Martín Rodríguez - la diaria:
Hinchas de Nacional, ayer, en la cancha de Liverpool, en Belvedere. Foto: Javier Calvelo

Tarde pi(t)aste

La extraña sensación de una victoria insuficiente. Nacional se fue de Belvedere con eso en la cabeza. Derrotó 3-2 a Liverpool, en un partido cambiante en el que el árbitro Javier Bentancor pitó un penal discutible y otro inexistente en beneficio de los tricolores. Sebastián Abreu convirtió los dos. El segundo puso la ventaja definitiva.
Brian Lozano, de Defensor Sporting, y Lucas Hernández, de Cerro, el sábado en el estadio Luis Tróccoli.
Foto: Santiago Mazzarovich

Recuérdame mi mejor vez

Si bien Defensor Sporting quedó tercero y desbancó al equipo que hasta el fin de semana se ubicaba más cerca de los grandes, el partido sólo será recordable para Andrés Fleurquin y el puñado de hinchas violetas que fueron a su encuentro contra el tejido. Moría un partido difícil, picado, goleado y mal jugado, condicionado por un piso en mal estado que volvió tentadores a los pelotazos.
Marcelo Zalayeta y Diego Forlán festejan el primer gol de Peñarol a Liverpool, ayer, en Belvedere. Foto: Iván Franco

Juntos a la par

A dos fechas del clásico, darle la captura a Nacional parece ser suficiente para que el viento infle esa camiseta que antes se percibía arrugada. Pero vale decir que Peñarol ganó por oportuno, porque esa calidad individual que se sigue percibiendo en cuentagotas se materializó en la genialidad de Forlán. No fue más ni menos que Liverpool. Los dos equipos corrieron y se confundieron entre quites e imprecisiones, en un partido más disfrutable por la evolución de un tanteador generoso que por la circulación del balón.
Julián Perujo y Fernando Arismendi, de Sud América, festejan el segundo gol a Nacional
el sábado en el Parque Central. Foto: Santiago Mazzarovich

Dog chau

Había mucho en juego: el resultado mismo y la chance de que Peñarol alcanzara a Nacional al día siguiente. Pero el encuentro se despidió con la última escena, que arrojó la imponente atajada del arquero buzón y consolidó la victoria visitante 2-1. El pitazo final del errático árbitro Daniel Rodríguez se pegó a la estirada. En el Parque Central ya era el tiempo del festejo de los jugadores de Sud América.

Agencia Efe

Los dos delanteros de Fénix construyeron el 2-0 definitivo. Ganó bien el duro equipo de Rosario Martínez, que apenas perdió un partido en el campeonato, lleva cuatro fechas invicto y no se achica en la pelea alta. Su víctima esta vez fue el modesto Villa Teresa, que llegó a cinco fechas sin victorias y sigue último en el Apertura y en la tabla del descenso.

Rivales y hermanos

Aguada rondaba las dos décadas, vivía su mejor época. En tiempo récord, Goes ya había ganado su primer Federal y arrancaba los años 40 con estatus de grande. La rivalidad tenía todo. Los clásicos se fundan en similitudes, y las había de orígenes, identidad, ubicación, convocatoria y poderío deportivo. Hoy estos dos equipos se miden, una vez más.
Kevin Ramírez, de Wanderers, y Federico Platero, de Juventud, ayer, en el Parque Viera. Foto: Pablo Vignali

Todo eso fuiste

Hubo dos entierros en el Prado: el del invicto bohemio, que duró cinco partidos y fue el más extenso de un Apertura en el que todos ya perdieron al menos una vez, y el del ingrato recuerdo de la reciente eliminación de Juventud de la Sudamericana. El equipo de Jorge Giordano superó la amargura sin ser más que un Wanderers al que un tempranero y breve pasaje de inspiración pedrense le amputó la posibilidad de pelear por la punta. La visita fue oportuna y utilitaria. Convirtió rápido, vivió de la velocidad del anotador Juan Boselli y no escatimó retrocesos ni cesión del balón con tal de cuidar un 1-0 imprescindible para evitar el bajón pos eliminación copera.
Los jugadores de Peñarol festejan el segundo gol a Fénix, el sábado, en el estadio Luis Franzini. Foto: Juan Manuel Ramos

Dos pájaros de un tiro

Peñarol logró hacer dos goles en seis minutos para destrabar la tarde y alcanzar el 2-1 que los reenganchó en la tabla y bajó de la punta a un Fénix que también perdió el invicto.
Bruno Fornaroli, de Danubio, y Mathías Cardaccio, de Defensor Sporting. Foto: Agustín Fernández (archivo, enero de 2015)

Divide y rezarás

A ritmo de autitos chocadores y entre chispas, Defensor Sporting y Danubio hamacaron una soñada tardecita sabatina a orillas de la Ramírez e igualaron a uno. La importancia del partido fue la madre de la intensidad y la abuela de la imprecisión en los últimos metros que pautó el segundo tiempo, que al final dejó una decena de calambres y de miradas al piso. El esfuerzo no alcanzó para ganar. El empate le cayó mejor a Danubio, que abrió la cuenta con un gol dudoso, bancó un rato con diez jugadores y alcanzó la punta al menos hasta el clásico de ayer, en el que le ofrendó su mejor oración a la suerte de Nacional.

Con los mismos colores

Wanderers volvió a ganar por el Clausura con un 4-1 ante un acalorado Cerro. Encontró un penal dudoso y rápido, fue efectivo en el primer tiempo, inteligente para rearmarse en el segundo y letal al final. Metió unos puntitos en el colchón de la permanencia del año venidero, que arrancará con los bohemios abajo.

Einstein nació en Tacuarembó

Teoría de la relatividad en versión futbolera: el último por demolición en el descenso, Tacuarembó, fue a la casa del hasta ayer puntero del Clausura, Danubio, y le ganó 1-0. Tacuarembó fue más peligroso: con tres llegadas al área convirtió un gol, mientras Danubio no remató con riesgo ni una sola vez.