrefutables triunfos sin goleadas ni exhibiciones, con tantos caminos como recompensas y hasta con la mayor cantidad de triunfos o éxitos concretos que cualquier selección haya tenido en los últimos años. Siempre le están buscando la falla, siempre están prontos para la subversión, para voltearte y empezar de nuevo.

¡Qué pena(l)!

Fue por penales que Uruguay no pudo subirse al podio de la Copa de las Confederaciones, tras empatar en el tiempo estipulado y en la prórroga 2-2 con Italia, que estuvo mucho más eficaz en los lanzamientos de penal y contó con el acierto de Gianluigi Buffon, que no sólo se atajó todo en el partido, sino que contuvo tres de las ejecuciones celestes. El equipo de Tabárez terminó cuarto en el torneo y ahora sólo queda pensar en el partido con Perú dentro de algo más de dos meses.
Sergio Ramos, de España, y Alberto Aquilani, de Italia, ayer, durante el partido por semifinales de la Copa Confederaciones en el estadio Castelão de Fortaleza.

Escalón por escalón

El día después no fue fácil, por la gran gestión desarrollada contra Brasil y el resultado ajeno a esa gran actuación. Pero está claro que se perdió en el resultado pero se ganó en otras cosas, que a la larga pueden ser fundamentales para afrontar los otros “brasiles” que quedan de aquí en adelante, que son los rivales de la clasificatoria para asegurar la vuelta a Brasil en 2014.
Los jugadores de la selección uruguaya de la Copa de Oro, de 1980-1981. / foto: gentileza de Coral Cine

De botas y botines

Como al inicio del golpe, Uruguay se encuentra hoy buscando su pase a la fase final de una copa mundial, un ritual que en cualquier período de la historia reciente tiene un correlato político social al que ningún gobierno permanece ajeno, incluso si los resultados deportivos son adversos.
Como al inicio del golpe, Uruguay se encuentra hoy buscando su pase a la fase final de una copa mundial, un ritual que en cualquier período de la historia reciente tiene un correlato político social al que ningún gobierno permanece ajeno, incluso si los resultados deportivos son adversos.
Edinson Cavani al finalizar la semifinal de la Copa Confederaciones ante Brasil ayer en el estadio Minas Arena en Belo Horizonte (Brasil).

No perdió el rumbo

Faltó poquito, muy poquito, para que este equipo arañador de hazañas pudiese acercarse a la gloria. Ese poquito se mide en tiempo, 4 minutos, en una indecisión defensiva, o en un agotamiento físico extremo, producto del noble esfuerzo solidario que aleja el umbral de la frustración, pero acerca el del agotamiento y la falta de concentración. Uruguay, esta selección de futbolistas uruguayos, sucumbió al final, pero su prestación estuvo acorde a su mítica historia tapizada por la realidad vigente. La sentencia del partido, aquel cabezazo de Gustavo cuando faltaban 4 para el final dejó a Uruguay sin final y sin hazaña, pero con una sensación de vida.
Faltó poquito, muy poquito, para que este equipo arañador de hazañas pudiese acercarse a la gloria. Ese poquito se mide en tiempo, 4 minutos, en una indecisión defensiva, o en un agotamiento físico extremo, producto del noble esfuerzo solidario que aleja el umbral de la frustración, pero acerca el del agotamiento y la falta de concentración. Uruguay, esta selección de futbolistas uruguayos, sucumbió al final, pero su prestación estuvo acorde a su mítica historia tapizada por la realidad vigente. La sentencia del partido, aquel cabezazo de Gustavo cuando faltaban 4 para el final dejó a Uruguay sin final y sin hazaña, pero con una sensación de vida.
Abel Hernández y Walter Gargano, tras hacer gol ante Tahití, durante el partido, correspondiente al grupo B de la Copa de las Confederaciones, en el estadio Pernambuco, de Recife. / Foto: Iván Franco, Efe

Con esto y un bizcocho

Es seguro que me estoy poniendo viejo, y atrevido también, pero en el mal sentido del atrevimiento, porque al principio me parecía demasiado arriesgado ingresar con el equipo de reserva para tener que golear a Tahití. ¿Qué necesidad?, pensé, pero no se lo dije a nadie, sólo a ustedes ahora, que cuando me están leyendo ya saben de memoria que Uruguay ganó 8-0 con cuatro de la Joya Hernández, dos de Suárez, uno de Nico Lodeiro y otro del Ruso Pérez, y que el Mota Gargano fue la gran figura invisible en los créditos del utilitarismo que sólo ve los números de los goles.
Diego Lugano y Diego Forlan tras el primer gol ante Nigeria ayer durante el encuentro por la segunda etapa del grupo b en la Copa Confederaciones 2013 en el estadio Fonte Nova en Salvador (Brasil).

Pasará, pasará

La celeste le ganó 2-1 a la selección de Nigeria y quedó cerca de las semifinales de la Copa de las Confederaciones.
Con el estigma del sufrimiento permanente en busca de la satisfacción, la selección le ganó apretadísimo a Nigeria por 2 a 1 y quedó a una victoria de las semifinales. El domingo deberá golear a Tahití para escudarse de una posible victoria nigeriana ante los españoles. Forlán demostró su interminable jerarquía y Muslera estuvo acertadísimo.
Ignazio Abate, de Italia, y Yuto Nagatomo, de Japón, durante el partido del grupo A de la Copa Confederaciones en el estadio Arena Pernambuco, en Recife.

La final diaria

Uruguay se juega hoy sus chances de clasificar a la segunda fase de la Copa Confederaciones frente a Nigeria. "Si le ganamos tenemos muchas posibilidades de convertirnos en semifinalistas más adelante, si perdemos quedamos afuera y si empatamos dejamos de depender de nosotros mismos; por eso para nosotros es una final”, resumió ayer el director técnico, Oscar Washington Tabárez. En el otro grupo, ayer Brasil e Italia se clasificaron al vencer a México y Japón.
Jordi Alba, de España, Diego Pérez y Cristian Rodríguez, de Uruguay, y Andrés Iniesta, de España, ayer, en el estadio Arena Pernambuco de Recife.

Salió barato

España derrotó 2-1 a Uruguay por la Copa de las Confederaciones, en un partido en el que los campeones del mundo fueron muy superiores.
En el debut de Uruguay en la Copa de las Confederaciones, España avasalló a juego limpio a los celestes, que casi nunca pudieron encontrar la pelota a pesar de su esfuerzo. El resultado final, con un solo gol de diferencia, es casi un premio para los de Tabárez, que quedan bastante bien parados para lo que queda del torneo. Los ibéricos fueron superiores por la positiva, por juego superior, en el que su antagonista nunca pudo neutralizar. El jueves es con Nigeria.

Seguir

Uruguay, la selección de Tabárez, la mía, y tal vez la tuya, volvió a ganar. Seguramente no va a ganar siempre, y seguramente perderá muchas veces , pero siempre tendrá el sostén de un plan cuya punta del iceberg está en 11 tipos vestidos de celeste que corren, marcan, meten y juegan, pero que tienen atrás un serio proceso de trabajo planificado y efectivizado por profesionales de notoria idoneidad.

Terrible vuelta

La polémica, discusión y finalmente determinación de Peñarol de no celebrar el título de campeón con una vuelta olímpica no es más que un desvío y una determinación de mercado, que no hace otra cosa que descalificar y minimizar el logro deportivo en una competencia que tiene valor por sí mismo y, como todos saben, se trata de un torneo que determina no sólo un campeón, sino hasta clasificaciones a torneos internacionales.