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Sin querer queriendo

La de ayer no fue la tarde de ninguno de los dos en Jardines del Hipódromo. Puede haber caras largas en el fusionado porque se le escapó la victoria en la hora, y algo de satisfacción en Danubio por el mérito de batallar e igualar un partido que parecía perdido. Como sea, el buen fútbol casi no apareció.

Sufrir para gozar

El duelo de ayer entre cerrenses y danubianos en el irregular césped del estadio José Nasazzi fue uno de esos típicos partidos en los que a ninguno de los dos les sale lo planificado durante la semana. Lo bueno para Cerro fue haberse llevado tres enormes puntos, a pesar de tener varios lesionados (Gonzalo Ramos, Richard Pellejero y Felipe Klein), que lo mantienen a tiro en su aspiración por ir por tercera vez a un torneo internacional.

El niño maravilla

La pelota gira y no para de rebotar. Carlitos la empuja y corre por doquier para hacerse con ella. Todo el barrio la busca y la cuida como oro cada vez que la tiene. No hay nada que valga, ni la amistad; en ese instante, el fútbol es sagrado. Por las calles de Bella Italia la pelota se mueve y Grosmüller la sigue hasta recalar en El Ombú, el club de baby fútbol del barrio. Allí cumple todas las etapas, las escalas y da el paso de gloria hacia el Danubio Fútbol Club, por un convenio entre instituciones.
La pelota gira y no para de rebotar. Carlitos la empuja y corre por doquier para hacerse con ella. Todo el barrio la busca y la cuida como oro cada vez que la tiene. No hay nada que valga, ni la amistad; en ese instante, el fútbol es sagrado. Por las calles de Bella Italia la pelota se mueve y Grosmüller la sigue hasta recalar en El Ombú, el club de baby fútbol del barrio. Allí cumple todas las etapas, las escalas y da el paso de gloria hacia el Danubio Fútbol Club, por un convenio entre instituciones. Sin dudas que el camino es largo, pero estar cerca de casa, con los amigos y con muchos pares que luchan por lo mismo, es una ventaja.

Con estilo propio

De Fray Bentos a la vida, del interior a la gran ciudad, del campito al piso flotante. El Pelado Sebastián Vázquez es un sacrificado, un empedernido, un deportista nato. Su sentido del humor, su hiperactividad (se formó en cocina y carpintería), su experiencia y su pasión lo hacen referente de Goes, la sorpresa de la Liga Uruguaya de Básquetbol 2015-2016.
De Fray Bentos a la vida, del interior a la gran ciudad, del campito al piso flotante. El Pelado Vázquez es un sacrificado, un empedernido, un deportista nato. Corrió por la pista de atletismo, nadó en la piscina más larga, pateó la pelota más chica y encestó la más grande, la que lo enamoró. En el barrio Mato Grosso, como el mayor de tres hermanos, su vida transcurrió tranquila entre el estudio y el deporte. Fue el primer hijo de un padre que trabajaba todo el día y una madre que cuidaba al resto. Fue el mimado, el que aprendió las enseñanzas para luego transmitirlas. Hoy es el que se desespera por volver al pago cuando puede. Su sentido del humor, su hiperactividad (se formó en cocina y carpintería), su experiencia y su pasión lo hacen referente de Goes, la sorpresa de la Liga Uruguaya de Básquetbol 2015-2016.

A mano

Pablo Bengoechea no le encuentra la vuelta. Hace todo, hasta lo imposible, pero su equipo sigue sin definir y sin convencer. No juega bien, no entusiasma, no tiene química con los hinchas y no gana desde hace tres fechas. Tras todas las oportunidades, después de perder 14 unidades en el torneo y venir de atrás, Peñarol sigue líder -aunque no parezca- y con las chances intactas de ser campeón. Será (o no), pero quedará la sensación de que fue el dominador absoluto del Apertura. Tiene todo, pero lo sigue desaprovechando.
Pablo Bengoechea no le encuentra la vuelta. Hace todo, hasta lo imposible, pero su equipo sigue sin definir y sin convencer. No juega bien, no entusiasma, no tiene química con los hinchas y no gana desde hace tres fechas. Tras todas las oportunidades, después de perder 14 unidades en el torneo y venir de atrás, Peñarol sigue líder -aunque no parezca- y con las chances intactas de ser campeón. Será (o no), pero quedará la sensación de que fue el dominador absoluto del Apertura. Tiene todo, pero lo sigue desaprovechando.

Estoy verde

Sin jugar bien, lejos de su estilo atildado, Racing le ganó 2-1 a Villa Teresa y se sumó a un pelotón de equipos expectantes con lo que pueda pasar en el Apertura.

Lo acuchilló

La escuelita se eleva, encuentra su ritmo y acrecienta sus posibilidades. Tiene nombres, estilo y buen pie, pero los resultados no aparecían. El sistema de juego de los de Sayago está aceitado, es cierto, pero el gol y la definición habían mermado en estas últimas fechas. Pero ayer le salió todo al cervecero. Hubo momentos de muy buen fútbol y de definiciones sencillas. Quizá Racing no debió sufrir hasta el final, pero igual terminó la tarde con una sonrisa pipona.

Puede y debe rendir más

Nacional lidera tranquilo, y aunque las cosas no le salgan, las encuentra. Tiene paciencia y no se achica porque está en su momento. Quizá es la suerte del campeón, o el cosmos que lo aprieta para que sus versiones antagónicas se luzcan. El rival sabatino de los tricolores en el Centenario fue Fénix, grata revelación del Apertura, que de la mano del fiel estilo de Rosario Martínez, ha logrado resultados importantes y se mantiene a tiro.

De la cabeza

Cerro ganó porque quiso, y porque demostró que además de que “el barrio tiene toda su grandeza”, también tiene su fortaleza. Fue inteligente y paciente, sobre todo. Fútbol cero; no se podía, no ameritaba. Todo lo lindo del Monumental Luis Tróccoli, entre sus tribunas, su colorido y su marco escénico ilustrativo, se opacó con el mal estado del campo. En momentos en los que las canchas uruguayas demuestran un buen balance con el césped, la de Cerro es una de las pocas excepciones.

Lento, suave, letal

La tarde era soñada. Los toques abundaban, los espacios aparecían, y el buen pie no paraba de vibrar. Con calidad, con esmero, con talento, y con mucho criterio, Racing manejó los primeros movimientos del partido y mostró un fútbol realmente sólido. River estaba golpeado, y se notaba. El juego práctico no apareció en ningún momento, pero sí la inteligencia. El amor propio fue clave (no es fácil levantarse después de una goleada clásica). Saber aprovechar los errores del rival y leer el partido a la perfección fue lo que le permitió al equipo de Juan Ramón Carrasco ganar 3 a 1 y llevarse tres enormes puntos, que le dan aire en el Apertura.

Cosas de líder

Son esas tardes en las que te sale todo, o nada. En las que aparecen las jugadas que se practicaron durante la semana, o se vuelve a repetir lo que se dijo que no se hacía. Así ganó Wanderers el duelo del barrio: con virtudes, es cierto, aunque con errores del rival, que aprovechó.